Ellos podrán aplaudir una gestión desesperada del presidente Javier Milei y el ministro de economía Luis “Toto” Caputo, que observaban cómo se desmoronaba el “castillo de arena” que habían logrado levantar en casi dos años de gobierno.
Para intentar morigerar el incendio y llegar al 26 de octubre, la solución era entregarse y simultáneamente darle las llaves de la Argentina al presidente Donald Trump, no solo el presidente de los Estados Unidos de América, sino un empresario que ha demostrado capacidad y poder de negociación siempre para lograr su objetivo de tener más poder.
Solo hay que evaluar que nadie que tenga omnipotencia por ser la cabeza de uno de los países más poderosos del primer mundo y que ha sostenido que llegó por segunda vez a la presidencia para “llevar al pueblo norteamericano a ser el primero en el mundo”, consigna que está cumpliendo, sin regalar nada, solo aprovechando las necesidades de aquellos que tienen algo que ofrecer a cambio.
Qué puede ofrecer Argentina, además de la amistad a Donald Trump y manifestarse incondicional del político republicano y sus formas de gobierno, sin lugar a dudas como país emergente, con desarrollo medio, su atractivo está en las riquezas naturales, que ofrecen metales, litio, energía, aspectos productivos cuyas materias primas consolidan el desarrollo industrial del país que los pueda tener.
Por otra parte, tiene una ubicación en el diagrama del poder mundial que lo convierte en un ámbito deseado para ir conformando el organigrama de un poder territorial, que pudo ser Brasil, pero la cuestionable política de izquierda de Lula da Silva lo hizo inviable para el proyecto “trumpista”.
Abundaron en estas reuniones “espejo”, dada la presencia de tres interlocutores por cada parte, elogios que iban y venían. De Trump que cometió un blooper al asignarle una victoria en la reelección, entendemos suponiendo que esta “rueda de auxilio” requerida tenía como finalidad respaldar al libertario, cuando en realidad es para evitar una nueva debacle el 26 de octubre como la sucedido el pasado 6 de setiembre.
Promesas, un Bessent que asegura que EEUU respaldará a la Argentina -aunque no se aclaró en qué contingencias y cuáles son los reaseguros de ese apoyo.
Existieron voces generalizadas que agrandaron el ego de los libertarios, que aún mostraban los “moretones” del golpazo que sufrieron en provincia de Buenos Aires, cuando todos indicaban que pintaban de “violeta” el distrito electoral más importante del país y palabras del presidente Milei colocaban el último clavo al cajón del kirchnerismo-peronismo.
Nada de esto sucedió, por el contrario el partido La Libertad Avanza sufrió una categórica derrota que motorizó la implosión económico-financiera con una reacción negativista de los mercados que, como sucede habitualmente, reacciona rápidamente cuando ocurren estos fenómenos que debilitan el valor de bonos y papeles de inversión.
Es allí cuando recurre el presidente Javier Milei a ejecutar el plan “B” consistente en concretar un acuerdo con Donald Trump, que no es otra cosa que los lineamientos que ya habían hecho conocer en su visita al país las principales espadas que mueven resortes de la economía norteamericana: Scott Bessent, el secretario del Tesoro que marca el rumbo del apoyo de EEUU a la Argentina, y Marco Rubio, el secretario de Estado.
La victoria consolida el poder territorial que logra el hombre fuerte de los EEUU en esta parte de Sudamérica, dado que los primeros intentos que se realizaron fueron con Brasil, pero se encontraron con un frente opositor ideológicamente, que tiene enorme incidencia en los planos comercial e industrial.
La expansión China, que se viene produciendo en los últimos años, es uno de los factores contra los cuales está planteando la planificación norteamericana para lograr volver a recuperar mercados que logró ganar el país asiático-oriental, haciéndose de bases comerciales muy sólidas en esta parte del mundo, compitiendo con el sistema norteamericano.
Hoy Argentina es el país emergente, que elige Trump para iniciar la recuperación de una fortaleza que durante el gobierno de Biden fue perdiendo y que hoy asegura el poderoso empresario presidente volver a recomponer. Esto, más allá de las expresiones de amistad que dicen -ambos- haber logrado.
La realidad es concreta: el Tesoro de los EEUU, el FMI, el Banco Mundial y otras instituciones de préstamo aportarán para lograr el respaldo económico que requiere Argentina para lograr equilibrar la macro-economía, totalmente desbastada tras el traspié electoral sufrido.
Esta ayuda llega sin conocerse -hasta ahora- las formas operativas ni cómo se establecerán los compromisos adquiridos, o cuál es la moneda de cambio que pretenderá la administración Trump.
Todo está en elaboración y aquello que se sabe solo son expresiones discursivas y argumentos que engordan los elogios cruzados entre las autoridades que han participado de este viaje.
Por ahora, sabiendo poco y nada. En los próximos días se podrán conocer algunos de los aspectos que contienen los acuerdos, aunque es de suponer que existirá alguna cláusula de confidencialidad, que evitará que los argentinos podamos conocer en profundidad cómo arranca el país el lunes 27 de octubre.
Para que Sr. lector analice, dijo Javier Milei: “Agradezco los anuncios de Estados Unidos: Juntos construiremos un camino de estabilidad, prosperidad y libertad”. ¿? Vale pensarlo...



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