JUEVES 29 de Enero de 2026
 
 
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Economía y política solo para entendidos...

Los mecanismos que hoy se instrumentan alrededor de los programas económicos, la actividad financiera y el funcionamiento del mercado están reservados para un núcleo específico, formado en esas materias, permitiéndoles entender qué pasa y cómo evolucionará a futuro.

Dados los manejos, artimañas y estrategias que se elaboran en torno a determinados ítems que, de acuerdo a los resultados, tienen incidencia en el tejido social, a la gente común le queda solo la resignación de esperar que las cosas sucedan. En realidad somos ignorantes en la materia.

Le resta a la sociedad o a parte de ella operar, según le indiquen aquellos que dicen son los que saben, que en muchos casos aventuran presunciones que dan por hechos concretos acciones del mercado financiero y operaciones económicas, cuando solo es lo que piensan.

El programa del presidente Javier Milei ha encontrado desde hace dos años a esta parte muchos sectores de la economía que no coinciden con las normativas, operaciones y acuerdos que van estableciendo soluciones en lo inmediato, pero siguen estando los problemas de la microeconomía que no logra abrirse y señala el quebranto en que está gran parte de la ciudadanía.

El presidente libertario los ha considerado econochantas, incapaces, a muchos que no saben nada de economía; a los legisladores los ha tildado de “degenerados fiscales” y ha señalado -en reiteradas oportunidades- que los gobernadores son un fracaso en sus responsabilidades provinciales.

Eso es en el escenario económico; aquello que se conoce opera en los sectores de la política es mucho más complejo, dado que depende de los egos y ambiciones personales y de la ignorancia de los protagonistas.

En este corto lapso de tiempo que gobierna LLA, se han producido innumerables operaciones de “transferencias ideológicas” que han puesto en tela de juicio la seriedad conque se están tratando los problemas nacionales.

Hay claramente una visión crítica: Los partidos y muchos ciudadanos ven el transfuguismo como una falta de ética que socava la confianza en la política. Eso es realidad que se percibe se sepa o no de política.

Van y vienen de una “cancha a la otra”, sin ruborizarse cuando se los tilda de tránsfugas políticos. En realidad, son representantes electos que abandonan su partido original, cambian de ideología, o se separan de la disciplina de su formación, a menudo por el interés de mantener un cargo público.

Esta actitud genera controversia y afecta la representación democrática, siendo una figura criticada que cambia de lealtades y puede desequilibrar fuerzas políticas, aunque algunos argumentan que puede ser legítimo si el partido traiciona a sus votantes.

Son explicaciones “mentirosas” de quienes eligen como forma de vida que el Estado los mantenga, con “la leche” que le sacan a la sociedad de diferentes maneras.

Lo peor del caso es que ellos se creen virtuosos y defienden posiciones que solo procuran tengan afinidad con los que detentan el poder y estos les brinden apoyo.

Ninguna diferencia con los “intermediarios” que se llenaban los bolsillos con recursos que estaban destinados a los niveles sociales más pobres e indigentes. A éstos se los critica, y con razón, por aprovecharse de las necesidades más elementales de un sector de la sociedad postergado.

A los políticos que han transitado por casi todas las orientaciones y hoy se “pintaron” de violeta, se los considera personajes de la política. En realidad son más de lo mismo, pero con cierta sofisticación.

Cambio de lealtad: Implica una “traición” al partido que lo presentó y a los votantes que lo eligieron bajo esa bandera.

Motivaciones: Pueden ser personales, ideológicas, o por oportunidades políticas, buscando mayor influencia o beneficios en otro espacio.

Impacto: Alteran el equilibrio de fuerzas en los parlamentos, afectando mayorías y configuraciones de gobierno, lo que a menudo se considera un perjuicio a la representación democrática.

Nada que no estemos presenciando, más allá que no le encontremos explicaciones racionales y mucho menos honestas.

Hoy los argentinos deambulamos sin un rumbo definido. El presidente se siente empoderado en el marco de la práctica del liberalismo extremo, al que pretende se sumen los países que conforman sudamérica.

El empuje se lo ha otorgado el entreguismo que ha realizado hacia los EEUU, destacando la afinidad que lo une con el presidente republicano Donald Trump.

Hoy somos el territorio que el mandamás norteamericano ha elegido porque geopolíticamente le conviene a efectos de tener sustentación para reestablecer el “nuevo orden mundial”, configurado por Rusia y China como los otros extremos y desde esos posicionamientos alcanzar a repartir -sin tener necesidad de enfrentarse- con aquello que les puede presentar mayores beneficios.

Todos estamos viviendo nuestra realidad, que en definitiva no podemos saber si es la correcta pero, debemos coincidir, es a la que podemos llegar.

Y no hay una sola verdad, sino interpretaciones variadas de la original y en este proceso de transformación, cada uno elige la que le conviene.

Alguien dijo que la mejor y más acertada actitud es la mesura y la paciencia.

Ambas cosas de las que hoy los argentinos -por ahora- carecemos.

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