JUEVES 29 de Enero de 2026
 
 
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Momentos difíciles...

Mientras una minoría disfruta del periodo vacacional hay un amplio porcentaje de la sociedad que está pensando cómo resolver su futuro y el de su familia.

Desde hace varios meses atrás que desde esta columna sostenemos que hay sectores del oficialismo aplaudiendo felices porque se están cumpliendo las metas fijadas por el libertarismo, mantener superávit fiscal y superávit cero, sin analizar que es a costa de las medidas instrumentadas a través del plan de desregulación y transformación del Estado ejecutado por el titular de la mencionada área, Federico Sturzenegger.

Celebraron como un éxito que el operativo de achique y eliminación de reparticiones del gobierno y autárquicas con presupuestos oficiales lograron ahorrarle al Estado casi 3 mil millones de pesos generados por haber prescindido de mas de 60 mil empleados públicos.

La realidad indica que para festejar nada y sí mucho para llorar. El desempleo aumenta considerablemente en tanto está limitada la inserción en los ámbitos privados dado que estos, por las circunstancias de una economía debilitada, han comenzado a tomar medidas de reducción de gastos a los efectos de poder mantener los equilibrios económicos empresarios, comerciales, industriales y textiles, procurando nivelar la balanza entre ingresos y egresos.

El Ministerio de Economía paga con dineros que generan más deuda y aumentan considerablemente los intereses futuros. Las reservas del Banco Central son números importantes que se dan a conocer, pero en realidad no sabemos a ciencia cierta si no es un manejo estratégico de datos que no responden a la realidad. Eso se desprende claramente de la mesura de los mercados que operan con extremo cuidado entendiendo que se está ante un sistema financiero incierto que no brinda seguridades.

La microeconomía sigue siendo el “talón de Aquiles” del gobierno del libertario-anarcocapitalista Javier Milei.

En franca decadencia, con mucha pobreza e indigencia a la vista que para nada son coincidentes con los datos que emite el Indec, ámbito que nunca ofreció seguridades en los informes, que responde a las necesidades que tienen los gobiernos de antes y también el de ahora, que opera para que la gente crea en una ficcionada y manejada forma de obtener porcentajes.

Nos habían prestado 20 millones en swap estadounidenses, gestión que había generado, por orden de Donald Trump, el secretario del Tesoro Scott Bessent para respaldar eleccionariamente al presidente Milei en el proceso de medio término realizado en octubre.

Concluidas las elecciones y logrado en parte el objetivo, ya ordenaron la devolución que se hizo íntegramente y que, según Bessent, le rindió muchísimos millones de dólares al pueblo americano. En realidad ellos ganaron, nosotros los argentinos perdimos.

Estas maquinaciones siniestras de una economía sometida a los vaivenes de un país convertido en el conductor de esta parte de sudamérica, ratifican el pensamiento de analistas políticos y económicos que transitan por la vereda de enfrente del libertarismo, ellos dicen que: nos hemos convertido en un país satélite que responde sumisamente a los deseos del “mandamás” republicano que está marcando las políticas futuras de América del Sur.

Venezuela ya es un Estado americano. Su hito productivo que le había dado el poder en centroamérica, el petróleo pesado, pasó a ser manejado por los EEUU respondiendo a los deseos de Donald Trump, quien ha sostenido con asombrosa claridad que “Hoy somos gobierno en Venezuela y el petróleo es nuestro ahora y por muchos años más”.

Lo leímos varias veces y escuchamos otras tantas sin salir de la sorpresa que nos despertaba el hecho de que el líder de uno de los países más poderosos del primer mundo se ufane diciendo quienes son sus “súbditos” y hacia donde apunta para generar el crecimiento y fortaleza del país americano.

Insistimos, nada para celebrar, mucho para lamentar y llorar.

Se sigue produciendo la expansión de los poderosos capitales que son ejes del mercado interno, situación que genera la entrega inevitable, por falta de posibilidades reales de competir, a quienes vienen a proponer negocios que solo amplían sus posibilidades empresario-comerciales.

Esta invasión se está produciendo en gran parte del país. Hay resignación en muchos sectores que aceptan emparentarse con los poderosos prestando el nombre para no generar reacciones adversas en comunidades que, con su esfuerzo personal, han contribuido a que fueran -en su momento- sólidos emprendimientos y hoy deben optar por ceder antes que desaparecer.

Esto tiene un costo humano que se comenzará a sentir en no muy largo tiempo. Ellos, los capitales inversores, tecnifican y modernizan, pero todo ese andamiaje que desembarca tiene un precio.

Todo indica que el futuro no es darle continuidad al desarrollo de lo existente, sino adaptarse al avance irreversible de quien tiene el poder económico, técnico y que puede prestar servicios bajo condiciones diferenciadas. Es el devenir del siglo XXI, la imperancia de la IA y el despertar, en esta parte del planeta, de las nuevas tecnologías.

Las sociedades están en un profundo cambio. Los niveles hasta ahora conocidos han comenzado a desaparecer y se fortalecen los que tienen, pueden y cada vez crecen más frente a un tejido social roto integrado por generaciones que superaron la modernidad y que hoy deben conformarse con lo poco que pueden lograr.

Estos son momentos cruciales propios del gran cambio que se está provocando. No verlo o pretender ignorarlo es no percibir ni entender la realidad. Poderosos que mandan, intermedios que soportan y los de abajo que están sometidos a obedecer.

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