MARTES 20 de Febrero de 2024
 
 
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Otra vez caos y van...

En realidad no es posible aventurar hasta cuándo se extenderá la protesta social generando un estado confusional en toda la sociedad, pero fundamentalmente en la zona más afectada que es CABA.

El corte de las vías de acceso a la Capital Federal, sumado a las marchas que se producen desde diferentes puntos de ingreso, Puente Pueyrredón, Libertador, Rivadavia, por General Paz elegidos cuidadosamente para provocar el mayor número de inconvenientes posibles, producen notorios trastornos a los que pretenden llegar a sus lugares de trabajo.

Ninguna duda que al Estado nacional le cabe una enorme responsabilidad, en este proceso en el que se han roto todos los puentes de negociación y no se han procurado medidas tendientes a responder positivamente a muchos de los reclamos que hoy están realizando.

Creemos que algún corte había que darle a este desmanejo de una parte del tejido social, fracturado, producto de políticas que se han extendido en el tiempo y han provocado un quebranto que ya ‘sumergió’ a tres generaciones y apunta a realizar lo mismo con la cuarta.

Abuelos que no trabajaron, padres que imitaron y admitieron ser objetos comprables, hijos, hijas, nietos y nietas, que siguen el mismo camino. Vivir sin trabajar es la consigna. 

Y la acusación formal que hemos escuchado de varios interlocutores, indagados por los ‘movileros’ de la prensa nacional, sostienen: ‘Si me necesitan y utilizan, que me mantengan’.

Muchas veces lo hemos mencionado: se requieren políticas de Estado a largo plazo, inamovibles, que no estén sujetas al político o política de turno. 

Son una parte de la sociedad, a la que no les dieron las herramientas necesarias para alcanzar la dignidad de llevar la comida a la mesa hogareña y brindarles a sus hijos la posibilidad de estudiar y superarse en busca de un futuro mejor.

Alguna vez comentamos que nadie reparó en las corrientes migratorias que, de países limítrofes, buscaron a la Argentina, como el refugio que podía mejorar sus vidas. Hacia aquí vinieron, sin controles, fueron asentándose en el cordón bonaerense y conformaron los primeros asentamientos o villas de emergencia.

Eran uruguayos, paraguayos, bolivianos, en algún momento chilenos, después venezolanos, que encontraron un país con los brazos abiertos, pero que tenía fuertes limitaciones para responder a sus necesidades.

Nadie o muy pocos lo vieron. La mayoría encontró la metodología de ‘invisibilizarlos’ y someterlos a la prebenda política porque de indocumentados pasaron a ser extranjeros con documentos argentinos y votaban.

Este drama social, lo estamos pagando hoy. Junto con ellos surgieron los organizadores, punteros o como se pretenda identificarlos y comenzaron a usarlos en su propio beneficio, con el ‘verso’ de que luchaban para ellos.

Belliboni, Emilio Pérsico, ‘Chino’ Navarro, Daniel Menéndez, Juan Grabois , D’Elía, Rafael Klejzer, Fernanda Miño, Mariel Fernández, Juan Carlos Alderete y varios más. Algunos ‘encaramados’ en cargos del Estado, fueron la ‘piedra en el zapato’ para todos los funcionarios que debieron negociar con ellos en los últimos 20 años.

Hasta el presente, y en muy pocas oportunidades, se convino y consensuó una forma de recomponer el status de quienes, hoy, pueden ser considerados los marginados.

Pero la Argentina, mal que nos pese, está transitando por un escenario de anarquía generalizada, que resulta extremadamente difícil de ordenar, adecuadamente, comenzando por respetar el derecho del otro.

El gran interrogante es si se podrán establecer pautas de convivencia en este clima enrarecido donde nadie quiere ceder lo que presume son ‘derechos adquiridos’. Siendo que la norma de ninguna manera se ajusta a esta definición jurídica para quienes no tenían nada y solo fueron un medio para alcanzar un fin: en este caso el poder.

Amerita que las autoridades recapaciten, dejen de lado sus ambiciones y consensuadamente TODOS, procuren las políticas públicas que nos permitan comenzar a crecer.
 

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