MIÉRCOLES 29 de Mayo de 2024
 
 
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Vamos por más...

Es una expresión común, que tiene varias vertientes, algunas positivas, otras no tanto, pero en definitiva todas apuntan a señalar que los seres humanos siempre tienen algo más que no revelan sus acciones. En el ejercicio de la política es un suceso normal.

Claramente ya nos deberíamos haber acostumbrado a los que ingresan en la carrera política que juegan con cartas marcadas. Venden un producto, que muchos compran pero sus objetivos siempre están más allá de sus logros.
Decía Konrad Adenauer, primer canciller de la República Federal de Alemania y uno de los padres de Europa: “En política lo importante no es tener razón, sino que se la den a uno”. Y en la realidad que vivimos era como dicen ‘una verdad de perogrullo’, es decir una situación obvia, notoriamente sabida.
Cuando el político inicia su carrera elabora estrategias, naturalmente ayudado por quienes conforman su ‘equipo’ y van convenciendo de sus intereses o los que antepone para poder lograr el fin que alienta sus ambiciones personales.
En Argentina hoy vemos que transitamos una escuela de aprendizaje acelerado de todo lo que rodea al político. Ya nada nos sorprende, casi damos por sentado que lo que nos dicen, siempre tiene una intencionalidad oculta que, naturalmente no se nos revela, pero está presente.
Expresaba Nikita Kruschev, dirigente de la Unión Soviética: “Los políticos son iguales en todas partes. Prometen construir un puente incluso donde no hay río”. No eran genios que pensaban muy encima de la ciudadanía, sino que las experiencias propias y ajenas, les habían marcado pautas que o seguían o fracasaban.
Estamos transitando un camino difícil, donde los errores cometidos por los sucesivos gobiernos que han pasado, hoy han eclosionado y nos dirigimos inexorablemente a un abismo sin que -hasta ahora- hayan surgido las políticas que reviertan este proceso.
Cuando leemos las expresiones del precandidato radical a la presidencia Gerardo Morales, afirmar que: ‘Si Massa se va, todo estalla por el aire’, se nos produce una enorme incertidumbre sobre el contenido de sus promesas para -si llega a ser elegido- poner en práctica soluciones. 
De ese andarivel ‘retorcido’ donde cada uno juega como mejor sabe y puede para alcanzar sus objetivos, venimos a la provincia de La Pampa, donde concluidas las elecciones, sabiendo quiénes nos gobernarán, legislarán y desarrollarán actividades en municipios y comisiones de fomento a partir del 10 de diciembre, se comienza a elaborar estrategias para poner nombres en las nacionales.
Y aparece el de Martín Berhongaray, un dirigente radical, que junto a Patricia Testa, desempeñaron un lucido papel encabezando la fórmula que pretendía alcanzar la gobernación de La Pampa, hoy pareciera alentar seguir como diputado nacional, lugar donde se ha venido desempeñando y que culmina el próximo 10 de diciembre. Esta posible intención no ha sido confirmada ni desmentida por el joven político.
Quería ser gobernador, no se le dio a pesar de una elección realmente buena, elogiada por propios y ajenos, pero ahora surge la pregunta: ¿En realidad era eso lo que pretendía?. Ahora ya nadie lo sabe. Lo que se aplaudió y mereció elogios hoy aparece deslucido porque en el juego, lo importante era no quedar afuera.
Estas actitudes, ni malas ni buenas: sólo humanas; muestran un escenario del que la sociedad está cada vez más descreída y ha salido en búsqueda de otras posiciones que le brinden, más allá de los resultados, seriedad, responsabilidad y fundamentalmente honestidad que refrenden sus palabras.
Vamos a pensar y analizar lo que decía Nicolás Maquiavelo: ‘La política no tiene relación con la moral’. Un hecho indiscutible.
Y nos quedamos con lo que expresara Dwight D. Eisenhower, presidente de Estados Unidos: “La política debería ser la profesión a tiempo parcial de todo ciudadano”. Un suceso rechazado por casi toda la denominada ‘clase política’. Lo que sucede no está demostrando esa verdad.
 

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