JUEVES 29 de Enero de 2026
 
 
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Un proyecto con fin incierto...

Así se muestran las acciones que los tres poderosos del mundo actual están realizando en sus respectivos ámbitos y jurisdicciones, acciones que apuntan a sumarle zonas productivas a sus regiones, muchas aún no explotadas.

Hay incertidumbre ante una realidad que al común de las sociedades le sorprende y le llama la atención, en razón de que los desbordes y excesos por alcanzar más poder sean los motivos que pueden derivar en enfrentamientos entre los que pretenden un nuevo orden mundial.

A la distancia generaban preocupación las actitudes del “monarca” de Corea del Norte, Kim Jong-un, que mostrando una crueldad extrema instrumentó una dictadura totalitaria unipartidista, dinástica y militarizada, liderada por la dinastía Kim que controla todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos bajo una ideología oficial llamada Juche (autosuficiencia), aunque se describe a sí misma como un estado socialista. 

El régimen es conocido por su estricto control, propaganda, falta de libertades y por priorizar al ejército (política Songun). En algún momento los otros poderosos del primer mundo tomaron recaudos pensando en el ánimo expansionista que poseía el heredero de una dinastía, quien no reparó en eliminar a familia y posibles candidatos que le hicieran sombra en sus proyectos dictatoriales.

En este esquema del máximo poder comenzaron a fortalecerse sociedades como la rusa, china, las de medio oriente y en esa escalada las ambiciones de crecimiento y poder pusieron en el “ojo de la tormenta” al mundo en general.

Mientras las ciudadanías de un orbe integrado por los considerados el primer mundo, los emergentes, los que luchan por llegar a ese estado de política, mercados competitivos basados en sus producciones primarias y, bastante más alejadas, las sociedades postergadas que han sido -y aún lo son- las apuntadas para ir sumando fuerzas y estructuras territoriales, están observando que el clima que puede derivarse de ese gran cambio, que parecieran impulsar sus ambiciones de grandeza, abren posibilidades ciertas de resolverlo por las armas.

Donald Trump, cuando impulsó su segundo mandato en representación del Partido Republicano, dio la sensación de que había llegado a su gran oportunidad de convertirse en el “emperador soberano” de un mundo convulsionado, con diferencias sustanciales y rumbos indefinidos.

Al comando de uno de los países que integran la trilogía de los más temidos le aseguró al pueblo norteamericano que su misión era generar un profundo cambio y reacomodamiento de la sociedad estadounidense, para volverla a convertir en uno de los ejes del poder económico y social.

“Puedo normalizar el mundo que está en guerra”, dijo Trump y de esta manera sus primeros pasos fueron establecer lineamientos de paz en la guerra de medio oriente donde Israel había reaccionado ante el avance intentado por Hamás, desprendimiento Palestino que reclamaba por tierras que -dicen- les pertenecen.

Muerte, desolación, prisioneros que tras la intermediación de Trump y negociaciones de otros Estados han sido recuperados, en parte, unos vivos y otros entregados los cadáveres, actos que dieron el paso necesario para iniciar los acuerdos de paz.

Rusia avanzó sobre Ucrania, conflicto aún sin resolverse pese a las amenazas de Trump y la continuidad de las acciones bélicas que mantiene Vladimir Putin, que exige se le entregue una parte del terreno ucraniano. 

Las acciones beligerantes siguen produciéndose y amenazan con extenderse mientras Volodímir Zelenski sigue apelando a la intervención de otros países, para impedir que Ucrania sea dividida y se la repartan entre los interesados en sus aspectos productivos.

El “gigante asiático”, sin que sus movimientos tengan la trascendencia que le impone a cada acción el presidente de los EEUU, genera sus actos planificados en diferentes direcciones siendo, la fundamental, el crecimiento económico, ganar mercados y la necesidad que le impone el aumento vegetativo, que lo lleva a elaborar una línea expansionista, en especial, apuntando a países productores emergentes, de los cuales requieren, para equilibrar sus consumos internos.

El otro factor es el productivo-industrial y tecnológico que ha logrado ocupar un lugar de privilegio en el mundo actual. Constituyendo, para los Estados Unidos, uno de sus principales problemas a resolver y que pretende hacerlo con estrategias de apriete, ajustes, arancelamientos que le permitan limitar y ampliar el rango de competencias libres en lo comercial, económico, financiero y profundizado hoy en los avances de una ciencia que comparte con el “despertar” de la India.

En la actualidad es difícil establecer el desarrollo del futuro reordenamiento mundial. Los que pujan por lograr el liderazgo no solo generan disidencias externas, sino que en sus propios países otros lineamientos políticos están en franca oposición a ciertas actividades que arriesgan la paz interior.

Trump, Putin y Xi Jinping van por el poder eternizado y en razón de sus estrategias dejan sentado claramente que deben distribuir y no pelearse para poder mantener vigente sus liderazgos.

Aún pensando que ese acuerdo fuera parte de la realidad del nuevo mundo que proyectan, el futuro sigue siendo incierto y muestra más dificultades que soluciones. 
 
 

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