Era un escenario que se venía planteando desde diversos sectores, con opiniones controversiales en razón de quienes las emitían y sus inclinaciones ideológicas. Si eran oficialismo todo “viento en popa”, con algunas dificultades pero previstas en los diversos planes que se estaban desarrollando y otros en carpeta.
Si los análisis partían desde un ámbito, que sin llegar a ser netamente opositor, buscaban respuestas a los movimientos que en economía, comercio, industria, debilitamiento de la planta laboral, cierre de empresas, dificultades insalvables para Pymes y ahora frigoríficos, marcaban un derrotero poco halagüeño y las definiciones transitaban por un camino opuesto al sostenido por el presidente Javier Milei y su gente.
Para el ciudadano de a pié se le hace extremadamente difícil saber hacia dónde vamos; notoriamente una gran parte de la ciudadanía está viendo cómo se desploma “su metro cuadrado”, donde debe encontrar los mecanismos para resolver los problemas diarios.
Sin lugar a dudas son realidades distintas, que no pueden ni deben encuadrarse ni generalizarse en un sentido o criterio político, es el desconcierto y la desorientación, propia de la incertidumbre con la que se vive.
Siempre fue una característica distintiva del argentino común que evaluara la situación por la que atraviesa junto a su familia, por el bolsillo y naturalmente por la “panza”; lo demás, aquello que diagnostican los analistas políticos, consultorías que dan a conocer encuestas y números -no siempre ajustados al común de la gente-, no le brinda las soluciones que requiere. En muchos casos agrava y agudiza el sentimiento de impotencia que tienen cuando pierden un trabajo y conseguir otro es una verdadera odisea.
Como dato ilustrativo que le sirve a los medios periodísticos, portales y redes sociales se señala -de vez en cuando- las largas colas de jóvenes adultos que están procurando su primer trabajo y mezclados con ellos algunos veteranos que están viendo si encuentran una salida.
Es un lamentable “choque de generaciones” diferenciadas por su nivel intelectual y formaciones aggiornadas al despertar de las nuevas tecnologías y la ciencia.
Esto marca las disparidades notorias entre aquellos que por las circunstancias que se desprenden de un sistema económico que está procurando un “cambio”, achicando el Estado paternalista e imponiendo el “libre mercado”, lo colocó afuera del sistema laboral por los cierres, ajustes y modernizaciones que comenzaron a ejecutarse por lo más vulnerable: el trabajador o trabajadora.
Y la denominada “ley de la vida”, los jóvenes salen a buscar futuro. Muchos de esos miles que hacen cola para conseguir un trabajo son estudiantes que se están formando a los efectos de enfrentar con suficiencia y capacidad un futuro transformador, con la injerencia de la IA y la ya aplicable robotización.
En un marco que se presenta problemático, la Argentina se mueve en un terreno resbaladizo, donde se han aplicado metodologías para insertarse en la macroeconomía y tener acceso a los grandes mercados. Resta estabilizar la microeconomía, que se debate entre la desaparición de la clase media, columna vertebral de la recuperación, el desempleo, la pobreza y la indigencia.
Todo en una disputa política que privilegia los egos y ambiciones personales, sumados a una ideología que se fue de una punta a la otra de las consideraciones sociales, es motivo de angustia y temor por el mañana.
Estas situaciones, coincidentes en algún punto ideológico, plantean un panorama con dificultades severas, que hasta ahora no han logrado establecer el equilibrio entre una parte de la sociedad que tenía una forma de vivir y la que ahora no encuentra el rumbo adecuado.
El posicionamiento mileista, que indudablemente tiene sus defectos que pretende disimular responsabilizando a gobiernos anteriores a los que denomina los “kuka” -todos los males que hoy está atravesando el país-, comete el error de poner a quienes piensan diferente, en el mismo lugar: enemigos del cambio y de la Argentina de hoy.
Este factor divisionista genera antinomias que debe comenzar a comprenderse para encontrarle aspectos de coincidencia que permitan vivir a la sociedad en pleno ejercicio de sus derechos y fundamentalmente que restablezcan el sentido de la convivencia que se ha diluido en una confrontación generada por el pensamiento del presidente Javier Milei: “O están conmigo y la Libertad Avanza o son enemigos a destruir”.
Esta reformulación de país que se pretende no será una tarea fácil y augura enfrentamientos políticos y sociales que comenzarán a materializarse cuando estén los tres poderes del Estado en plena actividad.
Un ciclo anual conflictivo y muy politizado, que -por ahora- no muestra una salida para todos.



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