Algunos, los más memoriosos, podrán decir esta “película ya la vimos”. Son episodios que durante los últimos 42 años de regreso a la Democracia han representado sucesos relevantes que debilitaron políticamente a los gobiernos de turno e inclusive fueron motivos de renuncias anticipadas y el final de un ciclo, por caso, Fernando de la Rúa.
En otros escenarios similares quienes detentaban el cargo de vice presidentes se atrincheraron en el Congreso Nacional y desde allí forjaron parte de sus carreras políticas. El único que la desarticuló fue Carlos “Chacho” Álvarez, quien adelantó los tiempos y, si bien logró su objetivo de mostrarle al presidente radical de la Rúa que el gobierno no iba más, su futuro se acortó y su figura se diluyó con el tiempo.
Sin lugar a dudas la mejor acción estratégica que mostró las diferencias personales y hasta políticas la protagonizaron el riojano Carlos Menem y el bonaerense Eduardo Duhalde.
Primó la inteligente acción de ignorarse y no compartir sus funciones, inclusive se dio en varias oportunidades acefalía presidencial cuando el titular del ejecutivo se alejaba del país y el que debía reemplazarlo miraba para otro lado operando desde la sede del Congreso Nacional.
Hoy las desavenencias y diferencias profundas que separan a Javier Milei y a Victoria Villarruel hacen imposible que puedan darse posibilidades de acuerdos, o de establecer nexos negociadores para las cuestiones que realmente necesita el presidente y que requerirían de la actividad personal de la presidenta del Senado de la Nación.
Milei, si algo ha demostrado, entre otras facetas personales, es que no sabe “recular” y en las “curvas muy pronunciadas” acelera al máximo cuando a su alrededor están esperando otros gestos. Esto da la pauta de que la grieta resulta imposible de cerrar y para subsanar esa gestión legislativa de enlace con el Poder Ejecutivo tiene como emisarios a Martín Menem, hombre que responde a Karina Milei y Patricia Bullrrich, quien se ha convertido en parte de la mesa chica política que trata los temas del senado.
Surge un interrogante que procura encontrar una explicación al marcado enfrentamiento. Es indudable que hasta el momento están desarrollando su juego, mostrando Milei el poder de coartarle las posibilidades de aparecer como parte de la acción del Ejecutivo y Villarruel armando con extremado sigilo y prudencia su futuro político.
La presencia de la ex Demócrata, partido que abrazó y ocupó la titularidad del mismo desde el 2022, destacando su fortaleza en una derecha conservadora que tiene raíces en el marco de las fuerzas militares, la cual estaba integrada por las funciones familiares, deja en evidencia que tiene planificado inmente su futuro político, de continuarse, dando esta ausencia de oposiciones con respaldo y poder ciudadano.
Hasta este punto se señala las apetencias personales de ambos altos funcionarios. La figura presidencial que ya se siente el seguro ganador para cumplir un nuevo mandato a partir del 2027 y la vice presidente que procura captar un marco opositor, que hoy deambula sin conducción a la cual responder.
En este escenario, que podría llegar a constituir el frente contra el cual deberá confrontar eleccionariamente el libertario Javier Milei y La Libertad Avanza, partido que está consolidando a lo largo y ancho del país su hermana Karina Milei, se están dando circunstancias políticas pocas veces observadas en estos 42 años de advenimiento a la Democracia, tránsito iniciado por el radical Raúl Alfonsín. No hay enemigos fuertes.
Sin, por ahora, mostrar consistencia y fortaleza, el ex presidente Mauricio Macri intenta recomponer la fuerza por él liderada. Se ha quedado con los restos de un PRO desmembrado, cuyos principales alfiles buscaron posicionarse dentro del esquema armado por el libertarismo.
Otros que no definen -por el momento- su futuro, aunque están trabajando en ello, son los que pretenden recuperar las raíces que le dieron fortaleza nacional y en algún momento alcanzaron a ser gobierno: la Unión Cívica Radical, quien no pudo, no supo o no quiso formalizarse como un partido opositor manteniendo siempre la intención de aportar a la gobernabilidad, excediéndose en las negociaciones y dejando expuestas sus debilidades, que fueron hábilmente aprovechadas por el gobierno libertario.
Las estrategias “atomizantes” de Javier Milei surtieron efecto y lograron los objetivos buscados: hacer desaparecer las tradicionales líneas políticas y buscar en la renovación y el “gran cambio” un nuevo partido nacional que, en este caso, sería La Libertad Avanza, basado en la práctica de un liberalismo extremo que hoy tiene connotaciones similares en varios países de sudamérica, encontrando su mayor mentor en la figura del presidente estadounidense Donald Trump.
No se concretan nuevas opciones. Sí hay que reconocer que, desde distintos ámbitos del sector opositor, se están realizando ingentes esfuerzos por recuperar poder y contención en una sociedad que parece cada más inclinada a que se “vayan todos”, que a generar nuevos estamentos políticos aprovechando a las nuevas generaciones.
La lucha política por alcanzar el poder está en pleno apogeo. Sin lugar a equívocos hoy el libertario presidente Javier Milei, criticado en la misma proporción que es elogiado, lleva las ventajas de haber consolidado una fuerza política nacida de la nada.
Los restantes sectores que pueden considerarse compatibles con una disputa por el “Sillón de Rivadavia” en el 2027 siguen procurando salir del oscurantismo en el que están envueltos.
Faltan aún dos años y, en Argentina, ese tiempo es una eternidad que abre posibilidades para que hurguen en las nueva promesas generacionales y alcancen a levantar un candidato que logre penetrar en una sociedad que ya se manifestó por el cambio.
Ahora es cuestión de inteligencia, relegar egos y ambiciones personales, solo así podrán volver a reconstruir el poder perdido.



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