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La travesía de quienes buscan volver: un joven ranculense relató su historia

Maximiliano Salinas es un joven oriundo de la localidad de Rancul que decidió iniciar un viaje en búsqueda de nuevos horizontes por países como Chile, Perú y Ecuador, pero en este último se topó con vivencias que jamás imaginaría. La pandemia mundial que genera el Covid-19 lo atrapó en una provincia cercana a Guayaquil, donde el Coronavirus azota muy fuerte a los pobladores.

Agencia Rancul - En primera instancia, Maximiliano Salinas, joven repatriado luego de quedar varado en Ecuador por el coronavirus, resaltó ante La Reforma su alegría de volver a casa y contó que “mi familia supo que me venía cuando me subí al avión, en la gestión se fueron cayendo algunos viajes y fueron muchos días de espera. Para no generarles tanta ansiedad no dije nada hasta que me subí. Ahora esperamos el momento de reencontrarnos, faltan 14 días más pero ya siento el calor de mi gente”.

Aun así, de la mano de su tranquilidad por estar en casa, también llegaron las historias que alojará por siempre en su memoria sobre lo que está ocurriendo en el país que lo albergó durante los últimos meses.

El regreso no fue fácil en medio de todos los protocolos que deben cumplir los repatriados y el itinerario para llegar tampoco fue menor: “ha sido todo una travesía, hice uno 13 mil kilómetros para poder llegar. En principio me había ido a Chile donde pasé un año y después viajé a Perú y en febrero llegué a Ecuador que se encontraba en plena temporada. Trabajé en la costa y en marzo cuando se declaró la pandemia mundial quedó varado en un pueblito muy pequeño y desde ese día empezamos cuarentena. En Ecuador desde el día ‘uno’ se comenzó a usar barbijo, pero el país no estaba preparado para afrontar algo así, ni sus hospitales, ni los medicamentos, la situación era muy grave, no se podía trabajar desde el primer día. La gente no tenía para comer y nos ayudábamos entre vecinos”, contó.

Ranculense repatriado
El joven ranculense de regreso en su vivienda.
El joven ranculense de regreso en su vivienda.

Asimismo, Maximiliano detalló que con el correr de los días, los argentinos se organizaron e iniciaron los trámites para conseguir su regreso al país “con un grupo de argentinos en Ecuador empezamos a tramitar el regreso. Éramos muchos: mochileros, viajeros, artesanos, que no teníamos los medios para volver pagando a Argentina y empezamos a gestionar con grupos de WhatsApp y nos pusimos en contacto con la embajada, en línea directa con Felipe Solá”.

“Nos costó mucho porque había que hacer una logística en relaciones exteriores y llegar a un acuerdo con el protocolo de Salud, con el Ministerio de Transporte y con la Policía porque era grandísima la logística que había que desplegar en Ecuador porque estábamos repartidos en muchos lados y allá desde el día uno se cerraron las fronteras entre provincias y no había movilidad”, detalló.

Sobrevivir

En cuanto a la gestión iniciada en esos momentos, el joven de Rancul mencionó que “el Gobierno argentino nos ayudó a través de la embajada, nos dieron una tarjeta para que pudiéramos comer todas las semanas porque nadie podía generar ingresos y se complicaba el día a día a los que vivían allá y quizás alquilaban una casa y los estaban desalojando. El Gobierno se portó muy bien con nosotros, se hicieron cargo desde el primer momento pero nos tuvimos que organizar mucho y empezar a hablar con quienes teníamos que tratar, eran solamente cuatro personas en Ecuador que tenían que organizar a mil. Trabajamos en grupos, con delegados, hasta que empezaron a sacar los primeros vuelos”.

El primer vuelo fue pago, salía muy caro el pasaje, eran 500 dólares que para los que viven el día a día era imposible. Así fue que luego empezamos a tramitar los vuelos humanitarios de repatriación, que eran Hércules, es decir, aviones de carga con asientos para que nos pudieran traer y sacamos tres vuelos. Después empezaron a llegar cascos blancos para hacer la logística. Quedaba el último vuelo y yo seguía en lista de espera hasta que tuve la suerte de salir en este último. Ahora se confirmó uno más que saldrá desde Guayaquil, uno de los lugares más infectados de EcuadoR

En cuanto a los protocolos de regreso, Maxi dijo que “gracias a Dios pudimos tener todos los protocolos de seguridad e higiene, en ningún momento nos sentimos en peligro, nos controlaron en todo momento la fiebre, pasamos por muchísimos controles y pudimos abordar el avión. Tardamos 10 horas en llegar a Argentina y cuando llegamos bajamos en Palomar y nos llevaron a Retiro a quienes éramos del interior y a la gente de Capital la llevaron directamente a un hotel a hacer cuarentena. Después nosotros salimos en un bus desde Buenos Aires y a las 10 de la noche del viernes llegamos a Santa Rosa y ahí, gracias a la directora del Hospital, Roxana del Sueldo, pudimos hacer la logística para que me vayan a buscar con todas las medidas y siguiendo los protocolos para llegar a casa, pasando antes por la Posta Sanitaria del ingreso al pueblo y por el Hospital a hacer más controles”.

Cuarentena

En cuanto a su viaje, el joven también detalló que “a penas nos subimos al avión nos dijeron que cada 4 horas nos cambiáramos las mascarillas, los guantes, constantemente nos desinfectaban pero teníamos que tener mucho cuidado porque no se sabía quién podía estar infectado. El protocolo fue muy estricto para que no tuviéramos contacto con nadie. En nuestro vuelo no apareció ningún caso pero en otro sí, presentaron síntomas y automáticamente los aislaron a todos”, reveló.

Respecto a su salud, Maximiliano aclaró que se encuentra en buen estado, haciéndose chequeos y “ahora tengo que cumplir la cuarentena en casa, son 14 días más, estoy bien pero voy a seguir haciéndome los controles médicos para mi tranquilidad y de toda la comunidad, para que nos sigamos cuidando y no tengamos ningún problema”.

Al mismo tiempo reveló que “estoy solo en casa, mi mamá se fue a casa de mi hermana porque entra en los grupos de riesgo vulnerables y, además, bajando del avión realizamos una declaración jurada donde nos preguntaban si nosotros tenemos un domicilio donde podamos estar solos. De lo contrario, teníamos que hacer la cuarentena en Buenos Aires o sino la provincia nos asignaba un hotel para hacer la cuarentena”, puntualizó.

Panorama desolador

Respecto a la situación que vivió durante las últimas semanas en Ecuador, el viajero recalcó que el foco infeccioso se encuentra en Guayaquil, “yo tuve la suerte de estar en la provincia de al lado, Santa Elena, y, si bien donde nosotros estábamos no había contagios, sí veía lo que ocurría en los medios y te ponía la piel de gallina. Nos enviaban videos que no los compartí para que mi gente no viera eso porque era impactante ver cómo la gente se moría en la calle, ya no había ataúdes y los que quedaban salían 500 dólares cuando el sueldo básico en Ecuador es de 400. La gente hasta el día de hoy no encuentra a sus familiares fallecidos, hay una gran desinformación, allá el Gobierno miente muchísimo sobre los números reales, no hay ayuda para las personas, no hay insumos para el personal médico que ni siquiera les compraban mascarillas, salieron a luz casos de corrupción, estaba tan saturado el sistema de funeraria que se apilaban los cadáveres en contenedores, estaban tirando cadáveres al mar”, lamentó.

Era una locura muy grande la que se vivía, ofrecían ataúdes de cartón para los familiares que ni siquiera podían hacer un entierro porque se cremaban o se sepultaban en fosas comunes sin identificación y hasta el día de hoy hay gente que no sabe dónde está su familiar que falleció. La situación allá era muy mala y a eso se sumaron los casos de Dengue

La situación de los argentinos también fue convirtiéndose en desesperante con el correr de los días, tal es así que, según explicó Maximiliano “había gente que estaba viviendo muy bien en Ecuador, con trabajo estable y su casa, pero decidió venirse porque el Estado ya no podía atender a los ecuatorianos, menos lo haría con extranjeros como nosotros”.

En su caso particular, el joven se había instalado en un pequeño pueblo para trabajar en la costa ecuatoriana, y según aseguró “el pueblito era de unos 4000 habitantes y sólo ahí éramos 140 argentinos. Estábamos todos en un grupo de WhatsApp hablando y ayudándonos continuamente y gracias a esa unión entre nosotros y la ayuda de mucha gente de allá, estuvimos bien, contenidos, sólo teníamos que esperar que nos llamaran por nuestro vuelo”.

Desinformación

La situación que conoció el joven de nuestra localidad no fue la mejor, según su percepción de la realidad ecuatoriana, “allá el Gobierno y los medios mienten mucho, daban una cifra y después medios independientes las contrastaban con otros datos, se gastaba más plata en publicidad y fotos ayudando que lo que realmente pasaba. Nosotros sentimos mucho miedo por estar lejos de nuestras familias, nadie te podía ayudar, estas lejos de tu casa y veías que la gente se estaba muriendo y que cada vez había menos plata para sobrevivir, si te llegaba a pasar algo el presentimiento que uno tenía era que te iban a tirar al mar para que te murieras”, lamentó.

Por último el joven de Rancul pidió a la comunidad “que se queden tranquilos que por el momento viene saliendo todo bien, me faltan uno o dos estudios que ya los terminaremos de hacer, pero estoy bien, sin síntomas y voy a cumplir la cuarentena en casa”.

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