La enredadera y el ceibo

Les recomiendo meditar la letra de la tonada de este título compuesta por Roberto Roldán, que narra el "amor imposible" entre un ceibo joven y una enredadera añeja.

En la ocurrencia del autor la enredadera se hallaba triste, con sus hojas mustias, solitaria y a la espera del final, cuando de pronto al jardinero se le ocurrió trasplantarla muy cerca de un árbol nuevo. “El ceibo le dio su apoyo, su savia, sus flores nuevas, y entonces volvió a ser joven y bella la enredadera”.

Pero presume el autor que los dos seres unidos se entregaron a un imposible cuando al poco tiempo se sintieron compañeros y amantes.

Ellos no piensan en el futuro ni en el favor que les hizo sin saberlo el jardinero. Solo persisten en el abrazo vegetal que les procuró el destino mientras sepultan dispares historias.

Y la conclusión del tema: “¡Qué pena quererse tanto y florecer a destiempo! ¡Qué pena quererse tanto la enredadera y el ceibo!”

Podríamos disentir en algo con la visión del poeta: Si bien puede apenarnos el que el árbol lozano y la hiedra madura florezcan a destiempo, más que pena es una dicha que dieran por quererse tanto.

Y en todo caso elaboremos nosotros la copla que acompañaría la tonada: Se aman porque se aman, sin intereses ni alarmas. Si sienten las diferencias, sufrir les será admisible. Felices sean entonces... no hay amores imposibles.

Cualquier parecido con situaciones humanas de la realidad será pura coincidencia.

Dejá tu comentario