JUEVES 29 de Enero de 2026
 
 
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Aires nuevos sobre aires viejos...

Se oyen ruidos de diferente nivel sonoro según la procedencia y los efectos que se procuren en el mercado interno, el sector empresario, inversionistas y ámbitos políticos de distintos sectores.

Todo suena según los resultados y objetivos que se persigan. Las alternativas que despertaron, en los medios mundiales, las andanzas del presidente norteamericano Donald Trump fueron una cubierta adecuada para el proceso económico financiero argentino que sigue debatiéndose entre la decadencia y los salvatajes especiales.

Hubo excesivo “humo” y de esta manera se disimularon los apurones del ministro Luis “Toto” Caputo para resolver el pago de deudas, intereses y devolver el swap americano que, para alegría de Scott Bessent, les dejo a los norteamericanos jugosa ganancia.

El titular de economía logró obtener los dólares para pasar el primer vencimiento fuerte del año, pero, contrariamente a lo esperado, nadie lo celebró y mucho menos el mercado, que sigue mostrando desconfianza y temor en una economía que hace agua por todos lados.

En razón de ello cayeron acciones, bonos y subió el riesgo país el cual de alguna manera establece la confianza y solidez de la capacidad de pago de Argentina. Signo claro y evidente de que seguimos siendo un territorio que a duras penas mantiene la categoría de emergente.

Tras el anuncio de Economía del préstamo REPO, por USD 3.000 millones, el riesgo país saltó un 1,6% y volvió a superar los 575 puntos. La reacción del mercado es contra intuitiva: ¿Por qué en el momento que el ministro anuncia que tiene los dólares para pagar la deuda el indicador que mide la capacidad de pago castiga a la Argentina? Simple, a estos aspectos se los denomina: DESCONFIANZA.

Es evidente que las picardías económicas que intentan los integrantes del staff económico el “gran mercado de las finanzas” ya las conoce y transita unos cuantos pasos adelante de las acciones que instrumenta economía y el Banco Central.

Por un lado, el Banco Central compra dólares para mostrarle al FMI que las reservas contables crecen. Pero en paralelo vende contratos de dólar futuro y opera con bonos para anclar expectativas y contener presiones. A su vez, el Tesoro aparece vendiendo dólares en el mercado oficial para evitar que el mayorista roce el techo de la banda. Un juego que ellos en el mundo de las finanzas vienen practicando desde hace tiempo.

Hoy Argentina esta frente al acuerdo a firmarse, ya estipulada la fecha, entre la Unión Europea y el Mercosur. Un suceso que Milei había rechazado, siguiendo los dictados del presidente Donald Trump, pero que hoy aparece siendo uno de los que apoya la medida -resistida por Macrón, mandatario de Francia- ante las presiones que soporta del sector agricultor.

Tras más de 25 años de negociaciones la Unión Europea aprobó ayer viernes el acuerdo allanando el camino a la creación de la mayor zona de libre comercio del mundo, con varias cláusulas diseñadas para calmar la oposición de los agricultores europeos.

Con la tan esperada aprobación, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viajará a Asunción para firmar el acuerdo comercial que vinculará al bloque con Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.

Se establecen nuevas corrientes económicas y financieras que tendrán estrecha relación con los ámbitos productivos e industriales los que aumentarán sus posibilidades negociadoras y la capacidad de acuerdos que abran las puertas de ingresos genuinos, reformulando el aparato productivo de América del Sur.

En este gran escenario que se abre deberá esperarse cómo reaccionará el nuevo “mandamás” del cono sur, que pretende digitar las políticas económicas y financieras abriendo los canales hacia los EEUU como único abastecedor.

Hoy se tienden puentes diferenciados y comienzan a jugar otros intereses que están al margen de los contenidos de la geopolítica que sostiene Donald Trump como objetivo principal para asentar el poder norteamericano en esta parte de América.

El acuerdo, que también incluye a Brasil, Uruguay y Argentina, pondrá fin a más de 25 años de negociaciones para eliminar aranceles e impulsar las exportaciones creando un mercado integrado de 780 millones de consumidores.

El gran interrogante es cómo responderá el presidente republicano del poderoso país del norte a una clara y eficaz competencia que se suma a la que ya está establecida con el gigante asiático.

El mundo está ante un profundo y gran cambio. Argentina hoy se debate entre las adhesiones formales y las necesidades comerciales, una situación cambiante que depende de la voluntad de los poderosos que hoy han resuelto como debe distribuirse el mundo.

Nuestro país se debate en el límite de una crisis profunda procurando con un acertado movimiento de timón: concretar la ansiada transformación y consolidarse como país emergente, con acuerdos comerciales que proyecten la producción interna, generen industrialización de primera magnitud, alcancen niveles en el rubro científico, afiancen educación, reafirmen las estructuras de salud y reconvengan la estructura interna, hoy sometida a los avatares de paradigmas que han empobrecido a media Argentina.

Parece ser un buen sueño, no sabemos si será fácil acceder a ese limbo que parecieran estar ofreciendo los que dirigen la política nacional e internacional.

Se prepara un nuevo futuro. Esto es indiscutible. Las dudas juegan sobre las formas que se adopten para alcanzarlo.

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