SÁBADO 02 de Mayo de 2026
 
 
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¿Hacia dónde apuntan?...

Vale la pena preguntarse cuál es el objetivo de parte de legisladores pampeanos al presentar un proyecto, firmado por los radicales Hipólito “Poli” Altolaguirre, Gisela Cuadrado y Sergio Pregno; Noelia Viara y Celeste Rivas, de PRO-MID; y Sandra Fonseca y Maximiliano Aliaga, de Comunidad Organizada; para que todos los funcionarios se hagan obligatoriamente controles toxicológicos.

Señalan quienes alientan esta solicitud que “la sociedad demanda integridad y coherencia de sus representantes, especialmente frente a problemáticas tan graves como el narcotráfico”.

El tema no pareciera ser menor en tanto se abre una sospecha generalizada sobre las personas que hoy están ejerciendo cargos públicos en los tres poderes del Estado.

Cuando se enuncian cuadros sospechosos, es imposible evitar que surja la duda al momento de determinar hacia dónde está dirigido el “cañonazo”.

En realidad no es criticable ni existen reparos en lo concerniente a una medida que -según los fundamentos del proyecto- conlleva a que la sociedad tenga absoluta seguridad en relación a los funcionarios que son nombrados, ya sea en el Ejecutivo, Legislativo y/o Judicial.

Sin lugar a dudas, eso brindaría transparencia y reforzaría las normas vigentes que disponen la lucha contra el narcotráfico.

Pero el “tufillo” está y ni bien tomó estado público comenzaron a rodar nombres, los cuales -según la opinión popular- no lograrían pasar el “narcotest” propuesto.

En las puertas de un nuevo suceso electoral, con intensas luchas internas en casi todos los sectores de la política provincial, este “balde de brea” puede manchar y ser utilizado como una herramienta estratégicamente habilitada para eliminar adversarios.

Es, indudablemente, una jugada teñida de claras intencionalidades. No es posible y muchos menos conveniente que se procure profundizar en los objetivos y fines que se persiguen, pero de ninguna manera es un “proyecto inocente”.

Nada que esté vinculado al narcotráfico o al consumo es un chisme sin consecuencias graves. Tomarlo con seriedad impone un análisis acabado de los fines que se persiguen, saber el por qué en estas circunstancias y no, por ejemplo, haberlo consensuado cuando se pretendía alcanzar la “ficha limpia”, un requisito que resulta indispensable para que ocupen cargos públicos quienes están señalados en el terreno delictivo, sea cual fuere el contenido de sus antecedentes.

Pero es -insistimos- llamativo. No resulta una agudeza convenida para jugar duro en las elecciones del 26 de Octubre, ¿o sí lo es? Esto se están preguntando muchos pampeanos y pampeanas que, ante las urnas, deben decidir a quienes quieren como representantes de la provincia en el Congreso Nacional.

Ese ataque sorpresivo de “moralina” deja demasiada tela para cortar. En la primera embestida ya empezaron a hablar por lo bajo porque, más allá de las realidades que puedan existir, es como esperar que sople mucho viento y tirar las plumas. Algunas podrán ser recogidas pero muchas quedarán dando vueltas y eso no es bueno.

El tema claramente busca generar el “toma, ve y dile”, intentando establecer un clima adverso para algún sector político al que sienten oponente difícil de vencer, y una de las maneras de lograrlo es provocando la sospecha.

De esa intencionalidad es difícil apartarse. No es una acción que iluminó al gestor del proyecto, sino que sirve como argumentación para denostar al adversario y colocarlo frente a la sociedad pampeana como “inadecuado” para ser elegido o ser considerado un buen candidato.

No es una mala idea para considerar, pero despierta demasiadas sospechas el momento en que fue elaborada. Tal vez nosotros y muchos que comentaron el proyecto estemos viendo “fantasmas” donde solo hay buenas intenciones.

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