LUNES 13 de Julio de 2026
 
 
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Se batalla, pero la esperanza nunca se pierde...

Es imposible, a esta altura de los acontecimientos y con el desarrollo de un mundial infartante, que no se mezclen los sucesos que van sacudiendo la humanidad argentina. Es sentimiento, y cuando pasa, volvemos a la realidad de la política.

Se da en todos los sectores de la política nacional y del fútbol pasión de multitudes. Son momentos en donde todos son amigos, piensan igual y transcurrido ese instante se vuelve a la confrontación político-social.

Algo distintivo del argentinismo es que, pese a situaciones difíciles de inestabilidad social que atraviesa una gran parte de la ciudadanía, se sigue exhibiendo esperanza en el futuro argentino.

Baja el riesgo país y los funcionarios que rodean al presidente Javier Milei festejan porque es una señal, según ellos, de que las medidas de orden económico dan resultados positivos.

Esto ocurre mientras los indicadores señalan que se incrementa la baja del consumo; que un sector de la sociedad ya no come carne porque no puede pagarla. Que los jubilados están sometidos a un severo ajuste y deben renunciar, no solo a comidas que les brinden mantenerse adecuadamente, sino a los medicamentos, indicando una grave situación que nadie evalúa adecuadamente.

Sí es cierto que el dólar aumenta y el riesgo país baja a niveles no logrados desde hace muchos años, pero eso no lleva el pan a la mesa de los sin trabajo, ni suple la necesidades primarias de los que se refugian donde pueden para pasar la noche.

La realidad está muy lejos de la alegría que muestran Javier Milei, Luis “Toto” Caputo y Federico Sturzenegger. La adversidad social va en un lamentable aumento y ya no resulta positivo que las autoridades indiquen que se está en el camino correcto, cuando una parte de la sociedad está postergada y sin chances de recuperarse.

Mientras esto sucede -y pareciera ser el único problema a resolver-, la economía interna, las peleas entre funcionarios de diferente rango son permanentes y trascienden o las hacen públicas para ganar un lugar entre los posibles votantes.

En realidad no están buscando otra cosa que mantenerse, y de ser posible, mejorar su status como integrantes del gobierno.

En ese rango de “peleadores” se han ubicado en las últimas horas el reciente nombrado vocero presidencial Adrián Ravier y uno de los “monjes negros” que se mueven dentro de la estructura de La Libertad Avanza, Lule Menem. El problema es distracción de recursos que partidariamente se destinaron en La Pampa para la conformación del partido “violeta”.

El tema ha llegado a la Justicia y está siendo investigado y las acusaciones se cruzan intentando responsabilizar a quienes -en ese momento- manejaban los inicios de conformación partidaria de La Libertad Avanza en La Pampa.

El arribo del economista pampeano Adrián Ravier a la Casa Rosada reavivó la interna que mantienen con Lule Menem por el control de La Libertad Avanza en La Pampa, ámbito en donde el nuevo vocero quiere ser candidato a gobernador en 2027.

Esta situación llega, claramente, a la máxima autoridad política del país, Javier Milei, dado que la designación del nuevo vocero fue una determinación exclusiva del presidente, dejando molesto al hombre de Karina Milei, que sostiene un viejo enfrentamiento con Ravier.

Un suceso de similares características está ocurriendo con los diferentes sectores que identifican el marco netamente opositor: peronistas de diversa extracción y kirchneristas, estos últimos intentando mimetizarse con alguna línea que no conspire con el rechazo que sienten de gran parte de la sociedad.

Por ahora se están dando los reacomodamientos y surgen los antiguos enfrentamientos, a los cuales la mesa chica política del oficialismo intenta manejar y morigerar los cruces intentando coaccionar la línea para salir al interior del país donde se procura establecer negociaciones con los gobernadores afines.

Días agitados, mezclados con las alternativas que depara el mundial mientras la política intenta seguir su curso y aprovechar que la gran mayoría está con la cabeza en la selección nacional que está jugando a todo o nada por lograr la Copa.

Una rara mezcla de sensaciones que deja al descubierto el sentimiento de profundo nacionalismo que debe constituir un ejemplo a seguir por todos los argentinos, que pueden estar desilusionados, pensar en un nuevo cambio, pero siempre manteniendo la esperanza de que el país sale y se recupera con el esfuerzo de todos.

 

 

 

 

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