Es una conocida metodología del presidente Javier Milei, bien aprendida por los obsecuentes y sumisos funcionarios que integran el staff del gobierno. Se trata de la búsqueda de responsables ya sea políticos, empresarios, dirigentes gremiales o trabajadores, en vez de abocarse a lograr soluciones.
Que existe una generalizada crisis de la microeconomía, que en realidad no existe (la microeconomía) y lo poco que se ve está tremendamente deteriorado, es lo que piensa una importante parte de la ciudadanía y un argumento sustentado por un segmento de profesionales analistas económicos quienes sostienen los defectos sustanciales del plan elaborado por Federico Sturzenegger, ya probado y fracasado durante el periodo gubernamental de Mauricio Macri, y niega el positivismo de la ley de modernización laboral que no abrirá las puertas al segmento del trabajo, sino que operará contrariamente a lo pensado.
La realidad está resultando incontrastable y pese a los sostenidos intentos por encontrar responsables, fuera del ámbito del gobierno, se siguen cerrando empresas de gran envergadura, situación que han denominado el “industricidio” y que está siendo producido por una política errática que se propuso un objetivo definido por el paradigma mileiano del superávit fiscal, déficit cero y marco inflacionario tendiente a desaparecer. Episodios que van marcando un quebranto social-económico-financiero que cubre todas las actividades.
Se habla de Fate, que cierra por decisión empresaria y deja sin trabajo a 920 empleados, pero por otro lado ya está camino a la destrucción total la estructura frigorífica del país. Hay un cierre masivo de sectores comerciales que no logran equilibrar sus finanzas y están incapacitados para pelear en el mercado de consumo con las importaciones que ingresan a menores costos, ante las eliminaciones arancelarias.
Todo indica que vamos para atrás, más allá de los intentos de muchos funcionarios que han salido a la pesca de responsables de la caída, cuando en verdad lo tienen dentro de su mismo esquema de gobierno.
El anuncio de las plantas que fabrican Fiat, Peugeot y Citroën, de suspender la producción hasta marzo, es un indicador contundente de una fuerte caída en las ventas.
En medio de la baja sin escalas de la producción automotriz, Stellantis suspendió con el 70% del salario a sus trabajadores de El Palomar. En diciembre había adelantado vacaciones de todo el personal.
Mientras esto está sucediendo, Javier Milei se fue a recibir instrucciones a los EEUU y pone distancia entre él y los problemas que están surgiendo en el país: un paro general, que promete ser de gran envergadura, mientras se trata en Diputados la ley de modernización laboral que encuentra numerosos argumentos que plantean dificultades para que resulte aprobada tal como vino del Senado, indicando que habrá -presumiblemente- un voto en general y muchos negativos en determinado articulado. Con lo cual deberá volver a la Cámara Alta para que confirme o rechace.
De cualquier manera todo indicaría que cuando Milei regrese, ya en las puertas del inicio de las sesiones ordinarias, no tendrá su ley de modernización para proclamarla como un logro en su discurso inaugural de las tareas legislativas.
Según como proceda o tenga elaborada sus estrategias, puede vetar o utilizar los DNU para reformular el articulado rechazado. Todos los mecanismos estarán en sus decisiones y plantean nuevos escenarios de conflicto a partir de marzo. Pero como diría Javier Milei: “Esa es otra historia”...
Además el presidente libertario podrá observar que el país se sigue deteriorando y que empresas, centenarias unas, otras con menor antigüedad pero que resultan hitos en su producción, por caso la fábrica de alfajores cordobeses La Paila. Culpan a Milei por las importaciones.
Una de las empresas más tradicionales de dulces, que sobrevivió la crisis de 2001, confirmó su cierre con un duro comunicado contra Milei por la apertura de importaciones.
Tal vez este desolador panorama le genere el grito enfermizo de “Viva la Libertad carajo”, que se refiere al libre albedrío que fue sustentado por un voto ciudadano que hoy está entre la espada y la pared.
El país lentamente se transforma y si no existen manifestaciones claras de una marcada oposición es porque la tarea disruptiva política de Milei ha dado resultados y no surgen nombres posibles para encabezar un movimiento que sólidamente ofrezca una salida sin ideologías pero con la humanidad que hoy está ausente.
Este paro general no el primero que sufre Javier Milei, tiene otras connotaciones y existen circunstancias que lo diferencian de los anteriores. Hoy hay voluntades ciudadanas que se han sumado porque entienden que el plazo de una nueva oportunidad, extendido a Milei en las elecciones de medio término, se extingue a pasos agigantados y el país cruje por todos los sectores y áreas productivas del país, con la sola excepción de la agropecuaria-ganadera.
El síntoma no es bueno. Como dicen varios colegas: son pocos los que escuchan el viento y puede estar anunciando tempestades.
Aunque Milei frente a la realidad viaja o se encierra en Olivos, parte de la ciudadanía está cayendo en el precipicio de un país en decadencia.



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