Siempre hemos sentido rechazo por aquellas personas que, ante determinados sucesos, se sienten los conocedores más capacitados para opinar, pero lo hacen el día después.
Pretenden ganar notoriedad y sentirse importantes haciendo análisis de aquellos que rodeaban, en este caso, al crimen de la adolescente Agostina Vega, desarrollando una actividad que corresponde a los cuerpos judiciales pertinentes que operan en base a los resultados de los equipos científicos y que trabajan para dilucidar los aspectos que llevaron al crimen, centralizar al autor y a partir de allí generar un escenario en el cual pueden establecer los aspectos principales que llevaron a la muerte -en este contexto- de la menor cordobesa.
La profesional abogada Fátima Silva, especializada en cuestiones de familia, al ser entrevistada por periodistas -que se dicen expertos en cuestiones de índole policial- acotó con un enorme criterio y sensatez: “Ud. analizan el post del crimen cuando se deben profundizar los conocimientos pre-crimen, y sus derivaciones”.
En otro aspecto de la entrevista, que no fue de mucho agrado para el periodista, la profesional señaló: “Disculpame que difiera con tu criterio, pero deberían haber iniciado la investigación analizando en profundidad los ámbitos donde se movía la menor. La situación emergente de la disfunción matrimonial, padre y madre separados y si habrían existido intervenciones de carácter judicial para determinar el destino de la menor al disolverse el núcleo matrimonial, agregando, todo se hizo tarde o no se hizo”.
Es evidente que existe en la figura del único imputado un claro indicio de psicopatismo dado los antecedentes que ya obraban en la justicia y que merecerán -según adelantan fuentes profesionales- una investigación aparte en tanto ya había cometido una agresión, un delito de género, manteniendo contra su voluntad a una joven que logró escapar semidesnuda siendo salvada por vecinos de Claudio Gabriel Barrelier, considerado un hombre peligroso.
Los indicadores señalan claramente que es el autor de un crimen deleznable, que hasta ahora no existen elementos que permitan determinar qué fue lo que originó un desenlace de esa naturaleza; aunque las consideraciones de especialistas en comportamientos criminales de esta índole sostienen que tienen carácter de ocultamiento de abuso sexual.
Las acciones posteriores surgen en la comprensión de su acción y la necesidad de hacer desaparecer el cuerpo del delito.
Hay reacciones posteriores y una de ellas fue atentar contra su propia vida a los efectos de no hacerle frente a la responsabilidad de un crimen semejante. También se considera puede resultar una estrategia, más allá de que pueda costarle la vida.
Es un psicópata que se caracteriza principalmente por una ausencia total de empatía y remordimiento. “Actúa de manera calculadora, egocéntrica y manipuladora para satisfacer sus propios intereses, a menudo mimetizándose con su entorno gracias a un encanto superficial”.
Hace uso de la mentira patológica: “Mienten con gran facilidad y naturalidad, incluso cuando son descubiertos, modificando los hechos para mantener el control de la situación y poder eludir responsabilidades”.
A esta situación mental obedece el comportamiento que mantuvo frente al fiscal y el juez de la causa, negando toda colaboración, pensando que podría utilizar a las personas como herramientas para conseguir su objetivo, que en este caso era el ocultamiento de los restos de Agostina.
En síntesis, recién ha comenzado la investigación profunda, con datos concretos que surgirán a partir de la pericia forense para saber el motivo de la muerte y si existieron otras alternativas previas que derivaron en el asesinato de la niña.
También quedó como una ridícula puesta en escena la exposición del fiscal de la causa Raúl Garzón, que hizo uso de una soberbia que no se ajustaba al cometido de informar a los medios de prensa presentes cual era el resultado de las acciones realizadas hasta el momento.
Negó negligencia, olvidándose de que recién apelaron al “Alerta Sofia” casi 48 horas después de una denuncia que no se instrumentó en forma inmediata, mostrándose una desidia que compromete el profesionalismo policial y judicial en la misma medida.
Recién comenzarán a conocerse fehacientemente los pormenores que costaron la vida de Agostina Vega. Y las responsabilidades, si es que existen, de más personas que el único acusado e imputado hasta el momento.
El tema es de una gravedad inconmensurable en tanto resulta muy difícil cuantificar en qué medida los dichos del fiscal en una “mise en scene” con pocas respuestas, mucho destrato y premiando al perro que encontró parte de los restos, son parte de una investigación que se demoró y que tiene enormes falencias operativas, tanto judiciales como policiales.
Por desgracia no es el único suceso trágico que los argentinos enfrentamos en los últimos años. Todavía se están pidiendo resultados en la desaparición de Loan, Sofía,Guadalupe, Maximiliano y de otros niños y niñas que son víctimas de organizaciones que operan con el secuestro y tráfico de menores.
Debemos instrumentar mecanismos que se adelanten a las actividades delictuosas que tienen como víctimas a niños y niñas argentinas que desaparecen mensualmente y que, pasado el primer impacto de la información, se diluyen en el olvido.
Basta de los especialistas del día después. Comenzar a trabajar con cuerpos especializados interdisciplinarios para adelantarnos a los graves hechos que hoy sirven para llenar las páginas de la información policial.
Es una obligación y una deuda con la sociedad, que no se ha saldado.



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