LUNES 27 de Mayo de 2024
 
 
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Reconocer la derrota, es entregarse

Se conocieron recientemente las declaraciones a la prensa del Ministro de Seguridad de la Nación, Aníbal Fernández, quién lisa y llanamente- como dice la calle. "tiro la toalla", ante el avance notorio del narcotráfico en la provincia de Santa Fe.

Hace unos días atrás, en esta misma columna señalábamos que el "cartel" narco santafesino ya estaba probando asentamientos nuevos en distintas partes del país.

Esa tarea era visible en los sectores de las villas del conurbano bonaerense y en la utilización de los "soldaditos" verdaderas escuelas del delito, utilizando para esos fines niños y adolescentes púberes, que, en la medida que muestren el perfil que procuran, se erigen en los "mandamases" barriales.

Este fenómeno, que aparece muy visible para la sociedad, no había encontrado- hasta ahora- una reacción positiva de las autoridades de seguridad de las provincias afectadas y una total ausencia de las fuerzas de seguridad nacionales.

El avance del narcotráfico, fue progresivo. Es evidente una planificación, que al no tener oposición, fue avanzando hasta convertir a Rosario en un territorio narco, en donde imponen las condiciones de vida de las familias rosarinas.

El efecto ya se sintió en Santa Fe, ciudad y en muchos puntos de esa provincia. Ataques, muertes, vendetas, presiones a distintos emprendimientos comerciales para que paguen la "seguridad", que ellos ofrecen. En síntesis un caos que ya no es una simple amenaza: tiende a expandirse en  el país.

El reciente ataque  sufrido en uno de los supermercados pertenecientes a la familia de Antonella Roccuzzo, esposa del mejor jugador del mundo Lionel Messi, ha sacudido las telarañas que le tapaban la visión a las autoridades de seguridad federales.

Salió Aníbal Fernández con algunas explicaciones incomprensibles, porque esto que está ocurriendo, su "explosión y masividad", es obra de la ausencia total de una acción de las fuerzas de seguridad que planificadamente hubieran realizado las actividades  necesarias para ponerle un límite y comenzar seriamente a combatirlos.

Dijo el funcionario nacional: "venimos trabajando hace un año con todas las fuerzas para revertir una situación muy difícil, pero admitió que “los narcos han ganado” porque en Rosario esto “sucede hace 20 años”.

Si hay algo que realmente cuesta creer es que vinieron trabajando y que los narcos van ganando la batalla, no cabe ninguna duda. Solo deben contabilizarse los muertos que se han materializado en los últimos meses, objeto de las guerras intestinas narco en procura de marcar sus territorios. Hay una clara incompetencia en los sistemas de seguridad.

Los operativos del "cartel" rosarino, no son tan complejos. Comenzaron por los barrios más carenciados y se convirtieron en el "estado protector", les comenzó a solucionar sus problemas, le dio "trabajo", protección y aunque parezca una "novela de terror", se convirtieron en el gobierno, con sus políticas y normas de convivencia.

Uno escucha alguna de las versiones de habitantes rosarinos que dicen:"... ellos nos dieron trabajo y nos protegen, mientras cumplamos sus normas." Agregando la vecina de 90 años, de los cuales lleva 60 viviendo en un barrio suburbano:" esto hace muchos años se produce y ya nos hemos acostumbrado".

Una realidad, explicada con enorme simpleza. El vacío del  Estado lo llenaron los "narcos", bajo sus políticas de supervivencia. De qué sirven las palabras de Aníbal Fernández, titular de seguridad, que pretende disimular la falta total de una acción conjunta de las fuerzas de seguridad para combatir un flagelo que se ha llevado puesta una provincia y que amenaza seriamente con hacerlo en el conurbano bonaerense.

Las manifestaciones de los vecinos más afectados del gran Rosario disienten totalmente con lo que expresan los funcionarios, tanto provinciales como nacionales. Se sienten abandonados a su suerte y para salvaguardar sus vidas y las de sus familias se someten.

Nada más creíble que lo dicho por los vecinos, que realmente están muy preocupados y que no saben cómo seguirá su vida de aquí en más.

Sin certezas, una enorme incertidumbre porque están en un callejón sin salida. Irse no pueden y muchos se niegan a prestarse al manejo narco. Pretenden que el Estado provincial y nacional  les brinde la tranquilidad que necesitan para vivir y darle seguridades a sus familias.

Se requieren menos discursos y más hechos.

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