Las acciones presidenciales se están convirtiendo en un verdadero “carnaval” de yerros que ponen en evidencia que su peso político -o el que se pretende “vender” para la sociedad- está lejos de ser una realidad y se concreta en el “mundo de Narnia” en el que está viviendo la familia presidencial.
Su enojo constante y la virulencia de sus expresiones -fundamentalmente cuando está dirigiéndose a quienes sostienen criterios diferentes en lo económico y social- están llegando al ridículo, y en algunos casos, debemos requerir el auxilio de los que pueden analizar -por su formación- esos desbordes emocionales que convierten a Javier Milei en un “barra brava”.
Su “jefe político internacional”, el presidente norteamericano Donald Trump, no tuvo reparo alguno en desestimar y de alguna manera “ridiculizar” al presidente argentino al disentir en los juicios referidos a
El portavoz del presidente de Estados Unidos para el Mundial rechazó las sanciones que piden los ingleses y defendió el derecho a la libertad de expresión que el gobierno libertario buscó cercenar.
El encargado de sentar la postura del gobierno de Trump fue Andrew Giuliani, el director ejecutivo del Grupo de Trabajo de
A este revés internacional con repercusiones mundiales se sumaron las expresiones de jugadores y dirigentes que sostuvieron que no se estaba vulnerando ningún acuerdo diplomático dado que no existe y que todo nace de un sentimiento de argentinos que tienen el derecho de expresarse como les plazca; a diferencia de la figura presidencial y sus “súbditos” empleados gubernamentales que salieron a pretender enjuiciar una actitud que no fue compartida por la gran mayoría de la ciudadanía.
Los episodios que van dejando en “orsai” al presidente libertario se van sumando. Otro episodio que lo muestra en un claro intento de generar un problema diplomático responde a la visita que realizará, en su calidad de presidente argentino, al candidato a disputarle la presidencia al actual mandatario Lula da Silva, Flávio Bolsonaro, hijo del ex presidente del país vecino, hoy cumpliendo una condena.
Milei pretendió visitar al ex mandatario en su lugar de detención y realizó un pedido oficial para poder hacerlo durante su visita, programada para la semana próxima.
Pero ese es un país serio. Puede o no gustar el marco ideológico o no coincidir con su forma de gobierno, pero nada más que eso. Cuando se pretende, portando una representación nacional que para estos menesteres no los tiene, el juez del Supremo Tribunal Federal de Brasil, Alexandre de Moraes, rechazó el pedido de Milei para visitar a su amigo Jair Bolsonaro.
Mientras esto está sucediendo, la imagen del presidente argentino se desgasta en un intento por diferenciarse de quienes están parados en un escenario que no comparte sus acciones personales, políticas y económicas.
Trump, el controvertido presidente, volvió a mostrar que Milei es un afín que obedece ciegamente aquello que él determina y sino aplaude todas sus acciones, calla cuando en realidad debería mostrarse en línea con su país y someter decisiones internacionales a la consideración del Congreso, evitando eludir la institucionalidad y dejar a los argentinos mal parados.
El empresario republicano se reunió con el dirigente de AFA, “Chiqui” Tapia quién se encuentra bajo la lupa judicial argentina por denuncias vertidas en su contra por manejos poco claros de fondos pertenecientes a la organización futbolística. Eso fue, sin lugar a dudas, un claro ninguneo a la figura de Milei.
Hoy -quién se encuentra investigado- regresará al país tras el encuentro final de Argentina - España, empoderado y mostrando un respaldo internacional que pone un freno al avance de los libertarios sobre la asociación, especialmente de los Menem que estaban pujando para apurar el resultado judicial y lograr un recambio con nombres de su agrado.
Hoy, el presidente libertario está enfrentando una “sorda” interna en donde aparecen candidatos para diferentes cargos nacionales y/o provinciales que solo cuentan con el aval de los Menem, siguiendo directiva de Karina Milei.
El gobierno se ha convertido en un ámbito “insalubre”, todos procuran sonreír, pero con dientes apretados; están jugando su futuro para el 2027.
Hay quienes se manejan con la tradicional estrategia de jugar usando los tiempos y las oportunidades que les brindan quienes, con menos cintura y experiencia, queman sus naves antes de tiempo.
En una entrega anterior sostuvimos que a los quebrantos de una microeconomía que no hace pié, al aumento de empresas que cierran, achican o buscan acoplarse a la ola importadora dejando la producción local por no ser rentable, sumado al desempleo en alza, la baja del consumo, el aumento de pobreza real y la notable indigencia que no disminuye, no parecería el mejor escenario para lanzarse en una campaña reeleccionaria.
Pero Javier Milei lo hizo y las contrariedades que sufre nos están dando la razón.
“No por mucho madrugar, se amanece más temprano”... Las prisas y la impaciencia no aceleran los resultados. Pero Milei es Milei.



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