MIÉRCOLES 28 de Febrero de 2024
 
 
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Obstinación: “A todo o nada”

Escuchar las afirmaciones del presidente Javier Milei y la reiteración que hacen en su entorno de aquellas propuestas que según su versión: “no son negociables”; llaman poderosamente la atención en tanto, no ofrecen ninguna posibilidad de alcanzar acuerdos y/o consensos.

Lo razonable sería que la pertinacia sostenida en “Ir por todo. O aceptan todo o nada” como una forma de imponer y condicionar a los distintos sectores del país no se supone lo más aconsejable y habla claramente de estar ante una persona -en este caso el Presidente de la Nación-, que pretende el poder absoluto.

La lógica de la política es tener presente que es “el arte de saber negociar”. Resulta extremadamente difícil -salvo que se ejerza un poder dictatorial- no aceptar que en torno a situaciones diferenciadas pueden existir distintos puntos de vista y que es necesario conciliar objetivos.

En el caso del fundador de La Libertad Avanza y en su “círculo rojo” integrado por, fundamentalmente la cabeza pensante -Karina Milei- a quien denominan “El Jefe”, secundada por Santiago Caputo, hoy un tanto desvalorizado, se dan las circunstancias de imponer su criterio, cueste lo que cueste.

No admitir que el error puede estar de un lado o de otro es propio de una enorme insensatez, que pone en riesgo la paz social. No aceptar que muchas de las propuestas gubernamentales, en el DNU y en el cúmulo que involucra el cumplimiento de la Ley Base para una Argentina Mejor, que cambia el paradigma sobre el cual se asentó la vida de los argentinos en los últimos 200 años, es creerse tocado, como él mismo lo expresa: “Por las fuerzas del Cielo”.

Sin lugar a dudas que hay hechos y sucesos que han sido motivo del profundo deterioro y quebranto socio-económico de un país que, en sus comienzos, se mostraba como la cabeza más importante de Sudamérica.

El error, no nos cabe duda, ha sido humano. El exceso de la ambición por detentar el poder y para lograrlo utilizar a los que han sometido mediante el mecanismo de la prebenda política, es una de las principales circunstancias que nos han llevado hasta la actualidad.

Es posible que en el marco de tanto desarreglo, debiera apelarse a medidas drásticas que pusieran fin a la utilización de la pobreza y la indigencia como el medio para alcanzar el fin propuesto.

Está claro que en las últimas décadas, la mayoría de los integrantes de la “clase política” se sintió atrapada en las redes del poder y para darle continuidad y permanecer utilizaron diferentes estrategias, que tenían -todas- una misma finalidad.

Cuando apareció en el escenario un personaje distinto que no solo hablaba marcando diferencias sustanciales con los políticos tradicionales, resultó atrayente. Planteaba un cambio y sostenía que esas variantes resultarían difíciles de transitar.

Para muchos fue la palabra del “Mesías”. Ofrecía cambiarles la vida y para ello apelaría a recursos extremos donde muchos quedarían en el “campo de batalla” que prometía sería muy duro de superar. Hablaba de 15, 20 y hasta 40 años para volver a considerarnos un país poderoso, con una ciudadanía fortalecida. Toda una utopía que muchos creyeron era factible.

El relato resultaba interesante y la vehemencia de su interlocutor compraba voluntades. Pero una gran mayoría lo eligió para alejarse de lo que hasta ese momento nos gobernaba; de las formas en cómo se realizaría el cambio no lo pensaron detenidamente.

¿Qué es el poder según Aristóteles? “Es el ejercicio de la dominación. La posición de poder consiste en el control de algún incentivo que oriente el comportamiento de los seres humanos en sociedad. El dominador, posee y ejercita el incentivo que le permite dominar”. Esto tiene mucho que ver con lo pretendido por Javier Milei y materializa su accionar.

En esta nueva forma de instrumentar la política, donde los hombres son fácilmente reemplazables y mucho más si sostienen criterios que resultan contrarios a los mandatos, nos coloca ante una nueva forma de ejercicio de un régimen político que, por la fuerza o violentando las instituciones, concentra todo el poder, para concretar sus ideas, reprimiendo los derechos humanos y las libertades individuales.

En esta disyuntiva nos estamos moviendo en la actualidad. El vocero presidencial dijo: “Tenemos un norte y este no se discute ni se negocia”. Más claro es imposible. El vamos por el todo o nada es una consigna que destruye el pensamiento individual, desconoce el consenso y está alejado de la sana convivencia.

Ya se han producido grietas internas dentro de los sectores que en algún momento aseguraron que apoyaban las decisiones de Javier Milei. Hoy no aceptan haber entregado un “cheque en blanco”, sino que entendían y estaban a favor de un cambio, pero consensuando las formas y analizando los posibles daños.

Nada está asegurado. Se sigue discutiendo el contenido y aceptación del DNU que ha sido cuestionado judicialmente en sus diferentes medidas y se mantienen las sesiones legislativas que procuran -hasta ahora negativamente- encontrar coincidencias para la Ley Base o ley ómnibus, que reformula una nueva Argentina.

Esta semana será para escuchar funcionarios y los planteos de los legisladores que están asistiendo al plenario de sesiones. Mientras el presidente se alejó del país rumbo a Davos, donde expondrá -se supone- qué propone para la Argentina del futuro.

Sin la presencia de Javier Milei y su círculo rojo es posible que nada se resuelva. La última palabra siempre la tiene el fundador de La Libertad Avanza, toda una gran incógnita.
 

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