MARTES 27 de Febrero de 2024
 
 
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Sin percibirse el final

Hay innumerables opiniones que muestran claramente diferencias conceptuales que están sujetas al criterio ideológico de quien las enuncia. Tendencias de carácter político, situación por las que atraviesa, evaluación de su futuro personal y familiar, entre muchas otras circunstancias que nos colocan en una enorme nebulosa extremadamente conflictiva.

Era de suponer que las alternativas que se vivirían en torno a las sesiones parlamentarias -ya en marcha- previstas para dar tratamiento al compendio de la Ley Base, no serían, de ninguna manera pacíficas y mucho menos que, pese a los retoques, conformarían a quienes están soportando los avatares de una muy difícil situación socio-económica.

La realidad nos golpea diariamente. Sólo basta escuchar a quienes son los encargados de proveerse de los insumos correspondientes a la canasta básica alimentaria.

El incremento exponencial de alimentos echa por tierra cualquier cálculo que familiarmente se realice para estirar al máximo los ingresos, que ya de por sí son “escuálidos”, atento a que los salarios pierden por paliza ante el efecto inflacionario y los incrementos desmesurados de determinados productos, carne, pan verduras, frutas, entre otros.

El otro aspecto que ahora se está poniendo en evidencia y el cual, en una primera etapa del gobierno de Javier Milei, muchos pensaron que encontrarían una respuesta, es el alto grado de desocupación que se conoce y el avance notorio de una precarización laboral, atento a las dificultades que se presentan hoy en el mercado del trabajo.

Esta columna señaló, y parecía aventurado en ese momento, que de concretarse la paralización de la obra pública programada, no iniciada, se acotaría notablemente el interés de las empresas contratistas, dado que, en algunos casos habría algunas que no les redituarían ganancias, que serían las chicas de carácter provincial y en otras estarían fuera del circuito de las “grandes” que tienen emprendimientos en otros puntos de Sudamérica.

La Pampa ya ha comenzado a sentir los efectos de la aplicación de las normas contempladas en el DNU, que no han sido derogadas o cuestionadas judicialmente y están vigentes. La reformulación de agencias representativas de organismos nacionales, cuyas medidas de restricción ya han afectado a medios de comunicación, servicios como ANSeS, PAMI, Registros del Automotor, están dejando mucha gente sin su fuente laboral.

En las últimas horas, se conoció la decisión de parar las obras del Plan Procrear, que se sepa hasta ahora afectando a Santa Rosa, Toay y General Pico, con aproximadamente 110 obreros desocupados, ante las decisiones de las empresas que no reciben los dineros de Nación.

La Cámara de la Construcción de La Pampa advirtió un panorama oscuro para las empresas constructoras de la provincia por la gran deuda que sostiene el Gobierno nacional y que supera, llamativamente, los 2.000 millones de pesos por obras como la citada ut-supra, la política habitacional que fomenta la industria nacional, las economías locales y es generadora de empleo.

“La deuda asciende a un promedio de 600 millones por empresa. En total, solo por las obras del Procrear, la cifra de la deuda está entre los $2.400.000 y $2.500.000”, según informó Adrián Pérez Habiaga, presidente de la entidad y delegado de la Cámara Argentina de la Construcción en la provincia.

Se teme por la continuidad del Acueducto Norte que llega a General Pico, cuya actividad se ha disminuido notablemente y -según han adelantado- solo hay mantenimiento. De concretarse este parate el gremio de la construcción se encontraría ante un severo problema que se sumaría al de los sectores privados, cuya paralización se inició en los primeros días de enero.

A estos factores que responden al ajuste en busca de lograr el déficit fiscal cero, se van incorporando otros que nacen como consecuencia del deterioro que se está produciendo en la masa trabajadora, que se suma al alto índice de desocupación que ya se marcaba como uno de los flagelos de los últimos años.

Entendemos que destruir aquello que está en marcha, en procura de lograr objetivos predeterminados, como eliminar el gasto fiscal, producir el achicamiento de las provincias, a las cuales las obliga a desenvolverse con sus propios recursos, que ya de por sí son magros, resulta una tarea política contenida en normativas que apunten a esos fines.

Las dificultades se visualizarán cuando quieran volver a poner en marcha el país sobre los escombros de aquello que no pudo soportar el apriete. Cuando trascendieron las expresiones del presidente Milei, luego ratificadas por el anuncio del ministro de Economía, Luis Caputo, en relación a que “Voy a fundir a todas las provincias” y reafirmado con “Aquello que no se logre con el paquete fiscal, lo pagarán las provincias”, dicho por el ministro, fueron la certificación de una muerte anunciada para economías de muchos estados federales que subsisten merced al aporte que realiza Nación.

Esto, que podría haberse pensado era producto de algún arrebato, pero que sería objeto de un análisis profundo antes de comenzar a ejecutar los mecanismos del ajuste, no fue así: era una amenaza que hoy está en marcha.

Hay gestos y relatos que nos resultan incomprensibles. La Argentina es un todo, donde existe una interrelación social que se ha ido conformando desde hace 200 años. No es nueva ni se le puede achacar a ningún signo político. En esta vinculación de los sectores todos tuvieron algo que ver, porque en realidad los necesitaban para obtener sus objetivos de poder.

En algún momento hemos pensado, seriamente, desprovistos de intencionalidad política alguna, que el país, es un solo. No importa cómo pensemos ni qué hagamos. Convivimos desde el que más posibilidades económicas tiene, hasta las clases más sumergidas en la dura indigencia.

Esta construcción social de clase alta - media - empobrecida e indigente llevó muchos años para llegar a un punto donde realmente algo había que hacer para resolver el dilema. Porque como un barco que comienza a naufragar porque ha chocado con un iceberg, de la mitad para abajo el peso supera holgadamente a los que pueden subir a los botes y salvarse.

Comenzamos a pensar, cómo hicieron los países que sufrieron guerras y prácticamente tuvieron que iniciarse de cero y en ninguno de los ejemplos que vimos, el cambio, la transformación, la recuperación se hizo a costa del otro, sino con el otro.

Por estas circunstancias, es que nos sorprende la actitud del equipo libertario. El todo o nada, es una fórmula que plantea una confrontación entre iguales, donde nadie gana, todos pierden.

Desconocer esta realidad nos plantea un camino muy difícil, en donde no existe -por lo menos no se ve- el futuro.

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