La pregunta podría tener -o tiene- una respuesta donde se fijan otros interrogantes que señalan si realmente “existen esos límites” que impone la naturaleza humana cuando, por circunstancias diversas, llega a tener un super poder.
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Creemos que eso es lo conflictivo y extremadamente difícil de manejar: saber hasta dónde se puede llegar, más allá de los condicionamientos que le están otorgando primacías sobre el resto.
Se puede considerar soberbia, egos desmesurados y, porqué no, presuponer que la mente humana es un “laberíntico” esquema donde se conjugan los sentimientos y la lucidez mental para discernir entre lo bueno y lo malo, el equilibrio emocional, el factor inteligencia, entre otros aspectos que, de acuerdo a las preponderancias de unos u otros, coloca a determinados personajes por encima del común de la ciudadanía.
Es el equilibrio emocional y mental con la fuente que genera la capacidad psicológica de reconocer, procesar y gestionar emociones y pensamientos de manera constructiva, sin reprimirlos, permitiendo una adaptación saludable a los cambios.
No implica la ausencia de emociones negativas, sino la habilidad para mantener la estabilidad, la resiliencia y un juicio claro ante situaciones desafiantes. Es uno de los factores que hacen que se confunda el lograr tener el poder y manejarlo a su antojo, sin pensar que enfrente hay otras formas de pensar, obrar y observar las formas de vivir.
Cuando se mezcla todo el contenido, aparece el personaje que no admite oposiciones, convirtiendo sus palabras y hechos en obligaciones a las cuales deben responder quienes considera sus sometidos.
La historia tiene contenidos de quienes, durante su vigencia, impusieron una forma de vida que ellos interpretaban como la que correspondía: colaboradores, sometidos, esclavos y serviles que conformaban sociedades extremadamente desiguales, que tuvieron finales trágicos.
En realidad, todo tiene un límite; resulta grave y enfermizo no percibirlo y suponer que para su “poder” no existen esos parámetros que encuadran a las distintas sociedades del mundo moderno.
Donald Trump llegó a ser uno de los empresarios más poderosos y ricos a merced de esa formación mental que lo ubicaba por encima del resto, impuso con estrategias diversas un “reinado” en donde su palabra era una orden.
Así fue el primer mandato del gobierno de los EEUU, uno de los países más poderosos del mundo, al que llega por el fracaso de quienes enfrentaron sus políticas hegemónicas.
Tras diversas alternativas, volvió a ser la cabeza conductora, pero ahora sabiendo que las decisiones no podían ser contemplativas ni regidas por normas constitucionales, sino ajustadas a su voluntad de ser el líder absoluto de un nuevo mundo.
De esta manera, le aseguró al pueblo norteamericano que bajo su mando volverían a constituirse el país más poderoso del orbe.
Y comenzó una tarea pensada y elaborada con objetivos claros: constituirse en el eje de las soluciones mundiales basado en una formación ideológica que debería erigirse en la línea rectora para el resto del planeta.
De esta manera, investido del gran poder: intervino en Gaza, se unió a Israel, pretendió ponerle fin a la invasión rusa a Ucrania y amenazaba a diestra y siniestra a quienes pretendían manejar sus propios países.
Pretende armar un frente que se oponga al crecimiento del gigante asiático, y ahora conjuga acciones para contrarrestar la presencia, cada vez más influyente en el mundo, de
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El concepto “todo tiene un límite” se refiere a la existencia de restricciones, bordes o puntos máximos, ya sean físicos, temporales, sociales o matemáticos. Define una separación, un punto de no retorno o una norma de funcionamiento representando la tendencia de una magnitud hacia un valor extremo sin necesariamente tocarlo.
Un punto de inflexión es esencial para el desarrollo de la empatía y el respeto, actuando como normas sociales y de comportamiento. En psicología, se refieren a las restricciones personales para relaciones sanas.
Ese factor es el que ahora está ausente. Es la dura imposición del más fuerte, es el miedo que genera la constante amenaza. Es el marco previo a una dictadura moderna, con otros matices, pero que, en definitiva, no deja de ser la voluntad, los objetivos y el deseo de los más poderosos.
Sin embargo, en ese mismo marco está presente el desgaste y con ello, la reacción social que en alguna instancia de su vida -y en aras de proteger a su progenie- dice “basta”, este es el punto final del límite.
Debemos empezar de nuevo y buscar otras opciones.
El interrogante que no encuentra respuesta es si Donald Trump y en Argentina, Javier Milei, lo han percibido.



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