Es una de las realidades que vive el mundo moderno, sacudido por la acción de las nuevas ciencias, la IA y la avanzada tecnológica que envuelve a las sociedades y las transforma o intenta hacerlo.
Todo ese andamiaje es utilizado por quienes están un paso adelante de la ciudadanía en general. Se trata del ejercicio del poder, de los egos sobredimencionados, excesiva soberbia y los niveles sociales cambiantes.
“Todo cambia, nada cambia”, es una paradoja que refleja la constante transformación de lo superficial (el mundo, el clima, las personas) frente a la permanencia de la esencia profunda, la memoria o la estructura. Puede interpretarse como la aceptación del cambio inevitable (Heráclito) o como la transformación personal que altera la percepción del entorno, incluso si este último sigue igual.
Ya nada o muy poco nos sorprende. Guerras modernas en procura de alcanzar poderes y liderazgos hasta ahora no logrados, que van generando sociedades que ya no responden a determinados mandos políticos, regímenes morales y convivencias naturales entre los humanos. Es una despiadada lucha por tener y ser más que el otro.
Nos llamaba la atención el despertar de Corea del Norte y su proyección convertida en una formal amenaza para el mundo de Asia Oriental. El actual líder supremo y jefe de estado de Corea del Norte es Kim Jong-un, quien asumió el poder en 2011, y se ha erigido en un punto central en los debates internacionales sobre relaciones y seguridad, especialmente debido a su programa de armas nucleares y las tensiones con Corea del Sur y Estados Unidos.
En otra parte del norte de Asia, se levanta poderoso uno de los países más controvertidos del mundo, comandando por Vladimir Putin, que se siente el líder absoluto y dueño de todos los pequeños países con los cuales limita y hecho que dio origen de la guerra -que aún persiste- con Ucrania.
Y como si hubiera que agregarle condimentos explosivos, vuelve al gobierno, por segunda vez en los EEUU, el candidato republicano, fuerte empresario Donald Trump, quien fiel a su actitud de “mandamás” promete convertir al pueblo norteamericano en el más fuerte del mundo.
Se inicia con simultaneidad una escalada por el poder, generada en las distorsiones político-sociales de varios países, a los cuales apunta Trump convertirlos en subalternos del poder americano y manejarlos política-social y económicamente.
En algunos -como Argentina- resultó fácil ante el decidido vuelco del presidente Javier Milei de convertirse en un incondicional de los EEUU, respondiendo positiva y obedientemente a los dictados que se realizan desde los distintos estamentos del gobierno estadounidense.
Cayó Venezuela y hoy responde con sus acciones a las directivas americanas. Está bajo amenaza Cuba y la ambición por el manejo de un elemento que requiere el mundo: el petróleo... Trump vió la oportunidad de un gran liderazgo mundial si lograba imponer condiciones en el Medio Oriente, una de las cuencas de petrolíferas más importante del orbe.
Así está la Tierra, en las puertas de una posible tercera guerra mundial, pese a los ingentes esfuerzos que se realizan desde diferentes ámbitos para imponer sensatez y lograr sentar a los interesados en una formal mesa negociadora, donde el objetivo central sea lograr la paz.
Todo indica que nadie quiere perder, más allá de los daños materiales, humanos y el costo de una actitud beligerante que está generando la confrontación actual.
Es el dominio territorial y ejercer una reconversión con fundamentos religiosos de cada país, -sionistas, antisemitas, judaísmo- y las tendencias orientales -budismo- todas líneas que son parte de la historia y formación social.
Esa tendencia de la frase “cambiar para que nada cambie” describe una transformación superficial diseñada para mantener el statu quo, fenómeno conocido como gatopardismo.
Sinónimos o conceptos afines incluyen la renovación aparente, reforma superficial, simulación de cambio, o apariencia de novedad, donde la estructura fundamental permanece inalterada.
La Argentina está en ese escenario conflictivo, controversial, en el que gran parte de la sociedad se está enfrentando con una realidad que está fracturando el tejido social.
Te dicen “venimos para cambiar”, agregan “Nosotros no somos lo mismo” y quienes eso sostienen hoy son protagonistas de acciones judiciales que los investigan por sucesos estrechamente ligados al accionar de la corrupción, fundamentalmente la que se instrumenta desde el Estado, que brinda un poder que a otros les está vedado.
Esto que estamos viviendo también se conoce como gatopardismo, cambio cosmético, reforma superficial, simulacro de cambio o inmovilismo disfrazado. Indica una transformación aparente que esconde una inmutabilidad de fondo, a menudo usada en política.
Las sociedades han comenzado a padecer los efectos del relato por sobre la realidad que les toca vivir. Las reacciones sociales se están evidenciando cada vez con mayor crudeza.
La necesidad y el hambre son generadores respuestas no queridas.



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