LUNES 05 de Diciembre de 2022
 
 
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Los nuevos rumbos de la política

Venimos desde hace un tiempo preanunciando que se está produciendo en el mundo un cambio radical de los sistemas políticos. Esto infiere que las nuevas generaciones de votantes están optando por otras alternativas a las tradicionales de las últimas décadas.

Fue Boric en Chile, Gustavo Petro en Colombia, los movimientos europeos que están sacudiendo las estructuras que por años marcaron un rumbo en las actividades socioeconómicas y la más reciente Italia, en donde eligieron al gobierno más derechista en la historia de posguerra de su país, cuya figura central es Giorgia Meloni, quien asumirá el cargo de primera ministra.

Todas estas variables, tienen un profundo significado del cambio que en materia política y políticos se está produciendo. No es una sorpresa, eran muchos los entendidos en cuestiones de análisis internacional que advertían de una profunda variante.

Nosotros hemos venido sosteniendo, a través de nuestra entregas, que Argentina, está en ese proceso. Todavía no ha madurado totalmente, pero la ‘rebeldía’ manifiesta, de las nuevas generaciones, tiene un significado especial, en tanto están exigiendo, se los tenga en cuenta como fortaleza de los futuros gobiernos.

Ninguna duda que los líderes seguirán estando y los tradicionales conductores, deberán aggiornarse a ceder su experiencia a quienes necesariamente por una cuestión generacional deben comenzar a transformar los sistemas del manejo social y económico del país.

Se ha cuestionado -en reiteradas oportunidades- que no se evalúan acciones de Estado, que ofrezcan posibilidades ciertas de futuro y eso ha generado un masivo éxodo de jóvenes que han logrado formarse intelectualmente, pero al no tener oportunidades parten en busca de lograr sus objetivos en países del primer mundo.

Ya no interesa demasiado a qué partidos pertenecen, sino a la búsqueda de los mejores para encarar las reformas que el país necesita. Hoy por sus edades y capacitaciones no tienen techo y si algo se los impide son las viejas estructuras que pretenden hegemonizar el poder.

Nadie tiene asegurado el éxito de una gestión. Se abren las puertas de las oportunidades y se aportan las experiencias adquiridas que permiten evitar ‘tropezar con la misma piedra’ y reiterar los fracasos ya tenidos.

Los liberales se estremecen. El FDI tiene sus raíces en el neofascismo. En los discursos, Meloni critica a los inmigrantes ilegales y la ‘ideología progresista (woke)’.

A principios de este año, les dijo a los conservadores estadounidenses que ‘toda nuestra identidad está bajo ataque’, y acusó a la Unión Europea de ser cómplice del ‘reemplazo’ étnico. Es una manera de establecer nuevas reglas de juego.

Defiende y admira a Viktor Orban, el primer ministro populista de Hungría. El ascenso de Meloni seguiría el éxito de los demócratas de Suecia, convertido la semana pasada, en el segundo partido más grande de ese país, con una probable participación en el próximo gobierno.

Existe en el mundo una marcada tendencia hacia la extrema derecha nacionalista, cuya proyección ha colocado en lugares preponderantes a sus principales figuras en el continente europeo.

No podemos asegurar que los extremos puedan favorecer el cambio. Si estamos seguros que no se puede continuar con políticas retrógradas que alimenten conductores con poderes omnímodos, que se prolongan en el tiempo y transforman democracias en poco menos que ‘reinados hegemónicos’.

Seguimos pensando que ningún punto excesivo es satisfactorio. Lo ideal es la búsqueda de un marcado equilibrio que nos permita una sólida convivencia, donde los mejores sean los encargados de generar las políticas de Estado, que contemplen a toda la sociedad.

No es una tarea fácil y entendemos que no es lograble en el corto plazo. Lo importante es comenzar a darnos cuenta que el mundo está cambiando y de no acompañar esta tendencia, que se generaliza, seguiremos sin obtener posibilidades de crecer y mucho menos de aspirar a tener futuro.

Creemos que ha llegado el momento que revaloricemos lo que se ha logrado hasta ahora, pero entendamos que la transición está en marcha y que no debemos renegar de ella, sino adoptarla y reacomodar la sociedad y el tejido social a una transformación que se nos hace indispensable si queremos superar los inconvenientes de un presente que -hoy- no nos favorece.

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