Se tomaron el tiempo necesario para elaborar, diagramar y generar estrategias que revirtieran una sesión informativa oficial que cumplió el Jefe de Gabinete que, se presumía podía ser alterada por diversas circunstancias, siendo la más cuestionada el comportamiento del ex vocero presidencial Manuel Adorni.
De por sí, la presencia del presidente de la Nación Javier Milei -acompañado de todo, o la mayor parte del gabinete-, con la finalidad de respaldar al funcionario cuestionado: para lograr esto, poblaron los palcos con adictos a La Libertad Avanza que procuraron evitar pudiera realizarse un intercambio de pregunta y respuesta entre los legisladores y el titular del gabinete.
El primer mandatario, fiel a su estilo, tuvo un ida y vuelta con algunos legisladores a los que insultó, y contra el periodismo, al que llamó “chorros y corruptos” cuando se retiraba del Congreso y la prensa presente intentaba recoger alguna declaración.
Surge claramente un intento del gobierno de “blindar” al Jefe de Gabinete, dejando en el terreno de la duda el porqué. Qué sabe o tiene Manuel Adorni que Javier Milei se inmola políticamente con tal de preservarlo.
Se sabe que no tuvo el mismo reparo con el primer jefe de Ministros, Nicolás Posse, que se decía de su “riñón”, situación que no fue un reparo para que le pidiera la renuncia, echándolo sin ninguna consideración. Un acto similar ocurrió con Guillermo Francos, sin lugar a dudas el funcionario más formado políticamente con que contaba el gobierno.
Aparece como uno de los anclajes que preservan al funcionario su estrecha relación y el ser hombre de la Secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, poniendo en claro que las conformaciones de los cuadros gubernamentales son herramientas de la hermana del presidente, considerada por muchos como la que realmente ejerce el poder.
La realidad indica que algo tiene que lo diferencia del resto y plantea muchos interrogantes.
El desarrollo se mantuvo en el marco de un plan ajustado al detalle, no dejando nada librado al azar, evitando se pusiera al funcionario informante en aprietos como que se le preguntara sobre las cuestiones de orden judicial a las que está sometido por diferentes denuncias, situación en trámite y -hasta ahora- sin resultado alguno.
Resulta difícil arribar a conclusiones con algún contenido de certezas, cuando el expositor está preparado para no complicarse con ninguna respuesta y no aceptando interpelaciones directas, inclusive hasta poniendo el acento en el tratamiento donde la presidencia de la Cámara -ejercida por Martín Menem- puso énfasis en señalar que siempre debería dirigirse con respeto y manteniendo las distancias, no correspondiendo el tuteo, sino siempre el Usted.
De esta puesta en escena será imposible sacar definiciones concretas sobre una serie de sucesos que alteraron la vida de la Argentina en los últimos meses; y que el presidente Javier Milei y su entorno no están dispuestos a aceptar como válidos los posicionamientos contrarios a la voluntad presidencial.
Era de esperarse una “fantochada”, una acción ridícula, extravagante o fanfarrona. Donde todo se refirió sobre la base de comportamientos no compatibles con la realidad que vive el país.
Todo fue generado sobre las bases de la exageración, despectivos o absurdos, mostrando que existía la pretensión de llevarse los galardones de haber ganado, ante las contingencias de ser sometidos a responder un informe que está requiriendo la sociedad ante eventos que marcan un hito de corrupción que ha comenzado a develarse.
Estos aspectos son los que erróneamente -a nuestro juicio- está blandiendo hoy el presidente de la Nación y copian sus adláteres.
Los gestos de subordinar a la ciudadanía y someterla a sus acciones obligándola a considerarlas todas válidas, están jugando en contra de su predisposición a darle continuidad a su mandato.
El presidente de los EEUU, Donald Trump, muestra actitudes groseras, avasallantes, pero más allá de considerar que tiene espaldas mucho más sólidas que las del presidente argentino, ha mostrado que también combate al periodismo que no coincide con sus acciones, pero no rehuye enfrentarlos, darles la oportunidad de preguntar y someterse a sus cuestionamientos.
Javier Milei está copiando lo peor de su mentor, pero evita someterse a mantener un ida y vuelta con esos representantes de la prensa a los que llama “chorros, corruptos, ensobrados”, entre otros apelativos e insultos que muestran un comportamiento producto del miedo a no poder resolver con altura y nivel una entrevista de prensa con quienes no son opositores o sí lo son, pero procuran informar a la sociedad.
Pasó Manuel Adorni y no contestó ninguna de las preguntas que se está realizando más del 60 por ciento de la comunidad argentina, que ve que cuando levantaron la alfombra aparecieron los corruptos de la nueva “casta”.
Y apareció Javier Milei y compañía en un intento atemorizante y solo dejó evidenciado el “triste papel” que desempeñaron, al pretender imponer, en un acto Constitucional, la voluntad del gobierno.
La realidad social y los pésimos resultados económicos están golpeando la puerta de La Rosada. Hoy les toca responder con hechos concretos y hacer real el tránsito hacia la nueva Argentina.



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