MARTES 23 de Abril de 2024
 
 
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Una ola de terror...

No es novedad y mucho menos desconocido por los argentinos, que el avance del narcotráfico ha llegado a limites insostenibles. Una ciudad, de la importancia de Rosario, está bajo el dominio de grupos narcos que pasaron de la amenaza a concretar muertes de inocentes, como objeto de amedrentar, para que se detengan las acciones de combatir este flagelo.

Intentando comprender los mecanismos de quienes eligen el camino del delito a través del narcotráfico, nos encontramos con un comportamiento muy similar en el mundo. El narcotráfico se impone por dinero, comprando voluntades; por la total desaprensión por la vida humana, de la cual disponen como material utilizable y cuando no brinda más utilidad, la eliminan.

La utilización de los sectores más necesitados, aquellos considerados en la total indigencia, para insertarse y hacerse dueño de sus vidas. De estos segmentos arman los cuadros de los denominados ‘soldaditos’ a quienes manejan para venta, vigilancia y cuando están en la etapa adolescente, para ejecutar a quienes consideran enemigos.

Otro de los mecanismos es la integración de cuadros de los denominados ‘sicarios’; asesinos asalariados, que ganan prestigio en los grupos elegidos y son trasladados para determinados ‘trabajos’ a distintas partes del mundo.

Esta estructura criminal está sustentada con un alto poder económico, atento a los réditos suculentos que depara la venta de estupefacientes. De estos fondos ilimitados, una gran parte son para incorporar ‘reaseguros’, que van desde fuerzas policiales, carcelarias, jueces y políticos, que engrosan una lista que les permite actuar libremente y enfrentar, a quienes intentan combatir el azote que hoy conmueve a la ciudadanía en general.

Este fenómeno comenzó hace varios años, cuando las incipientes formaciones narcos-rosarinas, se mostraban en los barrios y asentamientos que rodeaban a la ciudad. La acción que debió ser enérgica, dado los antecedentes que ya se conocían de su forma de operar, no tuvo la contundencia que el problema requería.

Se consolidó con el tiempo, hizo inversiones, llegaron ‘capos’ narcos con sus familias y comenzaron a convivir inmersos en la sociedad y se concretó el sistema de penetración que ya era conocida en México, Colombia, Venezuela Perú y Ecuador. Y Argentina, pasó a ser parte de la conformación de una estructura que hoy está en todo el mundo.

En Argentina, crecieron y tomaron-basados en los marcos de pobreza e indigencia- distintos ámbitos provinciales, fueron creciendo y sumando poder. Llegaron al punto en que estamos hoy, que -tarde como siempre- estamos preocupados porque Rosario explotó, y los grupos narcos tienen copada la ciudad y procuran someterla a través del miedo, con la sentencia de muerte a inocentes, con los cuales pretenden detener el frente de batalla, que hoy se procura desde los ámbitos gubernamentales.

Se están adoptando una serie de mecanismos tendientes a lograr frenar y eliminar todo el aparato que ha montado el narcotráfico. Se ha comenzado con la instrumentación de medidas severas en las cárceles donde están alojados capos narcos y que gozaban de privilegios que les permitían continuar con sus negocios, aún estando presos.

En su momento fueron muy criticadas las reformas que se introdujeron en los penales del país, pretendiendo, bajo un sesgo humanitario, brindarles a quienes habían delinquido, una oportunidad de recuperación. Es evidente que no dió resultados sino que formalizó una estructura delincuencial que asegurada entre rejas, reformulaban sus planes de expansión y aseguraban sus territorios.

El problema es -no hay dudas- de extrema complejidad y no basta con formar comités anticrisis, comisiones especiales, remover cúpulas del sistema carcelario, porque los capos narcos y sus bandas ya tienen un programa de acción y lo van ejecutando a costas de muchas vidas inocentes.

La guerra está declarada entre la administración del gobernador Maximiliano Pullaro y los grandes capos de Rosario y sus segundas, y terceras líneas; presos en su mayoría, afectados por las duras medidas para controlarlos en penales federales y provinciales, como la cárcel de Piñero.

Existe una firma sospecha que hay un pacto entre jefes del hampa para ir en contra del Gobierno. Esta situación que no ha podido ser confirmada, pero existen indicios que así lo aseguran, es objeto de análisis de los equipos de inteligencia, que están operando para encontrar el núcleo de esta operación que en los últimos días costó cinco vidas inocentes.

El problema existe y es de extrema gravedad. Las autoridades pretenden evitar la integración de carteles que se ubiquen en distintos puntos del país. Rosario, hoy junto al conurabano bonaerense, las zonas más afectadas, deben ser tranquilizadas y recibir seguridad por sus vidas, que es lo que hoy están reclamando.

Es una voz de alerta, para recapacitar a futuro. Nada es casual, sino producto de la ineficacia de los controles y la ausencia de una operatividad que combata estos problemas en su inicio.

La sociedad Argentina pretende vivir en paz y hoy su tranquilidad se ve amenazada. No es una cuestión política de determinado signo, nos compromete a todos, pensemos como pensemos.

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