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Las tentaciones son malas consejeras

No hay que caer en las tentaciones, siempre son malas consejeras.

No hay que confundir gordura con hinchazón, actuar con celeridad y tomar decisiones fuertemente centralizadas en el marco de la pandemia es una cosa, anular el resto de los poderes usando de pretexto las necesidades que deben ser resueltas, escudándose en la emergencia sanitaria, es otra muy diferente. No hay que caer en las tentaciones, siempre son malas consejeras.

Alberto Fernández ha demostrado su liderazgo tomando decisiones acertadas en materia de salud, consultando un panel de especialista sanitarios, mostrándose respetuoso de las opiniones divergentes, abriéndose al diálogo con referentes propios y de la oposición, escuchando la voz de todos los gobernadores, pero no tiene que dejarse llevar por el viento de cola de la pandemia y tomarnos hasta el codo cuando sólo le dimos la mano. Ni siquiera la emergencia es argumento para relegar el rol fundamental de los tres poderes del Estado.

El Decreto de Necesidad y Urgencia 457/2020, firmado por Alberto Fernández no sólo dispone un aumento del gasto público de casi 500.000 millones de pesos, de los cuáles 385.000 corresponden a un concepto emanado de la impresionante emisión monetaria actual, también suspende por todo lo que resta del año el tope del 5% que establecía el artículo 37 de la ley de administración financiera, por lo que el señor Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, tendría facultades extraordinarias para reasignar las partidas presupuestarias en forma discrecional. Es decir, sin ningún permiso y sin ningún control, Cafiero puede disponer, reasignar partidas, hacer y deshacer sin que nadie le diga nada.

Ya se venía viendo el crecimiento de los DNU, siempre bajo el escudo de las necesidades sanitarias urgentes, lo que sucede con este decreto es que atraviesa el margen de lo tolerable, lisa y llanamente mete las manos en las obligaciones de otros poderes y desdibuja los límites, se mete con los deberes y obligaciones consagrados en la ley, demasiado como para entender que esto es parte de la emergencia.

Y lo peor, porque a todo postre le corresponde su cereza, es que intentan explicarnos como si fuéramos zonzos que en ese DNU no hay “superpoderes”, que no entendemos nada y por eso, interpretamos mal. Perdón, eso no es lo peor, lo peor es que el jefe de Gabinete explicó un tema de semejante relevancia institucional mediante una serie de tuits, si hay algo peor que un funcionario usando una red social para hacer declaraciones fundamentales para el país, que avisen, porque es simplemente irrespetuoso, ofensivo e irreverente. En ese gesto que representó lo peor de lo peor, Cafiero explicó que es una medida que se tomó solo para responder a la emergencia sanitaria por coronavirus y remarcó que en momentos extraordinarios se necesita “un Estado activo y flexible para proteger a todas y todos”. No se trata de superpoderes, claro que no, solo se le “otorgaron facultades para transferir dinero de una partida a otra únicamente cuando estas modificaciones estén relacionadas con la emergencia sanitaria y para destinar fondos reservados de la AFI a políticas nutricionales, educativas y de salud”. Es decir, puede tocar todas las partidas que desee, porque hoy el 90% de las mismas están “relacionadas con la emergencia sanitaria”.

Mire, don, podremos tener cara de bobos, pero no se confunda, no somos todo lo bobos que parecemos, al menos no tanto como para no damos cuenta que el DNU en cuestión fulmina los límites establecidos en el artículo 37 de la Ley de Administración Financiera y de los Sistemas de Control del Sector Público Nacional N` 24.156, que establece claramente que corresponden al Congreso Nacional las decisiones que afecten el monto total del Presupuesto y el monto del endeudamiento previsto, así como las partidas que refieran a gastos reservados y de inteligencia. Parecemos, pero no somos.

Compartimos la necesidad de tener “un Estado activo y flexible para proteger a todas y todos” y su intención de asistir tanto a las personas afectadas en su salud como a los sectores que padecen los efectos económicos en este contexto excepcional, pero la pandemia no puede justificar un estado de excepción permanente, ni evitar el necesario contralor del Congreso de la Nación. La división de poderes es uno de los pilares de nuestro sistema de gobierno.

Volvemos al inicio, no hay que confundir gordura con hinchazón y mucho menos, caer en las tentaciones, siempre son malas consejeras.

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