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Estamos esperando

Por increíble que parezca, el gobierno no sólo tropieza dos veces con la misma piedra, lo hace con una piedra propia, es decir que tropieza dos veces consigo mismo. Esto demuestra dos cosas: que nada es inverosímil en nuestro querido país y que aburrirnos sigue fuera de nuestras probabilidades. Cuando el tema de los vacunados VIP parecía ser parte del pasado, apareció Zanini, y de la nada, sin necesidad alguna, reavivó el fuego, que tardó un santiamén en convertirse en un incendio de proporciones. ¿Se puede ser tan nabo? Se puede.

Carlos Zanini, nada menos que el actual procurador General del Tesoro, un señor que no abriga ninguna inocencia dado que cuenta con una aquilatadísima e ininterrumpida carrera política que comenzó en Río Gallegos allá por 1987, apareció en un programa televisivo y habló de todo. Muchas de sus declaraciones fueron polémicas, pero las que detonaron a la opinión pública fueron las relacionadas con su desprecio por los valores y principios éticos que debe tener un político. No solo no le importa nada, se jacta de que no le importe.

Lejos de mostrar algún pesar por hacer recibido la vacuna contra el Covid de manera irregular, y atropellando el orden establecido en el plan de vacunación, alardeó de su accionar, porque según él, “sabía que estaba en las condiciones legales para hacerlo”, porque es mayor de 60 años, tiene enfermedades prevalentes y es “autoridad decisional, se podía hacer, fui y lo hice”, dijo. Presumió de su posición, fanfarroneó con lo que él puede y el resto no y además, mintió, porque el dirigente, según consta en el registro del Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino, SISA, se anotó como personal de salud.

¿Algo más? Si, si, siempre hay más, también contó que lo consoló a Verbistsky después del escándalo diciéndole: “No tenés que actuar con culpa porque vos tenés derecho a eso, sos una personalidad que necesita ser protegida por la sociedad. El problema surge por la falta de vacunas y no por quién se vacuna”. ¡¡Claro!!! Tiene razón, que pedazo de estúpidos todos los que supusimos que las vacunas iban a respetar un orden de prioridad, que iban a ser aplicadas con rigor sanitario, sin privilegios, sin amigos del poder, sin hijos ni entenados. Pero no, como explica “El Gran Zanini Ilustrado”, no es que hayan querido anteponerse las “personalidades que necesitan ser protegidas por la sociedad” a una médica o un enfermero, es que no había tantas vacunas, ese es el problema y por supuesto el otro problema somos nosotros, los nabos que no entendemos nada.

La asignación discrecional de vacunas, que además son escasas, es un hecho deplorable, moralmente inaceptable y políticamente imperdonable. Alguien se acuerda cuando el Presidente dijo en San Juan, en setiembre del año pasado que “en verdad lo que nos hace evolucionar o crecer no es el mérito –como nos han hecho creer en los últimos años- porque el más tonto de los ricos tiene muchas más posibilidades que el más inteligente de los pobres. Y entonces no es el mérito, es darle a todos las mismas oportunidades de crecimiento y desarrollo” Hablaba de otra cosa, hablaba de progresar y desarrollarse, pero sin saberlo ponía el dedo en la futura llaga, ya que tal como explicó nuestro Presidente en el mismo párrafo, el “tratamiento desigual, la verdad, nos maltrata como sociedad, nos pone en un mal lugar como sociedad”.

Ahí estamos señor Presidente, en un pésimo lugar como sociedad, el problema es que el vacunatorio VIP es responsabilidad de su gobierno, y que lo que pasó y sigue ocurriendo con las vacunas contra el Covid, es exactamente lo contrario de lo que usted dijo que quería para nosotros. En su gobierno hay privilegiados, amigos del poder, amigos de amigos, personalidades que necesitan ser protegidas por la sociedad, inmunizados con criterios discutibles, VIPs, que están antes que nuestros viejos, que nuestro personal sanitario, antes que nuestros docentes, antes que muchos de nuestros esenciales.

Qué necesidad tenía Zanini de reflotar un tema tan vidrioso en un momento tan complicado, es una incógnita imposible de develar. Lo analizable de este hecho deplorable es que las palabras del procurador General del Tesoro, confirman que el tráfico de influencias, las contraprestaciones, los favores y los privilegios, son una modalidad habitual en la política argentina. El 10 de diciembre de 2019 Alberto Fernández asumió diciendo: “Volvimos y vamos a ser mejores”. Estamos esperando.

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