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Un cóctel grave en un contexto grave

El límite es el respeto por los que están sufriendo, el respeto por el dolor, por el padecimiento de los casi 20 millones de argentinos que son pobres.

Es comprensible que el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, refiera a la situación social del país poniendo en valor el trabajo realizado por su cartera, es lógico que haga una defensa de lo actuado, que hable con convencimiento de los programas y planes instituidos, es razonable que intente edulcorar parte de la realidad, pero eso tiene un límite y el límite es el respeto por los que están sufriendo, el respeto por el dolor, por el padecimiento de los casi 20 millones de argentinos que son pobres.

Tras la difusión del INDEC de las cifras de pobreza, el ministro dijo que la situación en Argentina es “crítica, hay mucha gente que la pasa mal”, pero advirtió que “hay una gran red social que la está sosteniendo” y que “hace que sea estable”. ¿De qué habla Arroyo, de qué red, de qué estabilidad, de qué política asistencial del Gobierno, cuando la pobreza no para de crecer y ya alcanza a 19,2 millones de personas, el 42% de la población? Los datos muestran una suba del 6,5% en la comparación interanual, el registro dice que hay 3 millones más de nuevos pobres respecto a 2019, mientras que la indigencia registró un crecimiento interanual de 2,5 puntos porcentuales, totalizando 10,5%. Son millones y millones de personas que pasan hambre y Arroyo dice que hay una red social sosteniendo qué, que hace que sea estable qué.

“La reconstrucción pasa por el lado del trabajo. La red social ha hecho que se mantenga estable en un contexto de caída económica muy fuerte. La situación es crítica”, dijo en declaraciones a Télam. Sin aclarar a qué “reconstrucción” refería, ni a qué “red social” aludía. Reconstrucción y trabajo, con los datos del mercado laboral del cuarto trimestre del 2020 difundidos por el INDEC sobre la mesa, son dos palabras que difícilmente puedan encajar dentro de la misma oración para describir la situación de nuestro país, ya que el dato más importante en ese aspecto es precisamente que la tasa de desocupación se ubicó en el 11%, con 220 mil trabajadores desocupados más que en 2019. Cifra que para los analistas sería más elevada aún si incluyera a los desalentados que dejaron de buscar trabajo.

Sin embargo, pese a que todas las cifras son realmente alarmantes, Arroyo destacó los planes de acción para contrarrestar la situación, con una visión edulcorada de la realidad, haciendo hincapié en la contención que se logró gracias a la implementación de la Tarjeta Alimentar, y del programa Potenciar Trabajo. Según el ministro, la Tarjeta Alimentar “es la razón por la que no está aumentando la indigencia”, mientras que le debemos al programa Potenciar Trabajo, que tenemos “una situación estable”.

Sostuvo también que “en los últimos meses hay más actividad económica, hay más changas, hay más movimiento económico, hay más actividad de construcción y textil, pero el problema es el precio de los alimentos”. Y agregó que “el que se mueve, el ayudante, el peón de albañil va a ganar 700 a 800 pesos por un día, el más armadito, el oficial, 1.200, 1.500 pesos por día”, pero “el tema es el precio de los alimentos”. En otro tramo de la entrevista aseguró que además de las changas y la mayor actividad económica, la gente “va al comedor para estirar los ingresos”.

Si todos los datos empeoraron, si la situación social es alarmante, si el 42% de la población no cubre sus necesidades básicas, no se puede amortiguar, no hay nada para atenuar, es imposible suavizar un contexto tan dramático. Ese es el límite, no se puede, no se debe, no es aceptable, simplemente porque no aporta a la solución y porque, además, genera el efecto contrario al que busca. Si Arroyo intentó con sus declaraciones llevar tranquilidad y atemperar el impacto de los datos de la pobreza, debe saber que escucharlo intranquiliza, es realmente estremecedor que quien debe actuar para aportar soluciones esté viendo una de Disney en vez de la película de terror que se proyecta en la realidad argentina.

Es comprensible que el ministro defienda desde el convencimiento los programas y planes que impulsa su cartera, es lógico, válido y adecuado que crea fervientemente en lo que hace desde su área, pero el límite es el respeto por el sufrimiento de millones de argentinos, el límite es la delgada línea que separa la defensa por lo actuado del discernimiento de la situación en la que estamos.

Lo que dijo solo siembra dudas, empeora la situación y anula las esperanzas, porque la lectura es errónea. Un cóctel grave en un contexto grave.

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