VIERNES 29 de Septiembre de 2023
 
 
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Tiempo al tiempo compañero...!

Me está ocurriendo algo curioso: A veces los días me tardan en pasar, mientras los años se me van volando. Esto es un contrasentido porque los años suelen ser bastante más largos que los días, pero como son tantas mis contradicciones internas me digo “¿qué le hace una mancha más al tigre...?”. 

Cada vez que pienso en esto más me aferro a la idea de la relatividad de las cosas. Sobre todo si coincido con Benedetti en cuanto a que cinco minutos bastan para soñar toda una vida. Y además porque lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años.
La percepción del tiempo es por lo tanto una subjetividad ya que no se orienta ni por la urgencia de los relojes ni por la intemperancia de los almanaques. Es, a juicio de los científicos, una construcción del cerebro en la que influyen las circunstancias internas y externas y que puede ser alterada según lo que nos pase.
Sin embargo yo creo que depende también del corazón si es que el corazón no se conforma con ser un músculo. Sea como fuere, nuestra percepción momentánea del tiempo corre más deprisa o más lentamente dependiendo de las experiencias individuales, de lo que nos agrada o nos disgusta, de nuestra paciencia y de nuestras ansiedades. 
A propósito de esto recuerdo haber dicho que si uno llegara a sentarse junto a una mujer hermosa las horas le parecerán minutos, pero que si lo hiciera sobre una estufa caliente los minutos le parecerán horas. 
Todo es posible y relativo. Mi hija siempre opinó que el tiempo no pasa y que somos nosotros quienes pasamos por el tiempo. Y San Agustín (salvando las distancias con mi hija) decía que “si nadie me pregunta qué es el tiempo, lo sé. Pero si tuviese que explicárselo a alguien no sabría cómo hacerlo” 
Como este es un tema para expertos no voy a abundar en él a riesgo de “pifiarle”. Me conformaré con transmitirles lo que escribió cierta vez Henry Van Dyke: “El tiempo es demasiado lento para aquellos que esperan, demasiado rápido para aquellos que temen, demasiado largo para aquellos que lamentan, demasiado corto para aquellos que celebran. Pero para quienes aman, el tiempo es eterno...”.

Por Hugo Ferrari - Especial para LA REFORMA
 

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