Escucharlos hablar o leer en determinados medios nacionales, redes sociales, programas de streaming o portales de análisis políticos expresando que la gente -millones de personas- se endeudan “porque quieren” y que “no es un tema preocupante” llama poderosamente la atención.
Las expresiones derraman desde el presidente Javier Milei hacia sus obedientes y sumisos colaboradores que sostienen, como argumento válido: “No se endeudan para comer. No son grandes gastos, es que la gente administra mal el dinero”.
En realidad, dan vergüenza ajena. Hacer un discurso peyorativo de una gran parte de la sociedad que la venía peleando para llevar el pan a la mesa, educar a sus hijos, atender la salud familiar y lentamente sus recursos, más allá de las limitaciones a las que se vieron obligados a realizar, hoy tampoco llegan; necesariamente se endeudan o viven “colgados” de los rojos de sus tarjetas. Se nos supone una real ausencia de humanidad.
Que habrá quienes hacen de estar con deuda una forma de vida, existe, existió y es factible que resulte un fenómeno social que persista en el tiempo.
Pero las circunstancias que emergen de una serie de medidas económicas, restrictivas, de achique desregulación y ajustes de recursos, no pueden ser banalizadas con un discurso pobre, insensible a la existencia de un marco de pobreza e indigencia que no tienen otra forma de mantenerse y lograr que su familia subsista.
Es difícil entenderlos, y mucho menos si analizamos que están en el desarrollo primario de la campaña para el 2027, en la cual, La Libertad Avanza con Javier Milei a la cabeza pretende ser gobierno por segunda vez.
Esa oportunidad, una gran parte de la sociedad se la dieron cuando se desarrollaron las elecciones de medio término, oportunidad en la que Milei apeló a todos los recursos, negociados, acuerdos y convenios -la mayoría incumplidos hasta la fecha- para ganarle al marco opositor y comenzar a tener poder y fuerza legislativa.
Ese sector de la ciudadanía que estaba en el límite de ser pobre -muchos ya lo eran y entraban en la indigencia- volvió a otorgarle la posibilidad, otra vez endulzados con promesas de recuperación, más desarrollo, creación de nuevas fuentes laborales con inversiones -que nunca llegaron-, pero eran mentiras y más mentiras que creyeron ante la disyuntiva que significaba Milei o volver al pasado.
La realidad señalaba que los opositores, por más esfuerzos que hicieran, habían atomizado su poder. Quien había operado como nexo de unidad política purgaba una condena y además estaba judicialmente inhibida de ejercer cargos públicos y los nombres que circulaban como posibles herederos no han mostrado tener respaldo social, por lo menos no en la medida de lo necesario como para ganarle al libertario Milei.
La situación que hoy se vive en el país es de una enorme incertidumbre, dadas las condiciones erráticas de una economía que ha comenzado a desmoronarse ante la falta de solidez y sustento.
Este escenario decadente está siendo observado desde los mercados internacionales y grandes inversores que han prometido un montón, pero hasta ahora no ha sido más que eso; dado que ellos juegan a las mejores oportunidades y jugosas ganancias que deben tener un mínimo de seguridad jurídica, plataforma que hasta ahora no se ha podido lograr ante la desconfianza que generan el equipo económico, los “versos” bien contados de Sturzenegger y las alteraciones procedimentales que han puesto en tela de juicio que el presidente del Banco Central opere correctamente.
Milei juega internacionalmente, descuidando su actividad como Jefe de Gobierno y sigue procurando querer convertirse en un líder-conductor del liberalismo en esta parte del mundo, por el que se están peleando Donald Trump y Xi Jinping.
Mientras esto sucede, Javier Milei emprenderá hoy viaje a una Europa atravesada por protestas y tensiones políticas que presionan a varios gobiernos, con Francia como epicentro. Su destino es España, que se prepara para celebrar elecciones generales anticipadas en noviembre y donde el socialista Pedro Sánchez, su principal enemigo ideológico en ese país, intentará continuar en el poder. En ese escenario, el presidente argentino combinará una agenda vinculada con la Escuela Austríaca de Economía, un nuevo encuentro con Isabel Díaz Ayuso y su batalla cultural contra la izquierda y las amenazas que, según sostiene, enfrenta Occidente.
Pero antes de irse mostró su profundo rechazo -que repitieron sus “empleados”- referido a aspectos que se señalan como la materialización de un país en franca decadencia, con bajo consumo, indicadores de alto riesgo para inversiones, desempleo, y para cerrar, su rechazo a la parte ciudadana que señala les den una nueva oportunidad ante la angustia de estar endeudados y no encontrar una fórmula que les permita equilibrar sus ingresos y deudas.
Estamos transitando un momento de extrema dificultad en lo social, económico, financiero, comercial, industrial y se perciben momentos de alteraciones sociales, cuyo final es difícil predecir.
El “viento sopla fuerte” y el oficialismo está mirando para otro lado. <EM>Los errores políticos de esta naturaleza terminan pagando un alto precio.



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