Una frase vulgar, que es utilizada por gran parte de la sociedad cuando pretende decir que se está procediendo al revés, o contrariamente a los objetivos que se persiguen.
“Poner el carro delante del caballo”, o de los bueyes, es una expresión que significa hacer las cosas en el orden incorrecto, precipitándose o invirtiendo la secuencia lógica de un proceso. Indica que se intenta obtener un resultado sin completar primero los pasos preparatorios necesarios para el éxito.
Este dicho se adecua para plasmar con alguna exactitud las actitudes que están llevando al “dúo” mileista a chocar inevitablemente con una reacción social que no acepte más condicionamientos con promesas que no se cumplen.
Lo hemos venido manifestando en diversas entregas de esta columna, dado que no alcanzamos a comprender la excesiva paciencia que está mostrando una parte de la ciudadanía -dejamos de lado el núcleo duro del mileismo- que admite la mentira, la soberbia, el exceso del poder de los hermanos que se consideran por encima de todo el pueblo argentino.
Un ego que supera lo inimaginable, al punto que transforman el gobierno de la Argentina en un escenario ridículo en el cual la hermana del presidente argentino, a quien nadie votó, pero gobierna, se exhibe en una tristísima escena que pretende sea nacional: el festejo de su cumpleaños. Una figura retórica perfecta del Estado y la política como instrumento de celebración personal.
Esto no es una novedad, su hermano, el presidente de los argentinos -que sí fue votado- se ve como un “rock star” y se presenta en escenarios farandulescos cantando y bailando, cuando el país a su alrededor se está cayendo a pedazos.
Ya anuncia su vocero artístico Roberto Piazza, que está programando un espectáculo destinado a reunir fondos para su Fundación y que contará con la participación de su “amigo” Javier Milei, quien lo hará cantándole una canción a la conocida artista e imitadora Fátima Florez, que supo ser -en un determinado momento- su pareja y participó de actos oficiales en calidad de primera dama.
Estos son parte de los episodios que, han trascendido, tienen como protagonistas a los hermanos “presidente” y a varios de sus colaboradores, profundizando más la grieta que los está separando de quienes, en algún momento, hace de esto dos años y meses, creyeron a “pié juntillas” que aquello que decían era el futuro de un gran cambio, cuando la realidad los golpea y les muestra que es una obra “teatral” que se realiza en el gran escenario montado sobre la Argentina.
Usan como bandera el “No somos lo mismo” y se acumulan las denuncias por coimas, prebendas, negocios que señalan corruptela, funcionarios que se enriquecen, mientras pontifican que ellos hacen de la decencia una norma de vida. La “casta corrupta” era la otra.
La anormalidad y las situaciones judiciables van en aumento y tocan todos los niveles del staff gubernamental. Se ha materializado una expansión incontrolada de la corrupción o prácticas antidemocráticas desde un foco inicial hacia todas las estructuras del Estado.
Las acciones denunciadas fueron cometidas por el secretario de Finanzas, Federico Furiase y el tuitero en jefe, Felipe Nuñez, sindicados como los principales generadores del escándalo del Banco Nación han provocado un sofocón al ministro Luis “Toto” Caputo, considerado “el impoluto”, la mosca blanca, la racionalidad, el “de verdad”, entre tanto amateur mileista.
Una cosa es la zona gris de los delitos de cuello blanco de las altas finanzas internacionales, las comisiones de los créditos en dólares, discretamente tramitadas en oficinas vidriadas, y otra muy distinta hacer uso de fondos de la banca pública.
Se han realizado denuncias y se investigan las formas que se utilizaron para el logro de multimillonarios préstamos que, en su mayoría, fueron otorgados por el Banco -que el gobierno había anunciado cerraría- a funcionarios y legisladores que militan en el marco del sector libertario.
Se registró una diferencia en el comportamiento y reacciones que se materializaron cuando trascendió el tema de los créditos y respondió la acción de la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, quien le pidió la renuncia a su jefe de gabinete, Leandro Massaccesi, uno de los beneficiados que figura en la lista.
Según pudo conocerse, la decisión se tomó de manera preventiva con el objetivo de aplicar el perfil bajo y la decencia que promueve la cartera ante la información de que el funcionario había tomado un crédito hipotecario en Banco Nación.
Ahora está en marcha el proceso para “separar la paja del trigo” y, si bien existe un encuadre ético que coloca a los funcionarios en una difícil situación frente a la sociedad, tendrán que determinar dónde existe -si es que hay- alguna acción ilegal, que ponga en evidencia la existencia de corrupción. Eso, por ahora, no se se sabe.
Sigue haciendo mucho ruido en la ciudadanía el factor moral que tanto preocupa al presidente Milei y que ahora, tras el escándalo $Libra y la acciones del Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, levantaron la alfombra y se comenzó a descubrir mucha mugre que se había tapado con el “verso” de “Nosotros no somos lo mismo”.
La moral no se materializa poniendo una vara muy alta para diferenciarse; ni es una materia que se enseñe, acompaña a la formación integral del ser humano que la demuestra en cada acción de su vida.
El escenario de los más decentes, los impolutos, ya se cayó y les resultará extremadamente difícil volver a levantarlo. Javier Milei no va a cambiar, su hermana Karina tampoco y, por ende, tampoco lo harán quienes los acompañan.
La ciudadanía tiene la oportunidad de generar el cambio, si es que quiere recuperar una Argentina que ofrezca futuro.



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