LUNES 15 de Junio de 2026
 
 
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¿Cuál es el juego?...

Tal vez la otra pregunta debería ser ¿a quién beneficia?. Estos interrogantes y varios más que se nos ocurren, surgen cuando vemos los manejos extraños que se materializan cuando trascienden determinadas reuniones pre-electorales, que se desarrollan en el ámbito del oficialismo provincial.

No vamos a internarnos en los vericuetos personales de los que están aplicando estrategias para no perder imagen o un poder que se ha ido desgastando con el tiempo. Creemos que no vale la pena analizar aquello que ya fue.

Sorprende, y no es fácil entender en qué los beneficia a quienes, siguiendo sus maniobras de “no aparecer”, le sacan el cuerpo a las diferentes reuniones, organizadas por el gobernador Sergio Ziliotto, a cargo de la campaña que se viene programando, para enfrentar, en todos los ámbitos de la provincia de La Pampa, las elecciones para legisladores nacionales del 26 de octubre.

Es notorio el ausentismo de los dos “alcaldes” de las principales ciudades y, por ende, los distritos con mayor volumen electoral, Santa Rosa y General Pico, que al no estar dejan señales que cada uno puede interpretar de la manera que mejor le venga, si es que vale la pena hacerlo.

Sabido es que el capitalino, que procede de una familia de profundas raíces radicales, convertido hoy en un oponente inserto en las filas del peronismo, habiendo realizado su ingreso tras ser dirigente activo de la agrupación La Cámpora -de la cual se disoció, al no aceptar compartir el poder con la representante genuina “Luchi” Alonso-, hoy muestra que está transitando por un carril -no opositor- con apetencias de lograr el poder que ostenta quien termina su mandato en el 2027 y no puede repetir.

En la otra esquina del cuadrilátero, preparando sus “cañones”, quien ejerce la intendencia de la segunda ciudad pampeana, General Pico, sede y núcleo de la línea interna “La Plural” que fundó y le dio fortaleza el ex gobernador Carlos Alberto Verna. Hoy alejado, pero no retirado.

La única, o digamos la principal conclusión que surge -naturalmente hay otras- es que siguen planificadamente una acción que tiene como objetivo marcar un camino hacia el poder. Para ello, entorpecer, parecería lo único que se les ocurre.

Para muchos integrantes de la sociedad pampeana fieles a la condición ideológica que los llevó a tener siempre claro hacia dónde emiten su voto, estos supuestos gestos no representan nada más que una intención de enmarañar o marcar quiénes ansían tener el poder.

Tal vez -nos decía un veterano de lides políticas- “se olvidan mirar cómo llegaron al lugar que hoy ocupan”. Esa situación les permitiría poner en claro sus ideas y descubrir que hoy están porque los pusieron, con un respaldo político detrás que empujaba porque solos, presumiblemente, seguirían en el llano. 

El poder interno no se mide por mostrarse ajeno a la voluntad de la mayoría partidaria. En la Pampa hay ejemplos válidos para tener en cuenta, porque fueron protagonistas de una derrota y la pérdida de fortaleza legislativa, siguiendo directivas equivocadas.

Vacacionar o “hacer la plancha” mirando para otro lado no genera más que perjuicios políticos, que se trasladan favoreciendo a los sectores opositores que ven, en esas fisuras internas, posibilidades de obtener “pingües” beneficios. Eso ya pasó, pero parece que pretenden reiterar el fracaso.

Los nombres poderosos alguna vez sufren, por el natural transcurso del tiempo, un desgaste que los inhibe de poner condicionamientos a quienes empujados generacionalmente están en el mando. 

El empecinamiento de pretender seguir siendo herramienta de poder solo provoca un profundo deterioro interno que no ayuda y conspira con el futuro de quienes se perfilan como sucesores y responden, como lo han hecho siempre, a las indicaciones del patriarca. Pero la autoridad se diluye con los años, no así la imagen que supo construir.

El sistema de mostrar un juego de distanciamiento no favorece a los intereses de los que pelean por mantener la legitimidad de un gobierno. Alguien conocido y respetado en los cuadros del peronismo pampeano sostenía que “los trapos sucios se lavan adentro y a puertas cerradas” y agregaba: “Ventilarlos o mostrarlos es entregar argumentos políticos a los que pelean enfrentándolos”.

Sería importante y lograría “desasnarnos” saber -sin argumentaciones falsas- qué objetivo logran quienes no aportan su presencia, dado que provocan comentarios que no siempre son ciertos ni fortalecen.

Estando, pueden plantear los aspectos con los cuales no concuerdan, discutirlos, ponerlos a consideración de la mayoría y saber dónde están parados. Hoy nadie tiene certeza de quiénes son y qué bloque de la ciudadanía los respalda. 

El poder se gana con esfuerzo y actitudes que la ciudadanía observa antes de decidir su voto. Como decía Nicolas Maquiavelo: “Aquel hombre que por su voluntad de poder pertenezca al tipo gobernante, deberá -por su bien y el de sus súbditos- adoptar una ética de la responsabilidad”.

Hay que replantearse el futuro. La pampeanidad lo exige. 
 

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