JUEVES 12 de Marzo de 2026
 
 
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“Hoguera de vanidades y egos”...

Un escenario donde los conflictos se van amontonando, hay algunas satisfacciones, mucho desencanto, envidias y heridos que no pueden superar el ser relegados abruptamente y pasar del pináculo a ser uno más.

Esos malestares son percibibles en el esquema del nuevo armado del gobierno del presidente libertario Javier Milei, donde -como era de esperar- su hermana, actual Secretaria General de Presidencia, Karina Milei, se ha reconvertido en el CEO del Gobierno; tomó todas las decisiones relevantes, como el desembarco de Adorni y la llegada de Santilli. Ambos están bajo su órbita.

Pero no ha sido suficiente, en esa manifestación de sentimientos intensos, donde el término “hoguera” se utiliza como metáfora del fuego que consume, y “pasiones” se refiere a los sentimientos fuertes como el amor, la ira o el entusiasmo, allí se sigue definiendo el papel del asesor presidencial Santiago Caputo, a quien el presidente defiende a “capa y espada”, y a las pretensiones de Karina que desea no tenerlo que enfrentar ni estar cuidándose de los integrantes de “las Fuerzas del Cielo” que le responden.

Se está procurando un armado interno del gobierno con una “plana mayor” con poder y solo respondiendo a Javier y Karina Milei, y un resto obediente, disponible y descartable si se producen alteraciones que pueden perturbar los planes programados para desarrollar en los ámbitos gubernamentales y legislativos.

Este rearmado de fuerzas ha quedado materializado con sus aciertos y defectos en el tratamiento del Presupuesto 2026, que resultó la primera prueba que dejaría en evidencia la capacidad de cambio de Javier Milei.

Si bien con el doble voto de desempate se pudo arribar a lograr sacarlo positivamente del tratamiento en Comisión de Presupuesto, los términos que puedan asegurar el éxito en el recinto está en veremos.

Los acuerdos y posibles negociaciones sobre el contenido del mismo aún no han sido plenamente considerados y la opción de darle participación a gobernadores para el “trazado fino del contenido” aún no empezó y está generando intranquilidad en los mandatarios provinciales. 

En esa “hoguera de egos” sobresale la figura del presidente libertario que no está dispuesto -hoy agrandado por el triunfo y los reconocimientos fuera del país- a ceder, entendiendo que todo aquello que se oponga a sus deseos programáticos es una extorsión. 

En ese escenario, con muchas dudas y recelos, el Gobierno emprende en las próximas semanas la negociación por el Presupuesto 2026, un debate que resultará una de las mejores maneras de establecer la fortaleza del cambio propuesto por Milei y que votó la ciudadanía, a efectos de darle respaldo a la última parte de la gestión política mileista.

Esta lucha de egos plantea una situación en la que se ha puesto en juego el poder de varias personas, generando un conflicto que puede resultar destructivo, algo bastante similar a una “hoguera de las vanidades”. Este marco de acción se está reflejado en un espacio como el político, donde la competencia, la necesidad de superioridad y la ambición personal pueden llevar a la destrucción de las relaciones y objetivos comunes. 

Todo el desarrollo de las actividades que vienen desplegando los nuevos integrantes del staff ministerial de gobierno, conllevan una puja constante con sonrisas y apretones, pero intentando ubicarse en el plano que los acerca más a Karina Milei y, naturalmente, al presidente, quien ha delegado esas “superficialidades” del reacomodamiento en La Rosada a su hermana, manteniendo alejado del proceso reorganizativo a su asesor Santiago Caputo y restándole poder.

Es más que evidente que Caputo quedó aislado, pero bajo el tutelaje de Milei. Si bien mantiene temporariamente las áreas y cajas que están bajo su mando, es evidente el recorte de funciones y la marcación de límites de su futuro accionar.

La máxima autoridad después del presidente es Karina, quien supervisa a Diego Santilli en su tarea principal, que es llevar adelante las conversaciones con gobernadores y legisladores para poder articular con el Congreso de la Nación cada uno de los consensos necesarios para las reformas que vienen de cara al futuro.

En su calidad de ostentar el mando a ella responde Manuel Adorni y los restantes funcionarios, así como legisladores tales como Patricia Bullrich, Sebastián Pareja, entre otros que deben remitirse al “Jefe” para conciliar las operaciones legislativas.

Está claro que el internismo continúa, acentuándose en algunas áreas del gobierno que están siendo reconsideradas para alcanzar la homogeneidad que hasta ahora ha estado ausente. 

A nivel legislativo, la entrega incondicional de la mayoría del PRO ha dejado una clara muestra que Mauricio Macri, ha quedado nuevamente fuera de juego, atento que, sus principales alfiles, hoy están integrados a La Libertad Avanza.

Pero los antecedentes que han marcado otros gobiernos destacan que estas “hogueras de egos” suelen tener consecuencias negativas, como la volatilidad de los liderazgos, la falta de unidad, y la destrucción de proyectos y relaciones; fundamentalmente, cuando se llevan a los extremos donde no prima la razón sino la fuerza y el poder.

Se avecinan meses difíciles y muy controvertidos. El éxito electoral y factores de su proyección internacional, pueden ser obnubilantes que impidan al presidente ver con claridad la realidad Argentina y solo atienda los objetivos propuestos por su gobierno.

Nada nuevo: el exceso del poder no siempre es permanente, tiene fecha de caducidad.
 
 

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