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Argentina no logra frenar los femicidios

Tenemos Ley Micaela, Ley de Protección Integral, Ley de Género, la promesa de la puesta en marcha del Sistema Único de Registro de Denuncias por Violencia de Género (URGE) del Ministerio de la Mujer, Género y Diversidad de Nación, pero no alcanza, porque siguen siendo una menos y una menos y una menos.

Tenemos Ley Micaela, Ley de Protección Integral, Ley de Género, la promesa de la puesta en marcha del Sistema Único de Registro de Denuncias por Violencia de Género (URGE) del Ministerio de la Mujer, Género y Diversidad de Nación, pero no alcanza, porque siguen siendo una menos y una menos y una menos. Argentina es pionera en leyes de género, pero no logra frenar los femicidios. Qué pasa, qué nos pasa, qué no estamos haciendo, o qué estamos haciendo mal.

Solo en lo que va del mes de junio:

El 14, en La Matanza, a Gloría Cristina Zimermann Dominguez, de 29 años, la mataron a golpes delante de su hijo de 5 años, creen que antes fue sometida sexualmente.

El 13, en Quilmes, a Lía Aguirre García, de 32 años, su ex esposo la asesinó a puñaladas delante de sus hijos de 6 y 8 años.

El 12, en Escobar, a Karen Gisele López, de 25 años, su concubino la ultimó de un disparo y luego la llevó al hospital diciendo que su novia había sido agredida en la vía pública por delincuentes.

El 11, en Machagai, Chaco, a María Ester Balbore, de 61 años, su pareja la golpeó, la apuñaló y luego le dijo a la policía que la había encontrado en un charco de sangre al regresar a su casa.

El 8, en Rosario, a Nélida Susana Benítez, de 45 años, un sicario le disparó en el cuello. Estaba amenazada, tenía custodia policial y ya había perdido a su hija de 5 años y su esposo, por violencia urbana.

El 3, en Rosario, a Mayra Bustos, de 32, la asesinaron de 3 balazos delante de sus sobrinos de 5 y 6 años. Mayra tenía a cargo a ambos niños, hijos de su hermana asesinada en 2016.

El 1, en Merlo, Buenos Aires, a Sandra Marilin Carricaberri, de 43 años, su esposo la mató a golpes de piedras y palos en un descampado.

Según cifras del Observatorio Lucía Pérez, en 2021 hubo 136 femicidios, como consecuencia de los que quedaron 106 niños y niñas huérfanos. En nuestro país no pasa ni un día y medio sin una víctima de femicidio, las cifras se mantienen a pesar de los avances en la legislación, a pesar de las capacitaciones, a pesar de los esfuerzos y las medidas implementadas.

Tenemos un problema muy serio, y a la vista está que algo de lo que estamos haciendo está mal, o no está dando los resultados esperados. En algo nos estamos equivocando y en ese punto, las cifras no admiten margen de error, muestran que ni siquiera se mantiene el número de casos, que la tendencia es a incrementarse. Tenemos un problema muy serio, cuya dimensión pública es sólo la punta del iceberg de lo que realmente sucede, porque el femicidio es sólo el último estallido de una violencia que se gesta y se sufre intramuros y en silencio.

Muchas víctimas habían denunciado, no una, muchas veces. Muchas habían pasado por distintas instancias a las que el sistema judicial y el Estado, respondieron de manera claramente deficiente, algo no hicieron o algo hicieron mal. Los resultados muestran que las medidas de protección que estamos aplicando no están funcionando, no puede ser que la responsabilidad de avisar si el agresor se acerca o intenta violentar a la víctima siga recayendo sobre las mujeres. Es al Estado al que le corresponde protegerla, garantizarle la integridad y la seguridad.

Está a la vista que hay un accionar insuficiente y perfectible, que las medidas pensadas e implementadas no alcanzan, que las reuniones del Consejo Federal para la Prevención y el Abordaje de Femicidios, Travesticidios y Transfemicidios, el Acuerdo Federal para una Argentina Unida contra la violencia de género y las promesas de “acordar una agenda de trabajo y firmar acuerdos que permitan mejorar las respuestas del estado antes situaciones de violencia de género”, por ahora son letras, papeles y fotos lindas. No alcanza, nada de lo que estamos haciendo es suficiente, en nuestro país no pasa ni un día y medio sin una víctima de femicidio.

Las capacitaciones, la aplicación de la ESI en las escuelas y los trabajos de sensibilización que se están implementando son fundamentales y no hay que discontinuarlos de ninguna manera. Pero desarmar estereotipos y lograr un cambio cultural integral, va a demandar años y los femicidios son ahora. Hay que tomar medidas para ese ahora, para esta urgencia que sigue matando, para esta urgencia que con cada femicidio nos recuerda que algo no estamos haciendo o que lo estamos haciendo mal.

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