LUNES 16 de Marzo de 2026
 
 
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Actitudes que dan vergüenza

Desde hace dos años y meses se han producido una serie de variables en las formas y trato de funcionarios con el periodismo que responden claramente a las maneras presidenciales, muchas de las cuales no siguen reglas de educación y respeto hacia el otro.

Todo comenzó -o tuvo continuidad-, pero ya oficialmente desde el cargo de Presidente, Javier Milei no tenía reparo alguno en imponer la investidura, usar insultos, agravios, denostaciones de todo tipo y naturaleza cuando se marcaban las diferencias entre oficialismo y oposición.

Para un sector complaciente se buscaba disculparlo, argumentando que esa era su “forma de ser” y respaldaban con la sumisión u obediencia que llamara “degenerados fiscales” a quienes sostenían que no estaban de acuerdo con las normativas que ajustaban y provocaban un desarreglo en la microeconomía para sostener la macroeconomía y estar en consonancia con su entrega incondicional a los deseos del presidente Donald Trump.

Recorrió toda una gama de expresiones groseras para desdibujar a quienes se mostraban en escenarios diferenciales con las políticas libertarias.

Marcó la cancha y tal como en un partido de fútbol: de un lado los locales y del otro los visitantes, en este caso los enemigos a los que había que derrotar y como dijo en varias oportunidades: “hacerlos desaparecer”.

Esa ausencia de buen trato y respeto resultó en un fuerte contagio para sus más enconados seguidores, que utilizando redes sociales -por caso, los trolls- decían, armaban y ponían en el aire todo tipo de agravios, muchos inventados, que como dice el refrán “es como tirar plumas al aire”, alguna siempre queda dando vuelta.

Recientemente fue la Secretaria General de la Presidencia quien demostrando la escasa cultura diplomática -para evitar que un periodista llegara a preguntar hasta la figura presidencial- no tuvo mejor ocurrencia que “pecharlo” al estilo matón, cuando todas las cámaras del mundo informático estaban apuntando a la delegación argentina.

El episodio, desagradable por cierto y de bajo nivel intelectual, dejó al descubierto las conductas que marcan las actividades oficiales. 

Lo ha hecho el ministro de economía Luis “Toto” Caputo, ironizando sus respuestas cuando no le gustaban: el ministro de desregulación y transformación del Estado, Federico Sturzenegger, otro tanto y ni hablar de la soberbia del vocero -hoy Jefe de Gabinete- quienes de una manera u otra han mostrado la hilacha.

Nadie se priva de nada y todo aquello que ellos hacen está bien. Solo es criticable lo que parte del escenario ultra opositor, considerados “cavernícolas”, “burros”, escasamente inteligentes, entre otras definiciones mileistas que pretenden desmerecer a quienes encuadra como la “vieja política tradicional corrupta”.

Cuando el tema los apunta a ellos sacan a relucir la mala educación como arma defensiva. Se sienten impunes ante una sociedad que sigue alentándolos para ver cuándo se produce el cambio y para quedar bien elaboran disculpas, algunas rayando en lo ridículo o mostrando una tremenda ignorancia, como el caso de la legisladora libertaria Lilia Lemoine que solo hizo un vergonzoso papel en una entrevista con el periodista oficialista Luis Majul.

Salvan la ropa, como Manuel Adorni, diciendo: “Todos podemos tener errores”. Eso es cierto y aceptable, pero cuando el error cometido está solventado con dinero de la ciudadanía, la cosa cambia y esas disculpas son burdas y muestran a qué punto están llegando, transitando por el sendero de una “nueva casta”, la que tiene su origen en Javier Milei.

Ahora un “trasnochado” legislador libertario y pampeano, no tuvo mejor ocurrencia que sacar a relucir su “dudosa formación universitaria” para dar una explicación del significado de “costo marginal”, intentando justificar lo injustificable.

Las redes sociales lo “escracharon mal” con expresiones que fueron desde la ironía, la broma a la denostación personal de quien se erige en juez de situaciones que no conoce, dejando un sabor amargo a quienes le pusieron un voto que lo llevó a que viva durante cuatro años con “la nuestra”.

Si ese es el cambio que propone Javier Milei y su “manada” es difícil pensar que nos puede ir -a todos- bien. Habrá quienes se llenen los bolsillos a costa del dolor y las necesidades ajenas, pero una gran mayoría -por ahora- nada en la mayor incertidumbre de los últimos años.

Si realmente quisieran imponer la “Ficha limpia” y en su contexto se evaluaran capacidades, honestidad, moral, dignidad personal para poder desempeñar un cargo público, hoy habría que echar a más de la mitad de quienes están en el Poder Ejecutivo y el Legislativo y poner en el cedazo para ver quién queda en el Judicial.

En estos dos últimos hemos visto de todo para todos los gustos. Se puso en evidencia que los que antecedieron a este mandato, la gran mayoría está bajo la órbita judicial, algunos ya condenados y otros en la puerta. Lo que vino después -que decía que eran diferentes- están demostrando que son iguales y en algunos casos, peores. 

Hubo quienes hacen uso de las cajas para engordar sus bolsillos. Otros vinculados al narcotráfico, se ven en las puertas judiciales para que puedan demostrar que sus bienes son legítimos. En síntesis, hay de todo y una lamentable gran mayoría que vino para hacer cajas personales.

Dan vergüenza, pero ellos se disculpan. Hay quienes no tienen para comer y ellos viajan con sus esposas en el avión presidencial, considerados costos marginales, no simples abusadores de la cosa pública.

En resumen, los argentinos retrocedemos y eso es penoso. Presente incierto, futuro dudoso.

Generaciones olvidadas y solo un segmento de la sociedad que se salvará. El resto es el material descartable de un cambio que solo busca poder y liderazgo. 
 

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