JUEVES 22 de Enero de 2026
 
 
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¿Quiénes se benefician..?

Las rencillas políticas internas, o entre los diferentes sectores que juegan en un escenario provincial y/o nacional, sostienen el principio de: si gano logro mi objetivo y me subo al barco. Para el logro de esos fines utilizan a la ciudadanía y de acuerdo a la penetración o influencia que logren sus figuras en el concierto de la política, surgen los resultados.

En definitiva y sin profundizar en otros aspectos: ¿Quiénes son los que logran beneficios? Este interrogante ya debería comenzar a realizárselo la sociedad, dado que una vez obtenido el soporte que le brinda poder a dichos sectores, juegan para ellos con la intención de posicionarse adecuadamente para tener permanencia.
Este “lodazal” en el cual se mueve la politiquería, a merced de diversos factores que merecen un análisis profundo de quienes están formados en el comportamiento humano ante el universo de oportunidades, generan enfrentamientos inútiles que solo alimentan el ego de quienes persisten en mantener un poder que, el tiempo y otras circunstancias, comienzan a diluir. Persiste la imagen personal, esa que reflejaba, y aún lo hace, al sentimiento social y político de un sector de la ciudadanía.
Nadie puede poner en tela de juicio la permanencia en el tiempo de un formal reconocimiento a lo que hicieron y por aquello que pelearon -políticamente- para beneficiar al conjunto de la ciudadanía, pensara como pensara...
No se puede renegar de reconocer a Irigoyen, Perón, Frondizi, Balbin, Alfonsín, Illia, que con sus aciertos y errores, su accionar ya forma parte de la historia del país. Pero no beneficia a nadie poner por delante esos apellidos para sostener políticas interesadas solo en lo personal.
Fundarlas en un claro sentido ideológico es razonable y podría ser hasta entendible, pero pretender trasladar sus efectos es caer en un grueso error de apreciación temporal dado que el mundo siguió girando más allá de que ellos no estén, o se hayan llamado al retiro obligatorio o forzoso.
Esto viene a cuento porque es escasamente entendible el intento de reposicionarse del ex intendente, ex senador y ex gobernador Carlos Alberto Verna. La realidad indica que no se requiere señalarle a la sociedad pampeana que su opinión sobre un legislador, elegido por mayoría de votos, era cierta y que “jugaría para Cristina y no para los pampeanos”. Naturalmente, esto lo dice el conductor de la Línea Plural.
Esto parte de las redes sociales donde pretendió recordar que: “Era cierto lo que dije”. Nadie, por lo menos hasta ahora, lo puso en duda. Tal como aún recuerdan, el “O la Pampa o la Cámpora” tampoco estuvo en duda y colocó al votante de la provincia en la disyuntiva de optar cuando en realidad frente a las urnas pone la papeleta que quiere. Era solo demostrar la fuerza de una decisión político-electoral.
Tampoco ha quedado en el olvido que hubo negociaciones emprendidas con quien ocupaba la primera magistratura del país, Cristina Fernández de Kirchner, dejando de lado el “chusmerío” que surgió de aquella reunión de senadores donde se le achaca al ex gobernador y titular de la Línea Plural de “mandarla a lavar los platos”. Insistimos, solo versiones.
Hoy el enemigo de Verna es Ferrán, constituyendo además una buena oportunidad para mostrarse enfrentado con el gobierno provincial. Se trata de marcar diferencias, aunque no surgen claramente los beneficios a no ser el que se logre para mantener vigente el poder.
Una cartelería que estaba colocada en todas las bancas de los legisladores pertenecientes al peronismo-kirchnerismo es el motivo de discordia.
Realmente, en qué cambia la situación del Diputado Ferrán el hecho de tener o no el cartelito de quien es una condenada y está cumpliendo prisión domiciliaria y que enfrenta -presumiblemente- nuevas condenas al ser considerada jefe de una banda que se dedicaba a la coima durante el desarrollo de su gobierno, ¿en qué afecta esto al futuro de los pampeanos?, realmente no lo sabemos.
En todo caso serán las acciones venideras las que darán la pauta de cómo actúa el legislador pampeano Abelardo Ferrán y que no se le ocurra ponerse una remera “violeta” porque ahí sí está al horno, más allá de que asegure que fue un regalo familiar.
Escuchar a diario en todos los medios cómo se descargan odios y enconos cuando todo está en manos de la justicia que ya obró y continúa con su accionar en busca de responsabilidades en otros ilícitos que se les adjudican, es realmente enfermizo. Y “ojo” no tenemos ni carteles.
Que pidan por la “libertad de Cristina” es una utopía que se asemeja a la chicana política que se utiliza para intentar mostrar que aún hay un o una conductora del sector, cuando todo indica que ese ámbito sigue desorientado y sin encontrar el nombre que puedan mostrar como la opción que ofrecen partidariamente y desestimar -si es lo que pretenden- definitivamente a la ex presidenta.
El lema que debería estar presente es “Los pampeanos por los pampeanos”, sin interesarse demasiado en como piensen. Materializar los mecanismos que nos permitan desarrollarnos como provincia, al margen de los tendenciosos mensajes que solo pretenden seguir mostrándose egoísta con un poder.
Rememorando a un periodista de antaño que supo ver con claridad la real humanidad de los versos del Martín Fierro “Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera, tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos se pelean, los devoran los de afuera”, transmitido por la sabiduría gauchesca que marcaba el camino de la unidad como paradigma que sigue siendo premisa insoslayable: “el piquenserismo”.
Hoy podríamos traducirlo en “El pampeanismo”. Sin importar demasiado qué camiseta o cartelería lleve y desde esa trinchera pelear para lograr el bienestar de todos los comprovincianos.
Culminamos estas disquisiciones y seguimos sin saber: ¿Quién se benefició?, o en su defecto ¿Quién perdió?

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