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Las urgencias siguen fuera de agenda

Es un desquicio que estemos discutiendo lo que estamos discutiendo, pero sucede. 

El resultado de lo que pudiste hacer, en determinado contexto, con tus posibilidades y tu potencial, son una medida perfecta de tu éxito o tu fracaso. Lo que vale para la vida personal, es transpolable a la institucional y resulta muy interesante como medida de análisis de lo actuado. Hacer paneos generales repasando títulos de los últimos meses para constatar qué se hizo, en el contexto en el que estamos, sin perder de vista nuestro potencial y nuestras posibilidades, hacer un vuelo rasante, sin detenerse especialmente en ningún tema, sin ahondar en nada en particular, solo pasando títulos a velocidad, es un termómetro infalible para calibrar con exactitud dónde está realmente nuestra cabeza y nuestros intereses.

Hagan la prueba, es un ejercicio muy didáctico e instructivo. Si lo hacen, comprobarán que políticamente el tema central en el que hemos depositado mayoritariamente los esfuerzos, es la pandemia y luego, hay una disputa en la que el tema subyacente es el pugilato del dominio, el juego del poder, la pelea por la autoridad, la potestad, la supremacía. Hay un choque permanente de egos y poderíos entreverados en un caldo de cultivo en el que no están presentes ni la nación ni los ciudadanos, sólo interesa el cetro.

Es un desquicio que estemos discutiendo lo que estamos discutiendo, pero sucede.Los intercambios visibles e invisibles son constantes, una especie de lava subterránea que en cualquier momento hace que el volcán entre en erupción. Por lo pronto, las divergencias asoman por la boca del cráter, el humo que vemos manifiesta semanalmente lo que ocurre en las entrañas de los despachos.

Si corremos o no las elecciones, si aumentamos o no las tarifas, si aumentamos segmentado o no, si emitimos o no emitimos, si hay funcionarios que no funcionan, si las clases son presenciales o no, si el fallo de la Corte es así o es asá, si las vacunas se consiguen o faltan o le toca a Nación, si las provincias pueden y deben conseguirlas. Las desavenencias son entre propios y con ajenos y son irredimibles y las elecciones en el horizonte no hacen más que empeorar el panorama, porque las elecciones siempre son un punto de inflexión, y estas mucho más, porque van a suceder en medio de una pandemia, en un país roto y empobrecido como nunca.

Raro que por ahora no esté entrando en los cálculos de la mayoría de los discutidores, que para ganar las elecciones es mucho mejor contar con la panza de la mayoría llena y una realidad cordial, cosa que no está sucediendo, ni una, ni otra. Estamos en rojo en casi todo: tenemos el sistema sanitario acorralado, la economía en franco deterioro en todos los parámetros, la magnitud de la devastación económica general se aprecia en los índices de pobreza y desempleo, la inflación y la recesión no nos dan tregua, a esta altura no estamos en crisis, estamos en la crisis de la crisis. Claramente, no es un escenario muy halagüeño para atravesar elecciones.

Imposible además soslayar que el gobierno nacional concentra sus discursos y recomendaciones casi de manera exclusiva en el AMBA y provincia de Buenos Aires, que es donde se desarrolla la pelea de fondo del pugilato argento. Respecto al resto del territorio hay alguna que otra referencia, pero siempre menor, la supremacía absoluta está dada por esos espacios, motivo por el cuál, el discurso federal sobre el que tanto hincapié hace el Presidente, está disociado de sus acciones. La realidad, que es inapelable, da cuenta de esa contradicción.

Repetimos lo mismo que hemos dicho una y mil veces, no hay plan, no hay agenda, hay discurso. Los que menos tienen, los más vulnerables, las ayudas sociales y el sostenimiento a los que sufren, son la constante en las palabras de todos, pero es eso, maquillaje y nada más. No hay un plan que marque una agenda para evolucionar, nada que indique cómo vamos a aumentar la producción, cómo vamos a generar empleo, cómo vamos a ayudar a que cada vez menos argentinos necesiten ayudas sociales.

Como dijo en el siglo II antes de Cristo el senador romano Catón el Viejo, Res non verba, hechos, no palabras. El resultado de lo que pudiste hacer, en determinado contexto, con tus posibilidades y tu potencial, son una medida perfecta de tu éxito o tu fracaso. Un termómetro infalible que por ahora indica que nuestras necesidades urgentes siguen sin estar en agenda.

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