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Antes que resulte incontrolable

El Gobierno preanuncia el lanzamiento de medidas pospandemia, pero sigue diciendo que no optará por un plan de largo aliento.

¿Usted sigue perteneciendo a la clase media o desbarrancó? Si era un ciudadano que, por su nivel de ingresos, pertenecía a la estratificación de personas que podía cubrir sus necesidades básicas, darse algún gusto y tener mínimamente algún ahorro, la pregunta del millón es si cree que podrá sostener su nivel de vida cuando todo esto pase. Uno de los grandes interrogantes de nuestro país es precisamente cuántos quedarán y cuántos no, en la mitad de la escala.

Los pronósticos indican que Argentina retrocederá en su PBI unos 15 años, que tendremos una situación peor a la que padecimos en 2002, ¿se acuerda?, cuando quedamos tendidos en la lona, a punto de knock out. Estaremos en una etapa de emergencia superlativa, algo así como la emergencia en la emergencia. Es cierto también que esta vez no vamos a estar solitos, el mundo padecerá una crisis como nunca antes vivió y, en ese sentido, tenemos una ventaja comparativa, nosotros estamos acostumbrados a remar en dulce de leche repostero, pero créame que toda nuestra experiencia previa será absolutamente insuficiente si no hacemos algo más específico que sentarnos a ver qué pasa.

Convengamos que antes de la pandemia ya estábamos bastante complicados, ahora estamos en parámetros económicos alarmantes, por lo que todo hace inferir que la pospandemia puede ser realmente una postal del horror. Y seguramente compartiremos, que ninguno desea para su futuro una vida de asistencia estatal, todos o casi todos, pretendemos trabajar y, como decían nuestros abuelos, ganarnos el pan. Pero para eso, Argentina tiene que salir de la emergencia y superar la eterna muleta de la asistencia.

Hoy el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) ayuda a subsistir a casi 9 millones de personas, muchas de clase media, gente que jamás en su vida pensó en tener que recurrir a la asistencia social para comer, gente que no tuvo antes un plan de asistencia de ninguna naturaleza, familias que en otro escenario nunca hubiesen recurrido al Estado. Lo mismo ocurre con las empresas, sobre todo las pymes y dentro de ese universo, principalmente las pymes familiares.

Qué va a hacer Argentina para salir de la emergencia, para incentivar la producción, la inversión y eliminar o morigerar la asistencia. El Gobierno preanuncia el lanzamiento de medidas pospandemia, pero sigue diciendo que no optará por un plan de largo aliento y al parecer, tampoco convocará para consensuar las líneas de acción, al resto del arco político, hecho que en este momento sería realmente fundamental.

Queremos, necesitamos, ansiamos, escuchar un plan en el que podamos visualizar cómo van a estabilizar la inflación, el déficit fiscal, el nivel de gasto público, la balanza comercial, la producción, el empleo, las cargas tributarias, entre otros tantos aspectos a los que tenemos atada nuestras vidas y nuestro futuro. Argentina es un país con inflación de dos dígitos desde hace más de una década, nuestras crisis de deuda son cíclicamente permanentes, tenemos un déficit fiscal endémico, vivimos devaluando la moneda, en inestabilidad económica constante, sin incentivos reales a la producción y la inversión.

En semejante contexto, la mayoría de las referencias corresponden a la macro economía, que por supuesto es vital y repercute necesariamente en nuestras vidas, pero no es suficiente, mucho menos en esta situación. La clase media, lo que quede de la clase media, necesita respuestas, y los que cayeron de la clase media, también precisan saber si tendrán alguna posibilidad mínima de recibir la bocanada de oxígeno como para volver a trabajar y emprender.

Precisamos imperiosamente saber qué va a ser de nosotros en la pospandemia, cuando se termine el IFE, cuando no haya más ATP, cuando nos saquen todas las muletas de la emergencia. Necesitamos saber si vamos a seguir teniendo trabajo, empresa, si vamos a poder conseguir uno en caso de que lo hayamos perdido, si vamos a tener para ir al supermercado, para pagar el alquiler, los impuestos, comer todos los días, cubrir la tarjeta, comprar los útiles de nuestros hijos, si nos va a alcanzar para pagar la luz, el gas, si vamos a poder vivir con lo nuestro.

Es una pregunta chiquita, humilde, casi insignificante, de los que están o estaban en la mitad de la escala, de los que aún no desbarrancaron y de los que ya lo hicieron. Una pregunta chiquita, por ahora en soledad, casi susurrante, pero que si no tiene respuestas, puede empezar a crecer. Una pregunta que deberían atajar antes de que llegue a grito y deje de ser chiquita, humilde, casi insignificante. Sobre todo, antes de que gane la calle y resulte incontrolable.

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