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Una causa que dará un giro muy grande

El hecho ocurrió entre la noche del 19 de enero de este año y la madrugada del día siguiente, en el lugar donde funcionó el llamado bar El Correntino.

El hecho ocurrió entre la noche del 19 de enero de este año y la madrugada del día siguiente, en el lugar donde funcionó hasta horas antes, ese día, el llamado bar El Correntino. El mismo estaba ubicado en pleno barrio El Molino, 27 entre 2 y 102, y acudían a él diariamente un número importante de parroquianos.

Sobre la media mañana del 20 de enero, una vecina del lugar fue la primera que alertó sobre alguna situación atípica en dicho bar, donde no se registraba movimiento alguno. Eso derivó en la intervención policial y el ingreso al recinto donde se encontró sin vida el cuerpo de Ernesto Ramírez (42 años) propietario de dicho local, donde también vivía –aparentemente- sin compañía.

La investigación judicial tuvo un recorrido complicado, de varios días, antes de llegar al autor de ese crimen violento, calificación que se desprende de la cantidad de puñaladas (entre 9 y 11) que recibió Ramírez y que le ocasionaron la muerte.

La carátula “Homicidio en ocasión de robo” quedó instalada con el fiscal Guillermo Komarosfky al frente de la investigación. Luego de varias demoras sin éxito para el esclarecimiento, se detuvo a un joven de unos 23 años, que estaba en situación de calle, que tenía vínculo con Ramírez desde hacía mucho tiempo, dicho por testigos que lo habían visto acudir habitualmente al bar.

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La lectura inicial que se hizo es que este joven volvió luego de que el bar esté cerrado al público (había estado horas antes en contacto con el dueño), supuestamente con fines de robarle pertenencias y lo terminó matando. Igualmente, los investigadores siguieron avanzando luego de la detención, porque si bien la hipótesis tenía sus argumentos (faltó el teléfono celular de Ramírez), en el interior de la vivienda se encontró una caja con dinero, que no se entendía por qué no se la llevó quien entró al lugar y mató al propietario, para la policía, con fines de robo.

Ese avance investigativo pudo confirmar también que la relación del imputado y la víctima del homicidio, no era la típica del cliente que llega al bar para tomar algo y sólo comparte ese momento con el dueño o los demás asistentes.

Esa ardua investigación pudo saber que las visitas de este joven se habrían iniciado hace años, se estima que fue cuando aún era menor de edad, por alguna convocatoria que le hizo Ramírez, algo que supuestamente hacía con chicos del barrio que estaban en situación de calle o de clara vulnerabilidad.

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Situaciones dificilísimas que tuvo que atravesar en su niñez, el ahora imputado, derivaron en esa “situación de calle” que, inevitablemente, lo dejó expuesto a todo tipo de riesgo que puede tener el criarse de esa manera.

Con esto no es la idea justificar lo que hizo, porque del juzgamiento se encargará o se encargarán las autoridades judiciales. Sí confesarles que en el interés periodístico que el hecho despertó, como nos puede pasar con cualquier causa conocida, en este caso nos llamó la atención la reciente novedad que todo se encamina a un juicio abreviado, donde el imputado va a reconocer la autoría de la muerte de “El Correntino”, pero con el conocimiento de los investigadores de cómo se llegó a semejante desenlace.

¿Un caso de explotación sexual?

Ya entrando decididamente en los resultados de la investigación periodística realizada, pudimos comprobar que la relación que unía a víctima y victimario, era sexual.

Testimonios y pruebas recolectadas dejaron saber que, durante mucho tiempo, el detenido recibió del propietario del bar dinero, comida o bebidas, que nadie tendría que ver mal por esa situación difícil comentada, pero no si esto lo daba a cambio de favores sexuales que le pedía el hombre mayor.

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Esta actitud, insistimos, Ramírez la habría tenido anteriormente, o paralelamente, con otros chicos del barrio. Y en un día más de lo que se puede definir como una pervertida acción, algo diferente ocurrió y que tuvo que ver con la reacción violenta del joven, a tal punto de tomar un cuchillo y atacarlo con ferocidad hasta matarlo.

¿Qué pasó para que naciera semejante reacción?, ¿qué reglas “de juego” cambiaron para que la noche no termine como otras anteriores...?

Alguna versión para dar respuesta a esos interrogantes tenemos, pero ya creemos que hacer referencia a eso es caer en un terreno más morboso del que ya entendemos que estamos.

Sí podemos anticipar que, en el terreno estricto de la investigación judicial, la carátula con la que se juzgará al autor de la muerte de Ramírez, mantendría la figura de homicidio, pero no atado como causa principal a la intención de robo, sino a la de emoción violenta, que se apoderó de él y lo transformó en descontrolado individuo empuñando un cuchillo con el que hizo un desastre.

Los antecedentes de una supuesta explotación sexual, donde el término abuso también cabe para lo que se produjo en esa noche trágica de enero de este año, influiría en gran medida para entender lo que llevó al joven a un desenlace violento, pero que actuaría esto como atenuante significativo a la hora de dictarle la pena final.

Insistimos, el hecho atroz de esa noche de enero es repudiable, pero también lo es la situación a la que estuvo expuesto este futuro condenado, desde su niñez y, fundamentalmente, desde el momento en que empezó al relacionarse con quien terminó siendo la víctima de un asesinato.

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