MARTES 29 de Noviembre de 2022
 
 
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¿Quién entiende al ser humano...? 

Estoy lleno de partidas y estoy lleno de regresos. Tal vez por ser un “solitario sociable” me atraen las contradicciones, esa incompatibilidad de ideas y propuestas que bien mezcladas nos habitan. Algo tan natural como irracional. O tan irracional como natural.

Y al alcance de la mano o de la boca tengo aquello de ¿Quién entiende al ser humano?: No pide nacer, no sabe vivir, no quiere morir... 

Les voy a hacer una infidencia doméstica producto de mi memoria y que entraña contradicción: Hoy día prácticamente todas las mujeres visten de pantalones, desde las pequeñas a las ancianas. Diría que es más frecuente verlas así que de polleras.

Sin embargo, cuando yo era niño, muy pocas abandonaban sus polleras y había quienes se escandalizaban al ver pasar a una joven luciendo la prenda que se suponía propia y exclusiva del hombre.

En la capilla de mi barrio oficiaba un cura con el que nos sentíamos amigos, pese a conocer él mis grandes dudas con respecto a la religión. En nuestras charlas nos teníamos tanta confianza como para que el sacerdote dejara ver más de lo prudente su condición inevitablemente humana.

Una tarde estábamos departiendo sobre algunos bueyes perdidos, cuando pasaron por el lugar dos señoras enfundadas en algo parecido a lo que hoy llamamos vaqueros, pero más anchos. Cuando yo decía para mis adentros “qué mal les quedan...”, el cura me comentó al oído y en voz baja mientras las observaba de reojo: “Algunas mujeres se ponen pantalones para parecer masculinas, pero parecen más culonas...”.

Otra contradicción la hallé en una de nuestras librerías. Me comentó su dueña que los libros más vendidos son los de cocina y los referidos a dietas para adelgazar. Los primeros dicen cómo preparar comidas y los segundos cómo no comerlas y ocupan la vidriera, unos al lado de los otros.

Las contradicciones tienen mala fama porque durante mucho tiempo la corriente central del pensamiento occidental -monista, dogmático y totalizador- se apoyó en el principio de bivalencia aristotélico, según el cual una cosa no puede ser más que verdadera o falsa; es decir que sólo hay una respuesta correcta para todas las preguntas, mientras que las demás son erróneas.

Esto podría ser correcto para la lógica pero no para la realidad que es contradictoria. Tal vez uno se haría más fácil la vida ahorrándose las contradicciones y pensando que la razón y la esperanza son buenas o malas y “listo el pollo”.

A esta rigidez obedecen los fanáticos, pero por buena o mala suerte, no todos lo somos.

Por Hugo Ferrari- Especial para LA REFORMA

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