Cuando Javier Milei marca determinadas acciones tendientes a morigerar, y de ser posible hacer desaparecer, los roces y el internismo que está socavando la fortaleza política de La Libertad Avanza.
Hasta el día de ayer no solo fracasaron los intentos por acercar las partes, sino que aumentó considerablemente la tirantez y fueron más evidentes los proyectos de quienes aspiran a ser una opción para el sector de la sociedad que manifiesta que no quiere el pasado, pero está negado a darle continuidad al presente.
<EM>En esa postura, y mostrando una innata habilidad para el “camouflage” político, aparece la senadora Patricia Bullrich, una dirigente que ha podido sostenerse en el tiempo, merced a su capacidad para “transfuguearse” a lo largo de los últimos años manteniendo vigencia en sectores de la ciudadanía que le responden.
La violenta caída política que ha sufrido la hermana del presidente, Secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, es una de las grietas más profundas que hoy ofrece el staff gubernamental.
Errores continuados; un manejo del poder cedido por su hermano, el presidente libertario Javier Milei, quien ha sostenido que ella dispone de todo aquello que hace a la política, porque a él no le gusta, y su actividad estará centrada en lo económico y en la transformación de la Argentina, siendo su objetivo principal alcanzar un liderazgo en esta parte de América del Sur. Nada de esto funciona.
El crecimiento tras las elecciones de medio término, donde logró Milei imponerse partidariamente con La Libertad Avanza en gran parte del país, les hizo pensar que ya nada podía ser un obstáculo para llegar a concretar un segundo mandato en el 2027. Fue solo una nueva oportunidad; Milei no la vió.
Ocupado en dar conferencias, hacer show en escenarios del mundo y viajar a dar charlas y exponer sobre cómo hacer economía de crecimiento y desarrollo, se le pasó por alto que varios de sus funcionarios lucraban y se enriquecían con operaciones que desviaban fondos de los argentinos a sus propias arcas.
También se vió por encima de todos los argentinos y sus gestos de soberbia y desenfado lo llevaron a salir a publicitar los mecanismos “espurios” del negocio de la criptomoneda $Libra, tema aún sin resolver. Ya había sorteado la cuestión de la venta de cargos y aportes que se destinaban a sufragar sus conferencias y todo parecía ser aceptado por quienes habían sido sus votantes.
De allí se pasó a las denuncias por negociados en Andis, el manejo de cajas no controladas como las de la SIDE y las acciones del Jefe de Gabinete que -inexplicablemente- pasó a ser un “nuevo rico” sin poder demostrar los orígenes de sus ingresos e inversiones.
Todo se desmorona, y el crecimiento político y social de Milei entró en una pendiente que pareciera -hasta ahora- no encuentra piso. La negatividad de las encuestas en relación a su hermana -.El Jefe., Karina Milei- adquiere dimensiones de catástrofe y sería muy difícil de remontar.
Ante ese panorama aparecieron los que pretenden construir una opción que conforme la parte ciudadana que está mal, soporta necesidades y pretende el cambio.
De esta manera quien más y mejor se proyecta -hoy- es la senadora Patricia Bullrich, quien sintiendo un fuerte respaldo social ya comenzó a integrar su equipo de trabajo y contactar a las líneas del PRO que fueron parte de Juntos por el Cambio, para reformularse en todo el país como una de las opciones.
El trasfondo del nuevo cortocircuito entre Patricia Bullrich y los Milei está centrado al explicitar en un posteo en redes, que no acompañará el pedido del Poder Ejecutivo para retirar el pliego de la candidata a jueza María Verónica Michelli. Un claro desafío al poder presidencial.
La senadora publicó un mensaje en su cuenta de la red social X donde dijo que le había comunicado al Presidente que ejercerá su “derecho a la objeción de conciencia”. Es la formulación de un nuevo frente opositor a las decisiones de los hermanos Milei. La otra versión es que ofreció su alejamiento de la presidencia del bloque de senadores.
En esa línea aparece Mauricio Macri, aunque aún no se ha definido y como “viejo tiempista” espera para ver los escenarios y sus conformaciones para ver si intenta volver a sentarse en el “Sillón de Rivadavia”.
El peronismo sigue sin armarse y los nombres que se sienten como los reemplazantes a futuro, captando los disgregados kirchneristas hoy sin conducción, siguen sin tener respuesta de una gran parte de la sociedad que los sigue viendo como el pasado.
El país sigue siendo un enorme teorema sin resolver. Las problemáticas socioeconómicas están a pleno y se prevén acciones del oficialismo que plantean nuevos problemas para un tejido social que no encuentra un camino de recuperación y el gobierno promete más ajustes y motosierra.
Nadie habla en positivo. El futuro, una gran incógnita.



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