DOMINGO 01 de Noviembre de 2026
 
 
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Buscando orden...

Uno de los problemas internos que enfrentan el presidente Javier Milei y el “triángulo de hierro”, que lo completan Karina Milei y Santiago Caputo, es lograr un equilibrio partidario que hoy, además de estar debilitándose, está siendo sacudido por intereses personales de quienes se sienten empoderados y pretenden ser opción.

 

Uno de los aguijones, esperado, pero no tan frontal, es el que plantea Patricia Bullrich desde su ámbito, el Senado de la Nación, donde está armando el bloque partidario que le daría respaldo para las elecciones del 2027.

Las acciones de la multifacética senadora, que ha pasado por varios sectores de la política nacional y jugará contra Milei buscando la presidencia en el 2023, están siendo cada vez más notorias y potentes.

Bullrich pretende definir posicionamientos del presidente libertario, enfrentarlo contraponiendo otras opciones que la ubican en un escenario diferenciado de LLA y del PRO, pretendiendo erigirse en la candidata más potable para el “ningunismo”, hoy por hoy, el marco electoral con mayor fuerza y potencial.

La realidad que se está viviendo en Argentina, vista desde un ámbito no contaminado políticamente, señala que la caída del oficialismo no se detiene y que los éxitos macro económicos dependen exclusivamente de los EEUU, situación que genera un frente que marca su desacuerdo con el protagonismo de Donald Trump, Marco Rubio y Scott Bessent. Ellos tallan con fuerza y se animan a mencionar que “hicieron que Milei repuntara en las elecciones de medio término y ahora están dispuestos a colaborar para que gane un segundo mandato”.

Es una clara evidencia de que las variables sociales de esta parte del continente sudamericano están marcando un profundo cambio, optando por probar algo fuera de lo tradicional, que sea superador a los estados políticos de las últimas décadas.

Las recientes primarias brasileñas mostraron, contradiciendo a todas las encuestadoras locales e internacionales, que la sociedad se une a un movimiento que está pintando de “celeste - liberalismo puro” a la casi totalidad de los países sudamericanos que, históricamente, constituyen el mayor respaldo geopolítico que han tenido los EEUU y que configura un paso adelante en la tarea de asentarse como el operador de quienes optaron por apartarse de la influencia del gigante asiático y probar algo diferente.

Estas alternativas le han generado un desbordante optimismo al Presidente argentino, quién ya se considera el líder del liberalismo en Sudamérica y un socio - colaborador incondicional del super poderoso país del norte que conduce, con gran arbitrariedad, Donald Trump.

Se siente Milei el hacedor del triunfo, en la primera fase eleccionaria, de Flavio Bolsonaro y está a la espera de ser invitado a participar de la campaña tendiente a lograr reforzar las diferencias que le permitan ganar en el balotaje a Luis Lula da Silva y hacerse de la presidencia.

Más allá de esta acción externa, Milei se encuentra abocado a ordenar sus filas para recuperar los porcentuales de electores perdidos que, hoy, manifiestan su rechazo al mileismo, que no quieren regresar al pasado y que esperan otras opciones.

En este ordenamiento, que está pergeñando junto a su hermana Karina y asesor Santiago Caputo, ha surgido la necesidad de generar recambios ante la frustración y el evidente fracaso de la política económica y financiera que parecía encaminada a reordenar el mercado en todos sus ámbitos, aspecto no logrado hasta el presente.

Luis “Toto” Caputo es -por ahora- quien se muestra más incómodo, ante el fracaso de levantar la microeconomía, acentuar por ende el bajo consumo, incentivar el cierre de empresas por su baja rentabilidad y todas las consecuencias que derivan de estos factores al no encontrar el camino para recuperar lo perdido.

En esa lista de “negatividad funcional” aparece Federico Sturzenegger y funcionarios menores que integran los equipos económicos marcados por la frustración de no alcanzar los objetivos de crecimiento, desarrollo y futuro que habían propuesto.

Una muestra de las intenciones del presidente Milei quedó reflejada en haber invitado a la reunión de gabinete a un economista crítico del plan monetario, Alberto Ades, quien expuso aspectos que -según trascendió- marcaron diferencias claras con las políticas económicas de Toto Caputo, quien presintiendo la situación pegó el faltazo.

Esta presencia, se estima, fue el motivo que generó la ausencia de Caputo que alegó estar enfermo. Una actitud desvirtuada, horas después, cuando fue parte del programa La Misa del Gordo Dan de la noche.

Hay desprendimientos internos que pueden ser parte de la estrategia del presidente Milei y de la mesa política abocada de lleno a lograr recuperar la imagen presidencial y el poder en ámbitos legislativos, para evitar la caída del DNU 70 y otras leyes que requiere el Ejecutivo para mantener vigente sus acuerdos con el gobierno de Trump.

Mientras esto sucede en el escenario del oficialismo, en los cuadros opositores siguen pujando por lograr convencer a la sociedad de que no “son lo mismo” que las anteriores gestiones y procuran darle “carisma” presidenciable al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof. Este objetivo no ha sido logrado hasta la fecha, por el lastre significativo que sigue siendo la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Se busca orden dentro de un profundo “desorden” interno y externo. La ausencia de racionalidad para reconocer que la sociedad está cambiando puede derivar en escenarios inesperados.

Lo de Brasil es susceptible de repetirse y, entonces, ya sería tarde para lamentarse.

 

 

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