Si bien a esta altura es difícil analizar con demasiada certeza los niveles numéricos que arrojan conocidas encuestadoras y analistas políticos, todo estaría indicando que -más allá. de los posibles errores, el declive de imagen y política que muestra el presidente Javier Milei, se mantiene y, en muchos casos, aumenta.
Existe una profunda negatividad, que mucho tiene que ver con el quiebre social que
Lo insensato que parece ser mantener una confrontación abierta con el sistema universitario negándose a darle cumplimiento a una ley -que fue refrendada por el Congreso de
Sería una discusión “bizarra” deshilvanar quién tiene realmente la verdad y quiénes están jugando a la política destructiva. La realidad está en la calle, en los cientos de miles que marchan para que se cumplan las leyes y se le otorgue a las Universidades la posibilidad de mantener sus estructuras educativas.
Ayer se cumplió la multitudinaria marcha social y universitaria, contra el DNU 70/2023 y el reclamo por los fondos de la educación superior, buscando exigir la aplicación “inmediata” de la norma.
Estos aspectos cuestionados por un importante porcentaje de la sociedad están generando que el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de Javier Milei vuelva a caer un 1,94 puntos sobre 5 en septiembre de 2026, lo que representa su nivel más bajo desde el inicio de la presidencia, según los datos de
Se han elaborado determinados elementos y componentes que han generado la pérdida de confianza social. Son varios y en su mayoría tienen que ver con el deterioro económico-laboral de la familia argentina, sometida a los efectos de normas recesivas, disruptivas y normas desregulatorias que han achicado notoriamente el aparato estatal, generando desempleo al restarles recursos coparticipables a los sectores provinciales, situación que ha movido a la paralización de ámbitos industriales, empresarios y comerciales.
Hay un fuerte impacto al poder adquisitivo: Gran parte de la sociedad percibe que las medidas de ajuste económico generan un daño social severo y una caída sostenida en los ingresos familiares. Todo va en perjuicio del futuro político del presidente libertario que, pese a las manifestaciones de confianza, cada vez se aleja más de renovar su mandato en el 2027.
Existe rechazo en gran parte de la sociedad, siendo más notorio en quienes confiaron en el cambio, ante la aparición de una nueva “casta”. Las encuestas de firmas como Poliarquía señalan un incremento (del 11%) en la opinión pública que considera que “el actual gobierno se asemeja a las prácticas de la clase política tradicional que criticaba”.
Las dificultades cotidianas, la inflación percibida por encima de los índices oficiales y el malestar con la marcha de la economía real alimentan el pesimismo ciudadano, cada vez se alejan más de repetir con Milei y aparecieron los “ningunistas”, que están a la espera de nuevas opciones sin tener que reelegir experiencias pasadas.
Han aparecido una serie de factores que se manifiestan en la pérdida de confianza política. La tensión con gobernadores y aliados, las fricciones recurrentes con mandatarios provinciales y sectores dialoguistas, debilitaron la capacidad de negociación legislativa del oficialismo.
La inquietud en los mercados frente a la volatilidad financiera y la reacción rápida de inversores y bonistas ante los cambios de rumbo económico generan dudas sobre la sostenibilidad del modelo a mediano plazo.
Y un escenario electoral que marca una extrema polarización. Recientes sondeos han materializado un crecimiento del descontento y una paridad crítica en hipotéticos escenarios de segunda vuelta frente a opositores como Axel Kicillof, marcando los límites de la tolerancia del electorado. Todo esto en el marco de un esquema político que aún no está debidamente conformado y que no encuentra el camino indicado que señale “opciones reales”, que de ha conocer planes que detengan la caída del consumo, frene el desempleo y comience a poner límites ciertos a la pobreza y a la indigencia.
Escenarios muy controversiales donde todos juegan a ganador, cuando la realidad está indicando que hoy hay nombres, pero no firmes candidatos y, salvo la reiteración de las recetas del mileismo, nadie acerca un cambio que los contemple.



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