Agropecuarias | Carne vacuna

Destacan que la industria cárnica argentina puede ser sostenible y además generar energía

El Bife de Chorizo promedio en un restaurante de Buenos Aires pesa 350 gramos.

Para procurar esa suculenta porción de carne se requieren aproximadamente cinco mil litros de agua; se se deja en el plato unos 30 gramos del bife, estaría arrojando a la basura casi 430 litros de agua (Acorde a la Organización Mundial de la Salud el ser humano necesita 100 litros de agua al día para satisfacer sus necesidades de consumo e higiene).

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), del total del agua dulce que se extrae en todo el mundo, el 70% se utiliza para el sector agrícola. El resto se reparte entre la actividad industrial (19%) y municipal o potable (11%). Estos datos obligan a buscar maneras de producir alimentos de forma más sustentable, sobre todo con una proyección de 9 mil millones de personas en el mundo para 2050.

La industria cárnica es una de las más cuestionadas por sus efectos en el ambiente y uso del agua. Se le atribuye favorecer al efecto invernadero, contaminar las aguas y ser causa de la desertificación, siendo uno de los sectores productivos con mayor Huella Hídrica (índice de consumo de agua que subyace a toda actividad).

La huella hídrica de un kilo de carne es de más de 15 mil litros de agua. En este caso consiste en el recurso que se usó desde el riego del pasto que alimenta al ganado hasta el agua que se emplea en el frigorífico para el faenado. En los asados del fin de semana se podría hablar de más de 25 mil litros de agua para una familia de 4 personas. Sin embargo, nuevos procesos y tecnologías pueden disminuir este índice de gasto hídrico. Así lo dio a conocer la Asociación Latinoamericana de Desalación y Reúso de Agua, ALADYR.

Entre las alternativas que ayudarían a la sustentabilidad de la industria cárnica está el reúso de agua para aprovechar cada gota. Esto permitiría reducir la huella hídrica implementando la economía circular.

Para Agustín Varela, Business Developer de Fluence, una de las empresas socias de ALADYR que hace vida en Argentina, existen experiencias nacionales de reúso pero aún falta llevarlas a un mayor desarrollo para que se pueda hablar de una gestión realmente sostenible.

“El agua debe juzgarse por su calidad sin importar su origen”, dijo para argumentar que el reúso es seguro incluso para la producción de alimentos puesto que con las nuevas tecnologías es posible “obtener agua de altísima pureza a partir de los efluentes (remanentes líquidos de procesos) más contaminados”.

Varela explicó que la provincia de Mendoza es un digno ejemplo de cómo la crisis hídrica incentivó a las autoridades a llevar un control exhaustivo de las actividades que demandan el recurso, a la vez que regula los parámetros de calidad del agua según el uso que se le dará luego del tratamiento. “El buen control es clave”.

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