Sucede normalmente en todos los sectores de la política que se han conformado aprovechando debilidades partidarias y una forma de alcanzar poder.
En el peronismo-kirchnerista el incendio es total, se está vislumbrando un “todos contra todos” dada la ausencia de algún nombre con peso electoral que nuclee a quienes aún se mantienen fieles en ese rumbo ideológico.
La figura de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que purga una condena por distracción de fondos públicos en aras de armar su fortuna y sobre quien pesa una inhibición perpetua para desempeñar cargos públicos, es el nudo de la discordia.
Más allá de los deseos de la dirigente kirchnerista y del núcleo duro que la sostiene, hay sentencias que cumplieron todos los requisitos hasta llegar a la confirmación de
Pensar que portando carteles de “Cristina Libre” y presentaciones en ámbitos internacionales que analizan y emiten opinión sobre determinadas decisiones judiciales, puede abrirles el camino, hoy, debería ser considerado una “utopía” que alimenta las guerras internas destruyendo cualquier intento de rearmarse partidariamente para ser oposición concreta en el 2027.
El otro segmento político, hoy considerado el más sólido, que cuenta con el poder de la presidencia del país y está en pleno armado con fuerza nacional, es
Las peleas, roces, acusaciones y embestidas para quebrar y debilitar poderes, parecen ser la regla que impone ser libertario. Esa consigna de “o estás conmigo o sos enemigo” pasó a constituir una norma que el presidente Milei impuso en su gente y que la reevalúa en cada oportunidad que se le ofrece sacar a relucir el encono y odio que le generan los adversarios.
Estas actitudes se han materializado en los últimos días cuando el P.E. envió al Congreso proyectos que se preveían, por sus consecuencias, de extremado enfrentamiento.
Se alzaron gobernadores en total desacuerdo, advirtieron que sus legisladores no aportarían los votos necesarios, pero nadie quiso escuchar los argumentos que justificaban la negativa.
No obstante, la senadora Patricia Bullrich y el Jefe de Gabinete Diego Santilli, intentaron derramar confianza entre los suyos al manifestar que “los votos estaban”. Nada más alejado de la realidad, manejaron el relato y se negaron aceptar el fracaso.
Hoy pagan las consecuencias y son acusados de ser “los responsables” y
Esta contingencia que obligó al partido gobernante a “bajar la cabeza” y retirar el capitulo de “estranjerización de tierras”, entre otros artículos de la ley a modificar, generó el controvertido tema del pedido de “renuncia” de la vicepresidenta y titular del Senado: Victoria Villarruel.
Ya no solo del “mandadero” Santilli, sino también del canciller Quirno, este último envuelto en el “berenjenal” diplomático que sostienen ante el presidente brasileño Lula da Silva.
Lo extraño es que pueden pedir, rogar, solicitar, exigir, pero nadie puede imponer, a excepción de los contenidos de un Juicio político, que la vicepresidente se baje del cargo.
Acá no valen insultos, denostaciones, gestos despreciativos que flaco favor le hacen a la unidad político-partidaria, para alejar a quien hoy integra la fórmula presidencial, es presidenta del Senado y va mostrando un claro sesgo opositor por no estar de acuerdo con las actitudes presidenciales.
Escenario confuso, si los hay, el que presenta el armado político que se prepara para dar la batalla electoral de medio término, si se hacen, o las finales del 2027: estos son los factores, más allá de los resultados que puedan lograrse en los Estados provinciales que resuelvan adelantar sus elecciones para no complicarse internamente por las incidencias nacionales pero cuyos resultados sí podrán tener peso en el momento en que se decidan las presidenciales.
La realidad es muy significativa y está aplastando cualquier relato. Las encuestas consideradas como las evaluaciones de analistas políticos, señalan cambios muy precisos que no dejan lugar a dudas. Javier Milei, sigue teniendo poder, pero se debilita y expone a que surja un oponente que logre quebrarlo.
En relación a los sectores existentes, con reminiscencias de un pasado político, corren en desventaja ante los porcentajes ciudadanos que se resisten a volver a lo ya vivido.
El lema es claro: “Avanzar procurando el cambio, no repetir fracasos ni la actual tendencia libertaria”.
Habrá que ver si se dan estas pautas frente a las urnas.



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