MARTES 07 de Febrero de 2023
 
 
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Mirando lo que pisamos

Les comenté a los dueños de casa “A veces transitamos lugares, sin advertir su significación histórica”. Ellos viven en la calle Lartigau, de Junín, donde nos atendieron impecablemente.

Presidía el país José Figueroa Alcorta, cuando Juan Alberto Lartigau, quien le da el nombre a la calle, era secretario o asistente del coronel Ramón Falcón, jefe de la policía de la ciudad (hoy Policía Federal) y ambos resultaron muertos el 14 de noviembre de 1909 cuando una bomba arrojada al carruaje en el que viajaban, les estalló entre las piernas.

El carruaje era tirado por caballos y el hecho ocurrió a poco de salir del cementerio de la Recoleta al que Ramón Falcón concurriera para despedir a su amigo, el Director de la Penitenciaría Nacional.

Lartigau tenía entonces solo 20 años y su padre, militar de origen francés, le había pedido a Falcón que le diera ese cargo “para que se haga hombre...”. El joven Lartigau era el único varón de una familia de nueve hijos, había nacido en 1889 y vivía con su familia en la calle Paraná frente a la plaza Vicente López.

“¡Tengo una bomba para ustedes!”, dicen que les gritó el asesino al momento de arrojarla. El asesino resultó ser un joven de 18 años, ucraniano de Kiev y anarquista llamado Simón Radowitzky, quien había llegado al país poco tiempo antes.

Radowitzky fue detenido y no pudo ser condenado a muerte por ser menor de edad. Entonces lo confinaron a la cárcel del fin del mundo, en Tierra del Fuego, donde estuvo cautivo por veinte años, hasta que el presidente Yrigoyen lo indultó. Después se fue al Uruguay, de allí a España donde combatió del lado de los republicanos y murió finalmente en México.

Los anarquistas, los socialistas y otros obreros argentinos, se vengaron de Falcón y de paso de Lartigau, por la muerte de casi veinte trabajadores asesinados por la policía montada de Buenos Aires en la manifestación del primero de mayo de 1909.

Pues a veces, para conocer de historia, es bueno mirar donde pisamos. Si volviéramos a Junín, recordaríamos a Lartigau y de paso a María José y al Vasco Garcías (con ese al final), quienes tan bien nos obsequiaran en el club de rugby “Los Miuras” en cuyo equipo hace mucho tiempo el vasco se hiciera crack... la rodilla.

Por Hugo Ferrari - Especial para LA REFORMA

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