LUNES 25 de Mayo de 2026
 
 
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A comprar jabón...

Lo normal, si tenés los dedos y las manos -hasta el codo y algo más- sucios, es que uses suficiente jabón para dejarlas limpias y mostrar lo pulcro que sos.

Naturalmente ese es el mensaje del presidente Javier Milei cuando en su cerrada defensa del Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, salió furioso a contestar a la Senadora nacional, Patricia Bullrich, quién señaló en una nota periodística la necesidad que tiene el ex vocero de presentar los papeles que aclaren su situación.

La recomendación llegó y largas colas de funcionarios están adquiriendo jabones y “quitamanchas” para no verse involucrados en las investigaciones que se vienen dando por presuntas maniobras ilícitas, logrando dineros “mal habidos” con operaciones que señalan que estando afuera del gobierno critican a la casta y cuando están dentro buscan las mejores formas de enriquecerse rápidamente, convirtiéndose en una nueva categoría de “casta corrupta”.

Por cuestiones más nimias, Javier Milei y su hermana Karina, echaron del staff gubernamental y organizaciones descentralizadas a más de 100 colaboradores que, “pintados de violeta”, se enrolaron en La Libertad Avanza para tener acceso a las “tetas de la vaca pública” que se nutre del aporte de la ciudadanía. De moral política , poco y nada.

Todo hace pensar que estamos ante dos personajes que hoy ejercen la presidencia del país. Uno que dice tener todos los atributos y que lo que él resuelve tiene que ser respaldado por todos los que lo rodean (aquellos que no coincidan se van) y, a su lado, aparece el “alter ego” que en las sombras elucubra las formas de generar poder a futuro basadas en la conformación de un partido político fuerte, en el cual pretende se enrolen todos los que andan sueltos. Basta con que se pinten de “violeta”.

En la figura que ostenta el cargo de presidente se muestran dualidades que confunden a una gran parte de la sociedad que hoy le está diciendo: “estas maniobras que enriquecen y brindan placeres y lujos con nuestra plata son las que nos hicieron cambiar, buscando otras conductas, lo mismo no lo queremos”. Pero son ignorados.

En su verborrágica salida desde los EEUU para contrarrestar la movida que sigue amontonando hechos y sucesos que enlodan a Manuel Adorni, expresó: “Desde mi presentación en enero en Davos hablé de un concepto como la Moral como Política de Estado. ¿A usted le parece justo ejecutar a una persona honesta?”.

Este interrogante tiene respuesta. Si esa persona honesta no demuestra que todo es una operación y sigue mintiendo, como lo ha hecho hasta ahora, cabe pensar que debe ejecutarlo. Si es real que pretenden la moralidad como nueva política de Estado.

Es evidente que no se puede seguir apuntando al periodismo, ni a los sectores políticos opositores, como responsables de los desaguisados que se le vienen adjudicando a su funcionario dilecto.

Eso marca que está totalmente desacertado el juicio de valor que emitió ayer, reiterando conceptos, cuando dijo: “Yo no voy a ejecutar, en el altar del ego de los periodistas que se sintieron tocados porque les dijo la verdad, que ‘son solo periodistas’, a una persona honesta”. Ser honesto no se es por solo decirlo, hay que demostrarlo.

En la nota suministrada al sector de periodistas incondicionales expresó: “Manuel ya tiene todas las cosas listas y está por presentar los números por adelantado. Él decidió, por las estupideces que se debaten públicamente de gente que no sabe sumar y restar y viola la partida doble”.

Estas expresiones le pegaban de lleno a los dichos que claramente hizo la senadora y ex Ministra de seguridad, Patricia Bullrich, en una nota en A24 donde dejó claramente explicitado que “no hay motivos por los cuales Adorni no pueda presentar la Declaración Jurada, si es que, como sostiene, tiene todos los papeles en regla”.

“Nadie se queda con los dedos sucios en mi gobierno” dijo Milei, agregando: “Estoy perfectamente tranquilo que Adorni es una persona honesta y un hombre de bien”. Lo primordial sería que lo demostrara. Eso espera gran parte de la sociedad y muchos de los funcionarios que hoy están en su gobierno.

Ya en el final de la entrevista telefónica, el primer mandatario dejó claramente explicitado que: “El Presidente soy yo, el que toma las decisiones, el rumbo y las personas que me acompañan. Si a alguno no le gusta, me lo dirá y se tendrá que fumar qué decido y si no, se va”.

Y respondió con una frase propia de su biblioteca de soeces por qué no lo echaría, aunque olvidó consignar que todo demuestra que es Karina una parte principal que sostiene al funcionario acusado de enriquecimiento ilícito.

El tema no se termina y aún queda tela para cortar. Este fin de semana podría definir algunas situaciones que hoy muestran un clima de inestabilidad interna complejo para el desarrollo del gobierno, más ocupado en salvar al Jefe de Gabinete, que a los problemas que presenta el país en todos los sectores sociales.

Eso sí, jabón y desinfectante ya agotaron la existencia, pero lo que no se vende es: moral y decencia. Ese es el gran faltante.

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