VIERNES 01 de Mayo de 2026
 
 
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Historias del 1º de Mayo 

Trabajar más para vivir igual, un panorama cada vez más habitual

En un contexto donde el empleo ya no garantiza estabilidad, cuatro historias de habitantes de Santa Rosa reflejan cómo se multiplican los esfuerzos -o se achican las oportunidades- para sostener “el día a día”.

El trabajo sigue siendo una de las bases sobre las que se construye la vida cotidiana. Ordena rutinas, proyecta futuro y, sobre todo, permite sostener a las familias. Pero en el escenario actual, esa ecuación parece haber cambiado: trabajar ya no siempre alcanza... y, en algunos casos, directamente empieza a faltar.

En este Día del Trabajador, las historias de José, Paula, Pedro y Roberto exponen distintas formas de atravesar una misma realidad.

Doble jornada, mismo objetivo

José tiene empleo formal. Es trabajador estatal, con horarios definidos y un ingreso fijo. Durante años, eso fue sinónimo de estabilidad. Hoy, no alcanza.

Cuando termina su jornada, no vuelve a descansar. Se sube al auto y arranca su segunda actividad: manejar para Uber. Así, sus días se estiran varias horas más de lo habitual.

“Salgo de mi trabajo y prácticamente arranco otro. Llego a casa muy tarde, pero es la única forma de completar el ingreso”, cuenta, mientras espera por la llegada del “frío, que seguramente aumentará la clientela”.

El pluriempleo dejó de ser una excepción para convertirse en estrategia. Cada viaje suma. Cada hora también. “Antes podías organizarte con un sueldo. Ahora siempre estás viendo de dónde sacar un extra”, agrega.

Estudiar y trabajar, cada vez más necesario

Paula es estudiante universitaria y decidió empezar a repartir para Pedidos Ya. No lo hizo por comodidad ni por independencia total, sino para ayudar en su casa.

Entre cursadas y entregas, arma su rutina como puede. “Empecé porque en casa hacía falta. No es que me sobraba tiempo, pero quería aportar aunque sea un poco”, explica.

Las plataformas digitales ofrecen una salida rápida, pero con ingresos variables y sin demasiadas garantías. “Hay días que hacés varias entregas y otros que estás mucho tiempo esperando. No es algo fijo, pero igual sirve”, dice.

Aun así, para muchos jóvenes se transformaron en una herramienta clave para sostener el presente.

Cuando el trabajo empieza a faltar

Pedro vive de changas. O mejor dicho, de las pocas que aparecen. Hace arreglos, trabajos ocasionales, lo que surja. Pero cada vez surge menos.

“Antes siempre tenía algo: pintura, arreglos, lo que sea. Ahora pasan días y no sale nada”, cuenta. En la economía informal, la caída del consumo pega primero y más fuerte. “La gente ya no llama como antes. Si puede, estira todo o lo hace por su cuenta”, explica.

Sin red, sin respaldo, cada día depende de conseguir una oportunidad. “Vivís al día. Si hoy no trabajás, mañana se complica”, resume.

Menos clientes, menos consumo

Roberto trabaja como mozo en un bar céntrico. Su rutina sigue siendo la misma: atender mesas, caminar sin pausa, sostener largas jornadas. Pero lo que cambió es lo que ve del otro lado.

“Se nota mucho la diferencia. Hay horarios donde antes no dábamos abasto y ahora está más tranquilo”, cuenta.

La baja en el consumo no solo se refleja en la cantidad de clientes, sino también en cómo gastan. “La gente viene, pero cuida mucho lo que pide. Antes una mesa pedía varias cosas, ahora es todo más medido”, explica. Eso impacta directamente en su ingreso.

“Para nosotros la propina es importante, y cuando baja el consumo, se siente enseguida”, agrega.

Cuatro historias, una misma realidad

José suma horas. Paula suma esfuerzos. Pedro espera oportunidades. Roberto observa cómo el movimiento se achica. “Todos estamos haciendo un poco más para sostener lo mismo de antes”, podría resumir cualquiera de ellos.

Distintas formas de vivir el trabajo en un contexto donde el esfuerzo parece rendir menos y la incertidumbre gana terreno.

En este 1º de Mayo, las historias invitan a mirar más allá del saludo habitual. A poner en primer plano lo que pasa todos los días: trabajadores que sostienen, que se adaptan, que resisten.
Porque trabajar sigue siendo fundamental.

Pero cuando el trabajo ya no alcanza -o empieza a escasear-, la preocupación deja de ser individual.
Y pasa a ser de todos.

Agencia Santa Rosa

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