JUEVES 22 de Enero de 2026
 
 
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No ser igual al otro...

Esto pareciera ser el objetivo del gobierno de Javier Milei, marcar diferencias con todo lo anterior para poder justificar el proceso de desregulación y la transformación del Estado que pregona desde que inició su mandato.

Primero fue el intento con la ley Bases original, que pretendía cambiar de un solo golpe legislativo más de 300 leyes y modificar estructuras autárquicas como el Inta, Inti, Conicet; transformar lo público en privado y sacar al Estado de circulación, disminuyendo su papel de organizador de la sociedad, otorgándole ese poder al “libre mercadismo”.
La reacción negativa era esperable y fundamentalmente basada en su extrema debilidad legislativa pudieron, los sectores que se oponían, a una transformación integral, generar un proceso de decantación que logró minimizar los efectos pretendidos y convertir en un intento frustrado el imponer de la noche a la mañana: lo negro en blanco.
No obstante, con habilidad destacable, pudo obtener el beneficio de las Facultades Delegadas por el término de un año, período que aprovechó para desmantelar el sistema universitario, atacar la salud a través del achicamiento del más importante centro de salud de Argentina, el Hospital Garrahan. Fue decididamente contra la Discapacidad, restándole recursos y -en aras de transparentar el funcionamiento y la atención- puso en riesgo la salud y atención de miles de discapacitados.
Fue frontalmente contra los Estados provinciales al minimizar, y en algunos casos sacar totalmente, recursos que recibían, producto de un marco coparticipable que permitía obra pública, mantener constante los programas de viviendas, achicó en su acción a Vialidad Nacional y por ende afectó al sistema en general dejando sin atención, desde hace dos años, las tarea que desarrollaban en el interior del país.
Mientras se ufanaban los libertarios, especialmente el grupo económico, que lograban tras muchos años de déficit tener Superávit Fiscal y llevar el déficit a cero, el país se hundía con más desempleo, más pobreza y miseria e indigencia. Desaparecía progresivamente la clase media y las diferencias sociales se hicieron muy marcadas. Todo tenía el claro fin de diferenciarse de los otros.
Hoy ese proceso se pretende acelerar. Fundamentalmente al haber logrado mayor respaldo de un sector de la sociedad que le permitió crecer en el poder legislativo, sustentado en el resultado de las elecciones intermedias, y así volver a insistir con parte de aquella original ley Bases, hoy mucho más agudizada y pretendiendo sentar los cimientos de un poder político que pretende se extienda a futuro.
Los mecanismos que está implementando el partido oficialista a través de sus representantes, tanto en la Cámara alta como en la baja, son del hecho consumado y al que no le guste no importa: a “llorar al baño”.
Una muestra fue la imposición de la senadora libertaria Patricia Bullrich, cuando en franca connivencia con la presidente del Senado, Victoria Villarruel, integraron la comisión de Trabajo y Previsión con quienes ellos querían, desconociendo los procedimientos que opera para esta circunstancia. A los empujones, la senadora libertaria impuso condiciones.
Una circunstancia similar a la acaecida en Diputados, donde se aprestan a dar tratamiento en el pleno legislativo al Presupuesto 2026, con un dictamen logrado por mayoría, sumamente cuestionado por los efectos negativos que se desprenden de su articulado.
En el Senado, la legisladora Patricia Bullrich, presidenta de la comisión, citó a los miembros designados para iniciar la deliberación en torno a la cuestionada ley de Reforma Laboral, que el gobierno señala como “modernización” de la citada norma, que ya es cuestionada por opositores, gremios en general y con pronunciamiento de la CGT en torno al texto de las modificaciones pretendidas.
Según expresan los libertarios, socios afines y los que se pintaron de “violeta” para seguir usufructuando las prerrogativas del poder político, los cambios que se pretenden instrumentar surgen para lograr la transformación integral del país y dejar atrás los “fracasos del kirchnerismo”.

Siempre pensando en los “otros”, que naturalmente no es la ciudadanía, sino la “casta maldita” que enfurece a Javier Milei.
Todo el andamiaje está sostenido en ese síndrome enfermizo de ver al que piensa diferente como el ejecutor de todas las políticas destructivas que han provocado los gobiernos anteriores.

Lamentablemente se olvidan -los libertarios- que llevan dos años de gobierno procurando materializar el “gran cambio”.
Diputados en una sesión “caliente” con posicionamientos claros que cuestionan alguno de los articulados del Presupuesto 2026, aunque los libertarios sostienen que ya tienen los votos para aprobarlo, suceso que podría darse muy avanzado el día, dada la cantidad de oradores que expondrán sus opiniones a favor y en contra.
En el Senado, Patricia Bullrich procura sacar dictamen de la Reforma Laboral, para que pueda ser tratada en la próxima plenaria. Una tarea que se ve seriamente dificultada por las numerosas expresiones que contradicen los contenidos que reformularían una legislación que tiene muchos años sin aggionarse y que procura restarle poder al sistema gremial y dar por terminado con la industria del juicio.
Dos batallas centrales que de prosperar, de acuerdo a lo pretendido por el oficialismo, reafirmarían el poder político logrado por Javier Milei y lo exitoso de los acuerdos establecidos por la mesa política libertaria.

 

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