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La Pampa ha saldado la brecha

La Pampa, a partir de la aprobación de la Ley de Paridad de Género en cargos electivos, ha saldado la brecha entre el decir y el hacer.

Hace un tiempo en este mismo espacio, decíamos que la paridad de género necesitaba algo más que palabras, que había que acompañar con hechos concretos las expresiones de deseos, que había que transformar y para hacerlo, hacía falta mucho más que una foto y algunas declaraciones políticamente correctas para demostrar compromiso con un tema sensible. La Pampa, a partir de la aprobación de la Ley de Paridad de Género en cargos electivos, que establece un 50 por ciento de participación de las mujeres en las listas electorales, ha saldado la brecha entre el decir y el hacer y ha dado un paso trascendental hacia la igualdad.

El rol de las mujeres es clave en la gestación de políticas públicas, lograr la paridad era una deuda de la democracia pampeana, las mujeres representan la mitad de la población mundial y por ende, la mitad del potencial del planeta, ¿qué justificaría la desigualdad, qué argumento puede promover la disparidad de género? Ninguno.

La aprobación de la ley es un paso trascendental, un antes y un después, y también, el comienzo de un nuevo camino, porque ahora, hay que trabajar para lograr la transformación no solo en la representación política, sino también en el resto de la sociedad. Esta ley tiene que ser un instrumento para llevar la igualdad a otros planos, tiene que ser el puntapié inicial para que el principio de paridad empiece a hacerse efectivo también en el interior de los partidos políticos, en las comisiones de las instituciones intermedias, de las entidades, de las organizaciones. Esta ley tiene que ser la semilla que germine en todos los niveles de representación de la sociedad.

Porque la igualdad de género es un derecho humano fundamental, por ende, hay que promover su cumplimiento en todos los ámbitos. Cuando logremos la paridad verdadera, cuando dejemos de hablar de este tema porque ya no tenga sentido hacerlo, estaremos viviendo en una sociedad más sana, más justa y mucho más evolucionada.

Necesitamos una participación igualitaria en los puestos jerárquicos de decisión de todos los niveles del gobierno, en todas las instituciones de la sociedad civil, en los sindicatos, en las universidades, en las cámaras empresariales, en los clubes, en las instituciones religiosas, en los colegios profesionales, en las entidades intermedias. Necesitamos la voz femenina permeando en todos los espacios de decisión, porque cuando eso suceda, podremos avanzar realmente con temas que socialmente no hemos resuelto y que constituyen una injusticia.

Los partidos políticos tienen la responsabilidad de que la ley se refleje en las listas, que la norma salte de la letra a la realidad, y la sociedad tiene la responsabilidad de llevar la paridad representativa al resto de los espacios de la comunidad. Para que la ley sea una realidad, más allá del cumplimiento de la política, necesitamos ciudadanos que la asuman como propia, que controlen el efectivo cumplimiento de la norma por parte de los espacios políticos y además, necesitamos que la esgriman y la propaguen a todos los estamentos y esferas de representación social, sin importar cual sea el lugar, sin perder de vista que lo significativo es la igualdad.

Son muchas las instituciones, las empresas, las organizaciones y los organismos, tanto del ámbito público, privado, como académico, que han reflejado su preocupación y predisposición para avanzar hacia la paridad de género, para instalar políticas que nos permitan crecer como sociedad. Pero de lo teórico a lo empírico hay un trecho y ese es el paso que les falta dar: además de hablar, hacer.

Llevábamos décadas rodeados de gestos simbólicos y declamativos que se quedaban ahí, en la gestualidad, en el ademán, en el recitado. Esa etapa concluyó, estamos dando el salto y avanzando hacia la instancia siguiente, en la que decir que se defiende la equidad será un gesto insuficiente, en la que será exigible la implementación real de la paridad. Estamos empezando a desandar un nuevo camino, estamos en proceso de una transformación que nos hará más justos, más inclusivos, mejores.

La igualdad de género no es algo que reclaman las mujeres, es un derecho humano que les hemos negado a las mujeres La sanción de la ley es un hecho histórico y trascendental,

La Pampa ha saldado la brecha, además de decir, empieza a hacer.

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