MIÉRCOLES 16 de Septiembre de 2026
 
 
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Milei ante un desafío...

El presidente libertario-anarcocapitalista Javier Milei ha salido a intentar consolidar un imaginario liderazgo en esta parte del mundo, buscando abrir el juego del poder hacia varios objetivos que pretende para erigirse en un orientador de la política liberal en Sudamérica y responder a las exigencias de su mentor, el presidente norteamericano Donald Trump.

Es indudable que el republicano que conduce las políticas expansionistas del país del norte -con el respaldo de ser uno de los poderosos del primer mundo- procura consolidar la hegemonía en el Atlántico Sur y, basado en los acuerdos geoestratégicos que logró con Argentina, tener acceso al poder y decisión sobre los recursos naturales de la Antártida.

Ya no existen relatos que una gran parte de la sociedad crea, dado que están plenamente convencidos de que el presidente Milei no solo se enfrenta con su espejo -igual que lo hacía en la novela, Dorian Grey, para ver realmente su verdadera intencionalidad-, sino que ahora -confiado en la fuerza “trumpista”- pretende sometimiento al “color azul” con el que pretende pintar los países del cono sur sudamericano.

Sin lugar a dudas que, por primera vez desde el advenimiento de la democracia, Argentina está en un callejón con escasas salidas y las que se vislumbran, por ahora, no ofrecen garantías para que el tejido social se recomponga y pueda lograr una recuperación que vuelva a colocarnos en el tándem de los emergentes con desarrollo creciente.

Esa “arremetida” del presidente Milei, tiene mucho que ver con una estudiada planificación tendiente a recomponer la deteriorada y muy debilitada figura del máximo dirigente libertario.

Hasta hace unos meses atrás, los encuestadores de diversos lugares del país señalaban diferencias claras que proyectaban a Milei con posibilidades ciertas de buscar un segundo mandato. Acuerdos logrados mediante asociados por conveniencia, gobernadores que, como fenicios, negociaban mejorar sus estados provinciales azotados por el recorte de recursos que impuso Milei a través de Federico Sturzenegger y su procedimiento desregulatorio y transformador del Estado.

Toda esa proyección comenzó a deteriorarse, a merced de los errores propios de quienes pensaron que la ausencia de opositores con fuerza popular les había dejado expedito el camino de mantener el poder un mandato más.

Pero nadie calculó que gran parte de la sociedad, incluidos los sectores que habían -con su voto- permitido la llegada de Milei y libertarios a la Casa Rosada, hoy estaban mirando su “metro cuadrado”, y la ausencia de los efectos que producirían las promesas que los animó al cambio y que no se cumplieron.

De esta manera aparecieron en las encuestas los denominados “ningunistas”, que no eran otros que aquellos que no volverían a repetir errores pasados, es decir, no a quienes ya habían gobernado y fracasado, pero tampoco al actual de Milei, a quien no volverían a votar. Eran los que pretendían otro cambio que les permitiera salir del tránsito a la pobreza en la que habían caído.

El profundo recorte de partidas, la eliminación de organismos descentralizados, pero dependientes del presupuesto nacional que se dedican a la investigación, por ejemplo CONICET, INTI, INTA, SENASA, entre otras, sumados a los achiques presupuestados en educación primaria, secundaria y universitaria, y en salud fueron elementos que comenzaron a generar inestabilidad social y dados los efectos nefastos que se producían sobre el empleo, provocó reacciones, muchas de las cuales se ven semanalmente en las calles, haciendo visible sus reclamos.

Estos factores desequilibrantes, que van a contramano de las expresiones oficialistas: “Vamos mejor”, “Mejoró el empleo”, “No hay cierres de empresas, a excepción de aquellas que no pueden competir frente a la ola de importación favorecida por la eliminación arancelaria”, generaron cansancio social ante los que dicen que ya hay menos pobres y se retrae la indigencia. Toda una película que ven solo los libertarios, pero la realidad muestra otra escena: la que se ve en calles, basurales, endeudamiento y morosidad de quienes no llegan a fin de mes con sus ingresos: aumenta y eso está oponiéndose a quienes pretenden volver al poder repitiendo recetas que resultaron paliativos, dado que hoy están peor que antes.

A ese desafío se enfrenta Javier Milei: convencer a los “ningunistas” de que las promesas se cumplirán. Hasta ahora el esfuerzo ha sido inútil y lo realizado solo ha señalado, con absoluta claridad, que al presidente libertario solo le interesa su futuro. Salió a defender su proyecto enarbolando la bandera de la lucha por Malvinas, según directivas impartidas por Donald Trump, de mala relación con el Reino Unido.

El “anuncio”, celebrado por sus adictos, sufrió un duro revés al conocerse que el presidente chileno José Antonio Kast decidió avanzar con el Reino Unido para la creación de una ruta marítima hacia las Islas Malvinas. Esta decisión se confirmó unas horas después de la reunión del líder chileno con Javier Milei en Santiago. Un revés al anuncio mileista en cadena nacional que se destinarían fondos para la instalación de una base armada generalizada en Ushuaia, desde donde se controlaría a las empresas que intenten extraer petróleo de la cuenca malvinera.

En síntesis, Javier Milei se encuentra ante un escenario que se plantea muy conflictivo y en el cual se deberá desenvolver solo, junto a su grupo, dado que el sector opositor ya comenzó a robustecer su posicionamiento contrario a los deseos del libertario.

Pocos creen en los anuncios del presidente. Se duda de un plan que no reviste la calidad de plan programado, sino que es fruto de la improvisación ante un futuro negro que enfrenta Milei.

Poca luz, como le gusta a Javier Milei, y ahora sin delinear un futuro es el escenario que enfrenta la sociedad o parte de ella. Nadie quiere -o muy pocos- acompañar al presidente en los “amañados” desafíos que comprometen el crecimiento y desarrollo del país.

Hay desafíos inalcanzables. Este puede ser uno de ellos.

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